Contra la basura de todo tipo, ciudades inteligentes

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domingo, 03 de febrero de 2019 · 00:08

Desde una perspectiva más estructural, la crisis del agua de 2016 y ahora la de la basura en la ciudad de La Paz son producto del modelo nacional desarrollista consumista que se manifiesta en un crecimiento urbano desordenado.

Debido a la bonanza externa, entre 2006 y 2017, el Producto Interno Bruto (PIB) de la construcción (8,6% en promedio) fue casi el doble del PIB de Bolivia (4,9% en promedio).  Es el modelo económico del proceso de cambio que supone que desarrollo es igual a más cemento. Es la modernización chuta que en La Paz impulsó un campeonato de fealdad en la construcción de edificios, cuyo ganador, sin duda alguna, es el Palacio de Evo.

En la actualidad, en Bolivia, cerca del 70% de la población vive en ciudades y en su mayoría trabaja en servicios, y comercio en el sector informal, en especial de La Paz.

Obviamente, con la rápida urbanización,  la demanda de servicios de educación, salud, saneamiento básico, agua, transporte y manejo de basura han aumentado significativamente. Nuestras ciudades, sin planificación urbana, crecieron guiadas por una mayor demanda por viviendas, la búsqueda de  lucro rápido de las constructoras, el crédito barato y la especulación inmobiliaria, y de tierras.

El crecimiento de las ciudades tampoco fue acompañado por políticas públicas que regulen y supervisen el desarrollo urbano, y regulen la provisión de servicios básicos, como se verificó en la crisis de la basura en La Paz. Y lo que es peor aún, tanto el modelo económico nacional como su manifestación urbana es altamente contaminador del medioambiente.

Como vamos, no es difícil prever que la próxima crisis, por ejemplo en la ciudad de La Paz, será del saneamiento básico. En populosos barrios paceños, centenas de casas, donde vivían familias de 10 integrantes, fueron reemplazadas por edificios para 400 o 500 personas. En breve las alcantarillas no abastecerán y navegaremos en caca.

Así mismo, los servicios de salud y educación son muy precarios y el transporte sigue caótico a pesar del  teleférico y PumaKatari. La tormenta perfecta se dio en el tema de la basura: Total falta de previsión, coordinación y planificación del tema a nivel nacional, departamental y municipal, una empresa irresponsable, un pésimo control municipal  y un manejo canalla de la política local que sacrificó a los ciudadanos.

Entre tanto, toda crisis es una oportunidad. Como lo demuestra la experiencia internacional,  el desarrollo contemporáneo es local y el centro de las políticas públicas deben ser las ciudades. Una de las oportunidades más interesantes en el mundo  son las reconversiones de urbes tradicionales en ciudades inteligentes en varios sentidos.

Inteligencia competitiva y económica. Aquí, el desafío es que la política pública y la acción privada promueven en el territorio el espíritu innovador en todas sus dimensiones. Cada ciudad buscará su diferenciador: el folklore, la cultura, la historia, la tecnología, las artes o sectores más tradicionales, como el turismo, la industria verde y la agricultura sostenible.

Inteligencia social. Aquí se desarrollan conceptos como: e-salud, e-cultura, e-educación, e-seguridad, entre otros, que traducidos en acciones públicas concretas mejoran cualitativamente la inclusión social e igualdad.

Inteligencia administrativa. Aquí las políticas públicas y acciones privadas van destinadas a mejorar la administración del Estado en todos sus niveles, promover la transparencia, el gobierno participativo e incluyente.

Inteligencia móvil y comunicacional. Esta dimensión tiene que ver con el transporte sostenible y ambientalmente responsable;  además, incluye la conectividad soportada por fibra óptica, redes de IP y accesos de bandas de alta velocidad.

Inteligencia medioambiental. El desarrollo local y urbano requiere de políticas ambientales transversales en el desarrollo inmobiliario, en infraestructura, energía, seguridad, transporte, redes de comunicación y otros sectores.

El tema del manejo de basura es una responsabilidad compartida de ciudadanos -que deben disminuir su huella de carbono–  y empresas que deben cuidar del medioambiente. Aquí suscribo todas las sugerencias hechas por Gabriela Keseberg en su artículo de Página Siete del 31/01 para una gestión responsable de la basura. Quisiera concentrarme en el rol de Estado emprendedor a nivel local en temas de gestión de basura desde la recolección y el transporte hasta su tratamiento.

 La recolección es un tema de operación y logística que debe bajar costos. Para eso existen ejemplos de recolectores de basura inteligentes que indican cuándo están llenos para que camiones, movidos a gas natural, los vacíen. Obviamente están los proyectos de reeducación en el manejo de desechos, tanto para familias como para empresas, pero también están las estrategias para generar empleos verdes. En Curitiba, por ejemplo,  la basura reciclada de plástico, papel y vidrio puede ser intercambiada por alimentos producidos por pequeñas empresas.

Finalmente, está el tema de la industrialización de la basura y la generación de energía, programa que debería estar en curso hace muchos años.

El tema de la basura y los servicios básicos en una bomba de tiempo en casi todas las ciudades de Bolivia y es una oportunidad para cambiar el modelo primario exportador consumista desde la base local. La construcción de capas de inteligencia de estos nuevos territorios es una tarea colectiva basada en la triple hélice: sector público, privado y academia.

 Las nuevas ciudades son los nuevos ecosistemas de un desarrollo inteligente, inclusivo y sustentable en el que no sólo importa la tasa de crecimiento del producto, sino también la dirección y la calidad de éste.

Gonzalo Chávez A. es economista.

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