Raíces y antenas

Bonos 4.0

domingo, 17 de marzo de 2019 · 00:08

Uno de los pilares centrales de la política social de los últimos años en Bolivia ha sido la entrega de bonos de manera directa a la población. Estos beneficios pueden ser clasificados de la siguiente manera:

Generación 1.0: el Bono Patriótico del periodo de la dictadura banzerista o el Segundo Aguinaldo del actual gobierno. Una entrega dinero a los trabajadores del sector público y privado con la justificativa de distribuir la bonanza económica alcanzada.

Los bonos 2.0: Bonosol, denominado Bolivida por el segundo gobierno de Banzer, y finalmente consolidado como Renta Dignidad por la administración Morales. Estos bonos han aumentado con el tiempo, en valor y tienen la virtud de ser universales.  En la actualidad más del 85% del bono se financia con la rentabilidad de YPFB y el restante con las ganancias de otras empresas y proyectos estatales.

Finalmente, están los bonos 3.0, técnicamente conocidos como transferencias de ingresos condicionadas (conditional cash transfer programs), cuyo pionero, en Bolivia, fue el Bono Esperanza, implementado por el Alcalde José Luis Paredes en el primer quinquenio del milenio.

A partir de 2006  se lanzaron el Bono Juancito Pinto y Juana Azurduy de Padilla. En estos casos, el Estado entrega recursos a la población (niños y mujeres) a cambio de asistencia escolar y atención de salud. Este tipo de beneficios se inició en México (Oportunidades) y Brasil (Bolsa Escola) en 1996 y después este tipo de bonos fueron ampliamente difundidos, y apoyados por el Banco Mundial en muchos países.

   Los impactos macroeconómicos y sobre tanto la disminución de la pobreza como la reducción de la desigualdad han sido ampliamente estudiados en Bolivia, y América Latina. El balance general es muy positivo. Contrariamente, el Segundo Aguinaldo, Bono 1.0, no fue evaluado. La sospecha es que si bien este tipo de bonos genera una mayor demanda agregada, los costos sobre las empresas y finanzas públicas son más elevados que el beneficio del impulso económico. 

Debido a su éxito, los bonos 2.0 y 3.0 se han convertido una política de Estado en Bolivia y en el mundo, y ciertamente serán mantenidos a futuro por cualquier gobierno que llegue al poder en el país. Sin embargo, el bono 1.0 tiene un carácter altamente político, requiere de ajustes estructurales que lo sintonicen con la realidad del sector productivo boliviano.

 Sus desafíos principales son: conectar su pago a mejoras en la productividad de los trabajadores y también darle un carácter sectorial. Sólo se paga en sectores económicos que hubiesen registrado tasas de crecimiento por encima del 4,5%.  Otro desafío es hacer una medición más precisa y cuidadosa del desempeño del PIB y, claro, de la productividad.

Pero tal vez el reto más importante a futuro es preguntarse si es factible realizar mejoras  cualitativas y cuantitativas de la renta universal, y las transferencias condicionadas (Bonos 2.0 y 3.0). De manera más genérica: ¿Es posible una generación 4.0 de estos bonos?

Los desafíos están en primer lugar en la sostenibilidad financiera de los bonos. Muchos de ellos fueron impulsados en momentos de bonanza, cuando había arcas públicas llenas. Garantizar financiamiento seguro y de largo plazo es fundamental.

Un otro reto importante es explorar la posibilidad de que los bonos 4.0 tengan condicionalidades e impactos no sólo de cobertura, sino en temas de creatividad, innovación y  emprendimiento. Por ejemplo, las niñas pueden ahorrar sus bonos e invertirlos en cursos técnicos (codificación), así activarían fondos de contrapartida del Estado. Si la niña, en vez de comprar útiles escolares con su bono, decide hacer un curso técnico, el Gobierno le paga tres otros cursos en la misma área. 

 Así mismo, ver los mecanismos para que los bonos 4.0  puedan ayudar a mejorar la calidad de los servicios de educación y salud, y no sólo la cobertura.

En la dimensión de la gestión de los bonos 4.0,  las madres juegan un rol fundamental, por lo que debían ser empoderadas. En el tema de la calidad educativa, los padres y otros actores del aprendizaje también desempeñan un papel clave para optimizar la permanencia escolar. Así mismo, es importante la creación de incentivos para el mejor desempeño de los estudiantes.

También existen desafíos de orden gerencial y operativo.  Contar con mejores sistemas de información y evaluación de los programas, y, por supuesto, caminar hacia una mayor digitalización en la gestión y entrega de los bonos. En especial, un reto complejo que es el pago de la Renta Dignidad de manera electrónica. Una experiencia que había que explorar es el pago a través de billeteras electrónicas.

Otra tarea fundamental es reducir el carácter paternalista de los bonos y su uso político. Los bonos 4.0 deberían ser gestionados también a nivel local con una amplia participación de los actores de la salud y la educación, en especial en la gestión de la oferta. Por lo que se necesitan políticas sociales y económicas complementarias.

Los bonos nos acompañarán por un buen tiempo, pero a largo plazo la lucha contra la pobreza debe basarse en el desarrollo de las capacidades de las personas para que ellas puedan convertir sus derechos en libertades reales, de ser o hacer algo por su propia voluntad (Amartya Sen) y esto se logra haciendo del empleo la mejor política social, y proveyendo servicios básicos de calidad como un derecho humano y no un favor del Estado.

Gonzalo Chávez A. es economista.

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