Raíces y antenas

De Canastas, canastillas y otros sacacanas

domingo, 14 de abril de 2019 · 00:09

Una ambigua declaración del Ministro de Economía y Finanzas ha desatado una ola de debates, indignación de amos y amas de casa,  y una amazonia de mofa y buen humor. Según los dueños del poder, con 100 bolivianos  se compra una canasta familiar para una familia de cuatro personas.

 Sin duda, una afirmación fuerte y también misteriosa.  ¿Frente a qué tipo de fenómeno estamos? El menú de explicaciones es variado: puede tratarse de un evento de disonancia cognitiva, también conocida como la teoría del autoengaño.  En este caso se comienza a ver la realidad a partir de las creencias propias que suplantan a la realidad de los hechos. Lo que veo es lo que yo creo que es y no lo que es en realidad.

Una otra opción es la ceguera ideológica. El fanatismo político nubla la razón y los datos deben curvarse frente a los ideales. Se tortura la información para que se ponga al servicio de la causa. Como dijo Octavio Paz: “La ceguera biológica impide ver y la ceguera ideológica impide pensar”.

Una otra explicación es que nuestras autoridades están en sus altas torres azules del poder, alejados del día a día de la gente.  Nunca más fueron a un mercado a hacer compritas. A rigor puede que sean coherentes con la ideología que defienden. No creen en los mercados como mecanismo de asignación de recursos escasos, menos aún los visitan. ¡Wucala Adam Smith!  Eso de saber  los precios de los zapallos o el papel higiénico es de pequeñoburgueses. 

Finalmente está la hipótesis de la conspiración,  pretexto muy usado por el Gobierno en situaciones como la que comentamos. Una vez más fueron ciertos fariseos travestidos de periodistas que tergiversaron las declaraciones. Son los medios mentirosos que le hicieron decir lo que no dijo y, cuando no, los benditos opinadores neoliberales que, como víboras ponzoñosas, soltaron su veneno antipatria, haciendo leña del árbol caído. El oráculo fue mal interpretado de manera maliciosa.    

Bueno,  también se podría decir que el Ministro no fue prudente, la lengua fue más veloz que su cerebro, no siguió la clásica recomendación de introducción a las finanzas: no colocar los huevos en la misma canasta. Tomó muchos riesgos. Pero bueno, no hay mal que por bien no venga. La polémica declaración nos permite hacer reflexiones sobre lo que se puede o no hacer con 100 luquitas y también debatir sobre las diferentes tipos de canastas familiares que existen en el país.

  Por ejemplo, con 100 bolivianos se puede comer a la carta. El que saque “As” come y el resto ve. Con 100 bolivianos se puede comprar una dosis, de dos dedos en posición horizontal, de un Juanito Caminador etiqueta azul, el traguito de la revolución. Con 100 bolivianos también se puede comprar 14 dólares aproximadamente, en la Camacho Street  y enviar los morlacos a un hermano, y compañero en Venezuela. Allá con seguridad se podría comprar varias canastas familiares.

Con 100 pesitos no se alimenta al lobo feroz y encima se hace enojar  la Caperucita Roja, quien amenaza con demandar al Gobierno azul por uso indebido de su canastita.

Por supuesto que con 100 bolivianos no puede comprar una canasta familiar para una semana y cuatro personas. La Fundación Jubileo sostiene que una persona necesita de 405 bolivianos  al mes  sólo  para alimentos. O sea 1.620 para una familia de cuatro miembros. Veamos el detalle: panzonas y coquetas marraquetas, carnes de vacas relajadas y pollos pechudos. Una truchita rosada de alegría. Aceites para freír los huérfanos, leche para que a uno no le duelan los huesos, rojos tomates, zanahorias atrevidas, lechugas crespas de felicidad, rabanitos de alma blanca, unos mochinchis, unas papitas imillas y yuquita durita.

Buenos plátanos yungueños, naranjas piel canela, papayas frescas y  una que otra manzana. Azúcar para endulzar la vida, tecito para la media tarde y todos los condimentos de la vida.  Aquí falta luz, agua, teléfono, internet. Así mismo vestimenta, productos de higiene personal, transporte, y otros. Así 100 bolivianos para la canasta familiar el día del huiro.

Ahora bien, puede existir otro tipo de canastas. Canasta tipo de neoliberal vendepatria. Por supuesto ésta incluye cremas faciales gringas, champú de placenta de delfines bebé y açai amazónico, papel higiénico perfumado y revestidos aloe vera ruso,  hamburguesas gourmet de carne kobe, joyas Tiffany, maletas Tumi, celulares de tres cámaras y otros lujitos.

Canasta tipo de un neorrevolucionario. No puede faltar un vino barato para la guitarreada, sombreros ecuatorianos de ala ancha para parecer originario colonial, una chuspa tarabuqueña con hojitas de coca, una edición de bolsillo de El capital, periódico Cambio multiuso, papel higiénico tipo serpentina, jabón Patria para cacorarse las partes. Ah, eso sí, un etiqueta azul autografiado por los Kjarkas. Y, por supuesto, un Lamborghini de segunda mano y modestos viajecitos a países exóticos en avión privado. 

Para el cierre, un desafío de aritmética revolucionaria. Si tres por nueve es igual a 180, ¿cuántas canastas familiares gubernamentales se puede  comprar con 180 lucas? El ganador gana una participación en la próxima película de Neurona, cuyo título, según rumores no confirmados, será: Back to reality  o Volviendo a la realidad.

Gonzalo Chávez A. es economista.

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