Raíces y Antenas

¿Crecimiento 4,22% o 4,61%? Me es inverosímil

domingo, 28 de abril de 2019 · 00:13

El Instituto Nacional de Estadística (INE) ha publicado los datos del crecimiento económico anual para 2018. El año pasado, el Producto Interno Bruto creció al 4,22%, casi igual que en 2017, cuando el producto fue 4,20%. El incremento fue de 0,02%. La economía se desacelera. Estamos “cuesta abajo en la roda”, sin prisa pero sin pausa. En 2013 se alcanzó el cenit, cuando el PIB llegó a 6,8%. En la época los precios del gas, los minerales y la soya estaban en los cielos. Posteriormente, se deterioró el sector externo y comenzamos a bajar: 5,46% en  2014; 4,86% en 2015; 4,26% en 2016; 4,20% en 2017 y 4,22% en 2018. 

Por supuesto, la PIBocracia niega que el crecimiento económico sea cada vez más lento. Construye las hipérboles ideológicas para camuflar este hecho. No es una desaceleración, afirman  los corifeos del poder, contrariando la aritmética elemental. A la voz de “fuera manos, trabaja vista”, sostienen que la contracción se concentra en actividades vinculadas al sector externo.

El PIB del petróleo crudo y gas natural cayeron en -7,82% en 2018, pero los sectores económicos vinculados al mercado local crecen. Las actividades de buen desempeño son: agropecuaria (6,91%), servicios de la administración pública (6,78%) e industria manufacturera (5,52%). Por lo tanto, la desaceleración es solamente en la producción del sector externo.

El producto doméstico goza de buena salud.  De repente se descubre que el sector petrolero es una isla en medio de Bolivia y no tiene ninguna ramificación interna. Con este razonamiento ni siquiera deberían pagar impuestos. Nada por aquí nada por allá. Es la contabilidad nacional creativa que usa de la prestidigitación para ocultar el obvio deterioro del producto. 

Por supuesto, desaceleración del PIB no es igual a recesión, lo que significa es que antes el automóvil de la economía viajaba a 70 Km por hora, ahora lo hace sólo a 40.   

En democracia, el    resultado del PIB no puede convertirse en un culto religioso. Las preguntas incómodas del debate son: ¿en estos nuevos tiempos, 4,22 es mayor que 6,80? ¿Estamos torturando los datos para digan la luminosa verdad del proceso de cambio? ¿Qué implicaciones futuras para el PIB tiene el fuerte deterioro de las variables macroeconómicas? ¿Es justo para las empresas, que pagan el segundo aguinaldo, usar un año que va de junio a junio? 

Veamos los detalles del crecimiento de  2018. Hay dudas razonables de  que el sector agropecuario haya crecido cercano al 7%; muchas empresas del sector han mostrado, más bien, preocupación por los problemas de producción que se presentaron este año. Asimismo, es sujeto de mucho debate si se debe incluir los servicios de la administración pública en la medición del PIB que, dígase de paso, creció a 6,78% en 2018. 

Cabe recordar  que las actividades del Gobierno (excluyendo empresas estatales) son servicios intermedios que se contabilizan por lo que insumen y no por lo que producen.  Además, los servicios públicos no pasan por el mercado y no tienen precios, contrariamente al resto de sectores que entran a la medición del producto. Así que la tasa de crecimiento de los servicios públicos debe tomarse con cautela. La industria manufacturera creció al 5,52% y dentro de esta categoría el ítem Otras industrias salto de 1,9% en  20177 a 23,4% en 2018. 

¿Esto fue la úrea? O, ¿qué fue este milagro?  Finalmente, sobre el tema de los datos de 2018, cabe señalar que el sector construcción tan sólo creció al 3,5%, cuando en los últimos años estuvo creciendo por encima del promedio e, inclusive, llegó a ser el doble. Recordemos que el sector construcción es un gran empleador y propagador de la demanda interna.

Ahora bien, el keynesianismo de guitarreada el Gobierno, este que le mete nomás al gasto y la inversión pública, no considera los costos intergeneracionales de sustentar el producto con criterios políticos. La desaceleración del crecimiento económico de los últimos cinco años se da en el momento en que más aumenta la inversión pública,  de algo como 3,781 millones de dólares en 2013, a cerca de 6.000 millones de dólares en 2018. 

!Uta! ¿Qué pasa pues? ¡Cuanto más plata se mete a la economía menos crecemos, 6, 5 y 4! La fuerte inversión pública sirve para atenuar la caída del PIB, pero tiene una rentabilidad cada vez más baja y no compensa la caída del sector externo. Además, se tiene un enorme costo financiero: cinco años de déficit público, cuatro años de déficit comercial, pérdida de reservas internacionales por 6.000 millones de dólares e incrementó de la deuda externa a más de 19.000 millones de dólares, algo así como el 24 % del PIB. 

El crecimiento del PIB, en 2018, fue de 4,22 %. !Bingo, los pescamos malversando los fondos! Pagaron el segundo aguinaldo cuando no se llegó a la cifra de 4,5%. No tan rápido, cara pálida opositor. Los amigos del poder son maestros en la cachaña de las estadísticas. Resulta que el año para el cálculo del PIB que gatilla este pago, según el Decreto Supremo 1804, va de junio a junio. En efecto, entre mitad de 2017 y el primer semestre de 2018, el crecimiento del producto fue de 4,6%. 

Pero las empresas dirán: nuestra gestión es de enero a diciembre y esta forma de dividir del año, de junio a junio, nos parte la espina dorsal del flujo financiero. Pues, ni modo, esto ocurre cuando los políticos se hacen cargo de los números. ¿Crecimiento: 4,22% o 4,61? Me es inverosímil, responden.  

Gonzalo Chávez A. es economista.
 

Confidencial

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