Raíces y antenas

Desarrollo inteligente vs. teología extractivista

domingo, 07 de abril de 2019 · 00:12

Primera escena: la nomenclatura del poder se contempla frente al espejo macroeconómico y repite el mantra del supuesto éxito económico basado en el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) y mejoras en los indicadores de pobreza medidos en términos de ingresos. Se sienten lindos, maravillosos y únicos impulsando el viejo modelo extractivista fuertemente basado en el sector comercial. Dicen haber descubierto el plus ultra del saber económico. Decretan el fin de la historia y convierten el modelo económico en teología. La PIBocracia lustra el espejo con la propaganda y fomentan el fanatismo ideológico.  

Segunda escena: buena parte de la población detrás del espejo mira sorprendida y asustada a los pavos reales-sacerdotes del poder. Reconoce algunos avances pero sabe que en los últimos 13 años hubo una extraña combinación de superávit de dinero con escasez de ideas  y horizontes. Sabe que desarrollo no es sólo crecimiento del PIB y no entienden cómo se puede hablar de menos pobreza con servicios de salud, educación y alcantarillado de muy baja calidad, y cuyos indicadores aún nos sitúan en los puestos más bajos de los rankings sociales internacionales. 

La población sabe que se puede aspirar a mucho más en términos de dirección y calidad de la tasa de crecimiento del producto. Sabe que hay vida detrás del espejo y que ésta es muy interesante, y desafiante. Buena parte de la gente sabe que es posible un desarrollo inteligente y que es posible superar lo que Gudynas llama la teología extractivista. 

El desarrollo inteligente se basa en el recurso más valioso de la sociedad: las personas, el capital humano que es fuente inagotable de ideas y que, a su vez, son el origen de la creatividad, la innovación  tecnológica, el emprendimiento, la productividad y la riqueza. El crecimiento basado tan sólo en la explotación de recursos naturales es insostenible y mata el planeta. El desarrollo sustentado en las personas y sus ideas es infinito, y respeta  a  la naturaleza. 

En la actualidad, el desarrollo inteligente tiene su manifestación más desafiante en cuatro tipos de economías, que no siendo las únicas son complementarias: la economía del conocimiento, la economía creativa, la economía verde y la economía circular. El desarrollo inteligente es la forma contemporánea de promover la prosperidad inclusiva  y respetuosa del medioambiente.

La economía del conocimiento utiliza ideas aplicadas a la producción de diversos tipos de productos y servicios para generar valor para la sociedad.  Este tipo de economía es la base de la industrialización 4.0, que es un proceso que construye un nuevo tejido que mezcla lo productivo, tecnológico y cibernético. También reinventa las industrias tradicionales a base de nuevas tecnologías. La economía del conocimiento se sustenta en el capital humano y sus ideas, y es uno de los vectores del desarrollo inteligente. 

La economía creativa es el uso productivo de la acumulación de ideas en la sociedad. Valoriza lo intangible de un pueblo: su cultura, historia, literatura, gastronomía, patrimonio, legado arquitectónico, creatividad y solidaridad social. Ejemplos de economía creativa son: ciudades que viven de la poesía, como Paratí, en Brasil; de la historia de las brujas, en Salem, Estados Unidos; de la gastronomía, como Lima; de la innovación tecnológica, como el Valle del Silicón o Bangalore; de la moda, como San Pablo;  y del diseño y la arquitectura, en Bilbao.

Una economía creativa puede estar vinculada a la ciencia, a la tecnología, al arte, los medios de comunicación, al turismo, al medioambiente, al entretenimiento, al activismo social, etcétera. En suma, la economía creativa agrupa actividades basadas en ideas e intangibles culturales para generar valor para la sociedad, es uno de los motores del desarrollo inteligente. 

El desarrollo si no respeta a la naturaleza no es desarrollo. Por lo tanto, el desafío es construir una economía sustentable, una economía verde, una economía diversificada y productiva respetuosa de los ecosistemas. Por lo tanto, la economía verde es la forma de  desarrollar la inteligencia ecológica de la sociedad reduciendo y eliminando los impactos ambientales, reciclando  y reaprovechando bienes y servicios, para así impulsar un desarrollo sustentable. 

Íntimamente conectada con la economía verde, está la economía circular que rompe los modelos lineales de diseño, producción, consumo y desperdicio de prendas de vestir, plásticos, productos electrónicos y otros bienes. Este modelo de producción genera “más de 2.000  millones de toneladas de desechos sólidos, aproximadamente cinco veces el peso total de todas las personas en el planeta”. Un modelo circular se basa en la optimización de uso y extensión de vida de bienes durables.

 Por ejemplo, piense en lavadoras, heladeras y otros electrodomésticos. La producción lineal establece un uso de dos a cinco años, pero estos bienes, en el marco de una economía circular, debían durar 50 años o más. Por lo tanto,  el modelo de negocio de empresas circulares está en el reuso de piezas, reutilización de material, el ecodiseño y el alquiler de máquinas. Un otro aspecto de la economía circular  está relacionado con la funcionalidad, reuso, reparación, remanufactura y valorización  de productos que tengan  cero impacto ambiental. 

La economía circular promueve la innovación y la resiliencia a largo plazo, permitiendo así el desarrollo inteligente. Es hora de dejar el reflejo narciso de la economía extractivista y pasar al otro lado del espejo, que nos presenta un horizonte de transformación estructural a  base de la creatividad e innovación de la gente; es decir, que apuesta al desarrollo inteligente. 

 

Gonzalo Chávez A. es economista.

 

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