Raíces y antenas

Del Estado de bienestar al Estado de innovación

domingo, 19 de mayo de 2019 · 00:08

Uno de los desafíos centrales de la sociedad boliviana es superar el modelo económico extractivista. Este que cree que la riqueza y el bienestar sólo está en la explotación de los recursos naturales. El modelo que piensa que la política pública debe girar en torno a la privatización o estatización de las materias primas. Cabe recordar que el modelo extractivista, que ahora adquirió un carácter mesiánico y religioso, crea una relación de dependencia entre la sociedad y un Estado paternalista. El año 2025 se cumplirán 200 años de este modelo.

El modelo extractivista se basa en la economía de los recursos naturales y en los servicios de baja productividad. Además, apuesta a la gestión lineal de la producción, el intensivo de mano de obra poco calificada y destroza el medioambiente. El modelo, también conocido como primario exportador, produce un tipo de Estado que pretende impulsar el bienestar social, pero que en la práctica crea clientelas, a las cuales somete de manera paternalista. El populismo es la versión política que mejor  gestiona el extractivismo.

El reto de las nuevas generaciones es promover la sustitución de una economía primaria exportadora, basada en los recursos naturales, a un modelo de desarrollo basado en la economía creativa, la economía circular, la economía colaborativa, la economía verde, para mencionar tan sólo  las más interesante formas de organizar el consumo y la producción. Asimismo, el Estado de bienestar trucho debe dar lugar  a un Estado de innovación.

El Estado de bienestar en las economías capitalistas avanzadas tuvo como objetivo crear redes de protección social, sistemas de seguridad públicos y mecanismos de distribución del ingreso. Su actividad se concretó en atenuar los efectos negativos del capitalismo.  En países de vías de desarrollo, como el nuestro, se desarrollaron parcialmente sistemas de protección, pero, sobre todo, el Estado creó un capitalismo de camarilla depredador y muchas veces corrupto, el cual favoreció a grupos privados corporativizados; algunas veces, empresas, otras, sindicatos.

Según Dani Rodrik: “Un Estado de innovación se centraría en transformar  a  toda  la  nación,  incluidos los trabajadores, en participantes directos del proceso de innovación tecnológica  que  se  está  produciendo  a  un  ritmo cada vez más acelerado”.  Un Estado de innovación trabaja con el sector privado siendo socio en emprendimientos de innovación y tecnología, y con la sociedad civil para promover innovación social, para así reforzar los tejidos comunitarios, potenciando el capital social y ampliando tanto el desarrollo local como la participación ciudadana.

Un Estado de innovación promueve la generación de riqueza a través del uso de las ideas, el patrimonio, la cultura, la arquitectura, la naturaleza, la gastronomía, la historia, la tecnología, entre otros. Quiere decir que se apoya en lo que se conoce como economía creativa, que es una de las mejores oportunidades para superar el extractivismo teocrático que ahora nos gobierna. 

Asimismo, el Estado de innovación, que substituye el Estado paternalista, se completa con otra forma de organización del consumo y la producción: la economía colaborativa, práctica muy presente en las relaciones económicas y sociales en Bolivia, especialmente en el área rural. Pero el compartir bienes y servicios se ha ampliado con las innovaciones tecnológicas, y la digitalización de muchas actividades.

En la actualidad, personas, grupos y empresas interactúan de manera más amplia y dinámica. Los ejemplos nuevos de economía colaborativa son muchos. A través de plataformas digitales, millones de usuarios comparten información, casas, alojamientos, servicios de taxi, diferentes tipos de microcrédito, viajes, herramientas, ayuda para el hogar y muchos otros servicios y productos. Está práctica también se conoce como economía solidaria, que surge como producto de la reconstrucción y ampliación de  la confianza, y el capital social que ahora han adquirido una dimensión digital. En la actualidad el capital social está cooptado por el Gobierno.

La economía de los recursos naturales es depredadora del medioambiente y se maneja en la lógica lineal: tomar, hacer, desechar. Consume de manera ineficiente grandes cantidad de energía y está matando el planeta. Frente a esta manera de entender el ciclo del consumo y la producción está la economía circular que  propone un cambio radical basado en el diseño de productos amigables con el medioambiente (ecodiseño); la economía de la funcionalidad, reúso, reparación, remanufactura y valorización de productos.

En suma, propone cambiar la cultura y práctica del desperdicio por una economía de la innovación, la resiliencia y el reúso. Aquí están las oportunidades de una diversificación productiva diferente.

Estrechamente relacionada con la economía circular está la economía verde. Cero emisión de carbono sobre la base de un proceso de diversificación e industrialización verde y una revolución en los servicios.

En suma, las economías creativas, colaborativa, circular y verde tienen varias cosas en común; además de la posibilidad de sustituir a la economía de los recursos naturales, valorizan la participación ciudadana, tienen base de acción local, reconstruyen el tejido social, empoderan a la sociedad, generan empleo y emprendimiento de calidad y se basan en la innovación tecnológica.

Más aún, estas economías establecen una relación virtuosa, no prebendal, con el Estado sobre la base de la complementariedad en innovación y solidaridad.

Gonzalo Chávez A. es economista.

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