Raíces y antenas

¡A cascarle! De algo hay que morir

domingo, 05 de mayo de 2019 · 00:12

Como previsto, la artillería de la propaganda electoral del Gobierno está centrada en mostrar los logros económicos y sociales. Afirman que ellos son únicos garantes de la  estabilidad financiera y la continuidad del crecimiento del producto. Sostienen que todo va bien, que no hay ningún atisbo de crisis, que ésta es inventada y anunciada hace años por los opinadores, opositores  y otras hierbas del pantano neoliberal. Por supuesto, los dueños del poder entienden crisis como sinónimo de hecatombe económica y desastre social terminal. Ahora gozamos de salud infinita.    

Permítanme, en esta oportunidad, hacer una analogía médica para analizar la situación económica del país desde una perspectiva alternativa al fanatismo de la secta del proceso de cambio, que ve el futuro luminoso y el mundo en blanco, y negro muy acorde con el momento electoral. 

Una persona va al médico y presenta los siguientes problemas: tiene una fiebre muy alta de 40 grados; dolor agudo en el abdomen, que después de una tomografía se ve que es un cáncer que hizo metástasis. Además,  tiene una hemorragia interna severa, la presión está muy alta, los riñones han dejado de funcionar y tiene los pulmones comprometidos por años de fumador compulsivo. Respira tan sólo con un 20% de ellos. 

  Después de un exhaustivo análisis, muchas pruebas y exámenes, los galenos concluyen que el paciente está al borde de la tumba. Recomiendan la extremaunción y serena resignación a la familia. 

Pasando al mundo económico, esto equivaldría a una crisis económica brutal en la que hay hiperinflación, recesión económica,  desempleo galopante, desabastecimiento de alimentos, convulsión social y política, especulación con el tipo de cambio e incremento de la pobreza. La economía al borde de la muerte y un Estado fallido.  En pocas palabras, con estas dolencias económicas nos encontraríamos en 1984 en Bolivia, o en los últimos cinco años en Venezuela.  Es decir, una crisis económica y social en su etapa terminal. 

La economía nacional está muy lejos de la situación descrita pero tampoco estamos en el paraíso.  Una gestión responsable de la economía no debía esperar estar al pie del cadalso para actuar. Tanto una crisis de salud de una persona, como de una economía, primero presenta síntomas de diversa índole, que diagnosticados a tiempo y corregidos con prontitud, y precisión pueden convertirse en una oportunidad para mejorar la salud y para transformar estructuralmente la economía y sociedad. 

Una otra persona de apariencia lozana va al médico. Se la ve feliz aunque algo subido de peso. Su primera batería de exámenes presentan varios indicadores fuera de los parámetros estándares. La presión arterial está alta (150/95), los cachetitos están de un rojo tomate pellizcable. El perímetro abdominal es de 150 centímetros, hecho que hizo que los amigos lo llamen Maradona, porque lleva la hinchada por delante. Por las venas le circula un otrora rico tocinito, el colesterol está en 200 mg/dl. Las glucemias en ayunas sobrepasan 140 mg/dl, razón por la cual el compañero ha hecho suya el grito de guerra de Celia Cruz: !Azúcar! Papito.

No obstante su apariencia saludable, el amigo en cuestión  está con problemas, algunos reversibles, con un tratamiento de prevención, dieta, ejercicios y remedios. Es decir, necesita un cambio en el modelo de vida.  

Haciendo el salto al ámbito económico, la situación macroeconómica y estructural también presenta indicadores que de hecho ya son dolencias económicas serias y/o podrían desencadenar una crisis. Veamos algunos de ellos. Datos de la coyuntura, las finanzas públicas registran: cinco años de déficit público, en promedio anual 6,6% del producto; cuatros años de déficit comercial superior a mil millones de dólares, también en promedio anual; caída de las reservas internacionales en cerca de 8.000 millones en cinco años, e incremento de la deuda externa, pasando en pocos años de 14% a 24% del PIB; tipo de cambio real apreciado en torno de 25%; subsidios a la gasolina y el gas natural. 

En cuanto a los indicadores estructurales, a partir de 2013: desaceleración del crecimiento económico y detención de la reducción de la pobreza, medida por ingresos, baja productividad, baja calidad de los servicios de salud y educación, y ninguna diversificación productiva. Además, se sufre de baja rentabilidad de la inversión pública, incremento de la desinstitucionalización y aumento de la corrupción. 

Los médicos del gobierno relativizan e ignoran todos estos indicadores, al igual que lo hacen algunas personas que no cuidan su salud. Y como están en campaña electoral usan todo tipo de eufemismos, florituras verbales y siutiquerías políticas, que enfatizan sólo algunos temas como el crecimiento del PIB pero hacen desaparecer, en base a la propaganda, toda la compleja sintomatología presentada anteriormente. 

Se engañan frente al espejo. La economía está muy bien alimentada, está robusta, es de buen comer. Y, como son tiempos en los que la política manda a la economía, la consigna es: ¡Cascarle! sin medida ni clemencia al modelo primario exportador depredador del medioambiente y amante del consumismo. Al final: de algo hay que morir.
 

Gonzalo Chávez A. es periodista
 

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