Raíces y antenas

El desafío: trabajos de calidad

domingo, 09 de junio de 2019 · 00:08

Hace algunas semanas se ha conocido que una empresa nacional despidió a más de 500 trabajadores. Otras industrias formales locales siguieron el mismo camino, agobiadas por el contrabando y la competencia desleal de unas importaciones favorecidas por un tipo de cambio real apreciado. Las empresas también aducen incrementos de costos laborales desmedidos.

Las encuestas nacionales indican que el tema central que preocupa a la gente, especialmente a los jóvenes, es el empleo y el trabajo. Cada vez que se pierde un empleo o trabajo, los sueños de una familia son golpeados, el futuro de algunas personas está  en entredicho. Además,  la economía pierde un puesto de trabajo de calidad, baja la producción y productividad.

Aquí cabe hacer una distinción técnica: llamamos empleo a una relación, formal o informal,  entre una empresa y un trabajador mediada por un salario. De una manera más amplia, nos referimos a un trabajo que también puede ser formal o informal, cuando se trata de un trabajador por cuenta propia, independiente, pequeño comerciante, empresario o dependiente de una pequeña unidad económica que genera sus propios ingresos.

En Bolivia el modelo primario exportador y comerciante genera empleos, y trabajos de mala calidad. Desde hace 13 años,  la mayoría de los empleos y trabajos han sido provistos por el cruel mercado en el sector informal, donde reina Adam Smith, bajo la mirada contemplativa de un Gobierno orgullosamente leninista.

Según la Encuesta Continua de Empleo del Instituto Nacional de Estadística, el 67% de los empleos están en el sector informal. Quiere decir que cerca de  2,5 millones de personas, mayormente jóvenes y mujeres,  tienen  un empleo precario y de baja calidad, sin seguro médico ni protección de jubilación.

Los empleos formales y de mejor calidad son el 33% del total y muchos de ellos están en el sector público. Por ejemplo, en 2006 había 793 empleos en empresas estatales. Para 2016 éstos ya eran 17.646 y creciendo. Buena parte de los empleos creados en el sector público obedecen a criterios políticos antes que económicos y son de baja productividad.  

Asimismo, la creación de trabajos por cuenta propia es resultado de emprendimientos por necesidad y no por oportunidad. También la calidad de estos trabajos es dudosa, salvo raras excepciones. Con frecuencia el Gobierno habla de más de 300 mil empresas creadas hasta ahora, pero no nos dice que muchas de ellas son unipersonales o microempresas en sectores de baja productividad, como los servicios y el comercio. Además, éstas se cierran en un par de años.

Por lo tanto, un reto pendiente en Bolivia es la manutención y creación de empleos de calidad. Estos son aquellos que tienen un contrato laboral legal en que se paga un salario justo de acuerdo con  la formación del capital humano y su productividad. Cuenta con seguro de salud adecuado, aporta para una jubilación digna y se basa en el respeto a los derechos tanto de los trabajadores como de las empresas.

En lo que se refiere al concepto de trabajo, éste es resultado de emprendimientos por oportunidad basados en tecnología. Es decir, son trabajos independientes escalables y con posibilidades de crecimiento.

En este contexto, el gran desafío es crear empleos y emprendimientos (trabajos) de calidad. Recientemente D. Rodrik y C. Sabel (Building a Good Jobs Economy) proponen una visión fresca a este reto. Proponen considerar a la manutención y creación de empleos, y trabajos de calidad como externalidad positiva para la economía. Expliquemos el tecnicismo: “Una externalidad es una situación en la que los costos o beneficios de producción y/o consumo de algún bien o servicio no se reflejan en su precio de mercado”.

Quiere decir que hay actividades que afectan a otros, negativa o positivamente, sin que éstos paguen por ellas o sean compensados. Un ejemplo clásico de externalidad negativa es la contaminación de un río,  por parte de una empresa, cuyas aguas después son usadas para regar cultivos de lechugas, que por la contaminación tiene baja productividad y que encima envenena a las personas que consumen las lechugas.

Ni el productor de estas verduras ni los consumidores son compensados por este daño. Una externalidad positiva es la creación de empleos y trabajos de calidad que tienen un efecto positivo sobre toda la cadena de producción de productos y servicios que le están vinculados. Por ejemplo,  un ingeniero que desarrolla un software que aumenta la productividad de una empresa y que transfiere su creación y conocimiento dando clases en una universidad.   

Estos tipos de trabajos de calidad, según Rodrik y Sabel, se crean en ecosistemas donde convergen un sector público con espíritu emprendedor, empresas privadas innovadoras y universidades que forman emprendedores. Por lo tanto, el desafío más global es  “construir una buena economía de empleo” de calidad a través de pactos productivos y creación de ecosistemas de innovación. En términos más concretos, el desafío está en aumentar el nivel de habilidades  y la productividad de los empleos existentes,  y promover el incremento de la competitividad de las empresas, mejorando la gestión y el capital humano, impulsando el avance de la tecnología en las compañías.

Así mismo, también se debe crear las condiciones para impulsar la creación de nuevas empresas mediante la atracción de inversiones de calidad  y políticas activas del mercado laboral o programas de desarrollo de la fuerza laboral que ayuden a los trabajadores, especialmente de grupos en riesgo, a dominar las habilidades requeridas para los empleos y trabajos calidad.

Gonzalo Chávez A. es economista.

1052
835

Otras Noticias