Gonzalo Chávez A.

El reinventado sueño de la industrialización

domingo, 14 de julio de 2019 · 00:13

En Bolivia, desde los años 40,  la industrialización es vista como la vía para salir de la pobreza y buscar mejores niveles de desarrollo.  Para unos, industrialización es una integración vertical; es decir, significa pasar de criar vacas a producir cuero y calzado. De producir minerales en bruto a elaborar lingotes o bienes más elaborados. Generar valor agregado en la misma cadena de valor.  Para otros significa diversificación; en otras palabras, es ampliar la gama de bienes producidos por la economía. Se ofrecen carteras de cuero, relojes, heladeras o camisas. 

En el país, nos concentramos en la primera definición de industrialización que apuesta a generar valor a los recursos naturales. Bajo esa inspiración conceptual están las plantas separadoras de líquidos, la producción de urea y los proyectos petroquímicos para producir etileno y polietileno. También están los proyectos en la minería como el Mutún (hierro, acero, los que nunca avanzaron), Karachipampa u otros.  

En la generación de electricidad se habla de varios proyectos: Entre Ríos, Misicuni, Cachuela Esperanza, San José, Miguillas, Bala, Río Grande, entre otros. En agroindustrial, se impulsa el ingenio azucarero de San Buenaventura. También tenemos los ejemplos de la fábrica de cemento y varios otros proyectos pequeños como: Boliviana de Almendras (EBA), la  Planta Industrial de Bi-mate (Coca y Stevia), Empresa Pública Productiva Apícola y otras. 

La primera y segunda revolución industrial permitieron el crecimiento sostenido de la productividad en Inglaterra y Estados Unidos, y la división internacional del trabajo entre naciones ricas y pobres. Fue también  la industrialización la que permitió que varias economías emergentes alcanzaran niveles de desarrollo de países prósperos. Este fenómeno se conoce como convergencia. Japón, Corea del Sur, Taiwán y China son algunos ejemplos en el Asia. En menor grado Brasil siguió el camino de la convergencia en el continente, aunque con menores resultados.

En América Latina, en general, y en Bolivia, en particular, la industrialización fue y es una idea-fuerza central en el imaginario político, brinda un horizonte de esperanzas de riqueza a muchas generaciones en el país.

Sin embargo, imitar la industrialización de viejo cuño (integración vertical), como en Inglaterra, tiene pocas probabilidades de éxito. 

Este modelo parte de varias ideas equivocadas. 

1) Bolivia puede recorrer el camino de la industrialización de mano de mamuts públicos, reproduciendo las etapas de desarrollo de otros países. Con por lo menos 100 años de atraso construiremos una industria capital-intensiva. 2) Cuando el problema básico de Bolivia es la falta de empleo digno, este modelo de industrialización es capital intensivo crea pocas fuentes de trabajo. 3) Refuerza el modelo de desarrollo primario exportador, la industrialización se concentrará en los hidrocarburos y minerales, tornando la economía más vulnerable a choques externos negativos. 

4) Este modelo de industrialización crea enclaves económicos sin conexión con otros sectores productivos. 5) La industrialización propuesta también arriesga mucho capital público que podría tener mejores destinos. Buena parte de los proyectos mencionados podrían ser desarrollados por asociaciones público-privadas, así nos ahorraríamos varios miles de millones dólares para el sector salud, por ejemplo. 6) Estos megaproyectos crean burocracias gigantes y grandes oportunidades para captura de rentas, que es la forma elegante de decir negociados y corrupción.

Un camino alternativo es apostar la industrialización de los servicios conectados inclusive a un nuevo tipo de minería. El caso ejemplar es India, que tiene uno de los sectores más grandes de servicios de software del mundo. Guardando las distancias, en el vecindario latinoamericano, estaría Uruguay.

Por lo tanto, una pregunta central en la actualidad es saber si la industria de los servicios financieros, comerciales, turísticos, tecnológicos, gastronómicos, ingenieriles, médicos, de transporte, de comunicación, de software, energía alternativa y otros son una vía al desarrollo económico sostenible en Bolivia. 

Bueno, los servicios de calidad son intensivos en capital humano y la mano de obra calificada es central. En la actualidad se afirma que las industrias de servicios pueden desempeñar el papel que correspondió en el pasado a la manufactura.  Los servicios aportan cada vez más al Producto Interno Bruto de los países en desarrollo y los empleos en los servicios urbanos se han ampliando significativamente. 

¿Es enloquecido pensar en La Paz, Potosí, Sucre y Oruro generando 1.000 millones dólares en turismo y gastronomía? ¿Turco, la capital mundial de los camélidos, exportando 300 millones de dólares en carne de la llama? ¿400 millones de dólares en software desde Cochabamba? ¿Juntar la producción de energía solar y eólica, con economía digital y la minería del litio y el cobalto para generar 1.500 millones de dólares?  Definitivamente: No.

Gonzalo Chávez A. es economista.

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