Gonzalo Chávez A.

El secuestro del sueño

domingo, 28 de julio de 2019 · 00:12

Oficialmente comenzó la campaña electoral con la presentación tanto de los candidatos a senadores y diputados como la publicación de los programas electorales. Me concentraré en estos últimos. Los  brothers y sisters  revolucionarios y la brutal máquina de propaganda reaccionaron de dos maneras sobre las propuestas de la oposición. Primero descalificando las ideas alternativas, como era esperado,  y, segundo, tal vez esto es lo más grave, matando el potencial aspiracional de la sociedad, secuestrando el sueño de una economía diferente y una sociedad más equitativa  y democrática.  Pero vamos por partes.

  Ni bien aparecieron las propuestas de la oposición, salieron las metralletas de la intolerancia oficialista, cargadas de adjetivos y veneno ideológico.  Los programas son copias del nefasto pasado neoliberal, dispararon. Desde los canales del Estado gritaron: Revivieron los zombis privatizadores. Huelen a naftalina.  

  Una segunda línea argumentativa es que el Gobierno actual ya hizo todo lo que los planes de la oposición proponen.  Además, sin que se les mueva un pelo y peinados con la mejor gomina del cinismo, sostienen que hay grandes avances en la justicia, el cuidado del medioambiente y en la salud de calidad. ¡Uta! Esta explicación se contradice con la primera. ¿No era que los planes de la oposición eran ideas del pasado? ¿Será que el Gobierno implementa políticas neoliberales?

  Son copias de propuestas de otros países, es la tercera reacción del oficialismo. Son versiones del macrismo y, lo que es peor, del bolsonarismo. Echarán por la borda la estabilidad económica y someterán a la gente nuevamente a los látigos del neoliberalismo. Al igual que durante la bonanza económica de la dictadura banzerista, en los años 70, el Gobierno se cubre con la bandera de ciertos resultados económicos positivos, pero no, nadie dice nada sobre la herencia que dejan: elevado déficit público (8% del producto) y la brecha comercial (5% de producto), pérdida de más de seis millones de dólares de reservas internacionales, aumento de la deuda externa  o reprimarización de la economía.  Esta es la estrategia de sembrar miedos y mentiras en las tierras del futuro.

  Una cuarta línea de consignas tiene rasgos de coquetería revolucionaria: la oposición no propone nada sobre el cambio de modelo. ¿El modelo Versace/populista es mucho más bonito y viste bien en la calle? Para las concentraciones políticas modelito prêt-a-porter camiseta azul básica, saquito a la Miami Vice pero de tela cubana, color caqui guerrillero. Somos los únicos modistos y estilistas capilares capaces de seguir con el modelo económico, arengan frente al espejo?

  El quinto es un clásico del repertorio patriotero. Son planes hechos por sicarios extranjeros y marcianos neoliberales que llegaron por el Salar de Uyuni. Mercenarios de las ideas proimperialistas escribieron los programas en inglés y los lacayos locales lo tradujeron con Google, por eso no entienden. 

  Ahora bien ¿debate sobre contenidos? ¡No seas ridículo, wawita de pecho izquierdo! Las elecciones no se ganan con ideas o programas,  se ganan con muchas consignas, mentiras y destilados de todos los venenos del alma humana. Se ganan intoxicando las relaciones interpersonales, lanzando basura al oponente, contaminando las redes sociales, haciendo de la intriga y odio la moneda de cambio para el voto, manipulando las aspiraciones de la gente. Es por eso que el oficialismo sigue apostando a la estrategia de una guerra civil de baja intensidad para quedarse en el poder. 

La confrontación de ideas debe ser sustituida por un certamen de chicotazos, un campeonato de quién dice las peores barbaridades y por tácticas electorales de manipulación. En este mundo, el Gobierno lleva todas las ventajas, porque usa y abusa de los impuestos que pagamos los ciudadanos para construir castillos en el aire y dorar sus obras.  

 Sin duda, lo anterior puede estar en el mundo de lo anecdótico y de la pequeñez intelectual, pero mucho más complicado es la tentativa de secuestro del sueño de la gente por parte del Gobierno. Han encerrado las esperanzas del país en las cárceles del autoritarismo ideológico. El gobierno decretó el fin de la historia. No hay nada más allá del modelo primario exportador y del populismo-nacionalista.  Han secuestrado nuestra capacidad de seguir soñando. Además, han roto el pacto básico de la sociedad: la confianza. Esta ha sido corroída de muerte por la falta de respeto a la voluntad popular y la Constitución, la corrupción, el narcotráfico, la caricatura de la justicia, los pésimos servicios de salud y educación, y los empleos precarios. 

Los tejidos básicos de la sociedad y sus espejos se han roto en mil pedazos y los resultados económicos de corto plazo son insuficientes para revertir el proceso de decadencia. Dinamitaron la institucionalidad democrática y creen que  la economía será suficiente. Creen tener a los ciudadanos agarrados de los bolsillos.  Es la economía, estúpido. Nadie vota por abstracciones como la pérdida de libertad y democracia. Gritan sus corifeos.   

Entre tanto, aún es tiempo de salir de este delirio consumista-autoritario y de la avalancha de manipulaciones y mentiras. Hacer del acto electoral una oportunidad para que la sociedad y sus instituciones reconstruyan el “nosotros”, a base de un debate de las ideas y propuestas. Hay tiempo para pactar, no desde arriba, sino desde  el reencuentro de la gente a través del voto. Para esto las oposiciones democráticas deben unirse, para recuperar los sueños y los horizontes de futuro.

  
Gonzalo Chávez A. es economista.

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