Gonzalo Chávez A.

Kalimán vs. el Doctor No

domingo, 11 de agosto de 2019 · 00:12

En los años 70, Radio Nueva América transmitía una exitosa radionovela sobre las fantásticas aventuras de Kalimán y su pequeño amigo Solín. Kalimán, el hombre increíble, se presentaba como: caballero con los hombres, galante con las mujeres, tierno con los niños e implacable con los malvados.

Un amigo cultor de estas aventuras me hizo llegar el guion de un capítulo inédito de la aventura titulada: Kaliman contra el doctor No, que hoy domingo me permito compartir. 

Zaplasteco, la señorial y magnífica capital de la ancestral y  enigmática Buotan se descolgaba majestuosa y altiva a 4.500 metros de altura. Zaplasteco, la ciudad más alta del mundo, cuyas montañas besan los cielos más azules del planeta, sin rubor, tiene centenarias avenidas, donde las construcciones soportan estoicas el paso mecánico del modernismo sin inmutarse, donde los monumentos a los grandes héroes, levantados durante casi dos siglos, vigilan desde sus tronos pétreos a sus fieles súbditos.  

Aquella mañana, el sol de agosto patrio bañaba cálidamente el magnífico edificio donde habita el Conde Oveslamor en Zaplasteco. 

Dos singulares visitantes están en la ciudad milenaria y observan absortos la arquitectura del palacio real. Sus altas columnas, su decorado torta de quinceañera, sus chillones vitrales azules hacen palidecer a las viejas casas coloniales que la rodean. “Uno es un muchacho de rostro vivaz y alegre, de ojos negro azabache, vistiendo su bien cortado traje de alpaca gris. 

El otro es un extraño y singular caballero, vestido a la usanza hindú, alto y de complexión atlética. Bajo su entallada casaca y pantalón de seda blanco se adivina un cuerpo vigoroso y recio. Al accionar los brazos, los poderosos bíceps amenazan con romper la fina seda y su amplio tórax se expande al ritmo de su respiración. 

De la chaqueta surge vigoroso un cuello musculado que sostiene su cabeza como estampa de un gladiador romano;  su rostro cobrizo de finas facciones cobra más lucidez con los ojos de un azul intenso que semejaban dos límpidas aguas marinas. Aquel rostro de asombrosa belleza varonil es coronado con un blanco turbante de seda, en el que, al frente, brillaba una gran esmeralda que lanzaba destellos al reflejo del sol.

Aquel singular caballero completaba su indumentaria hindú con un cinturón de hebilla de oro, en el que cuelga una daga curva con empuñadura de pedrería exótica”. Aquellos dos visitantes de la ciudad más alta del mundo son Kalimán y su pequeño amigo Solín, quienes fueron invitados por el todopoderoso Oveslamor. Éste y Kaliman se habían conocido en la misteriosa Nuba Oriental, en la ocasión de la entrega del premio paladín de la justicia planetaria, de manos del amigo común Amuar Saif El Galafi. 

Kaliman y su dilecto amigo ingresaron a un augusto salón, donde largas y multicolores banderas caían marciales de los techos. Solín, aprovechando el silencio del lugar, preguntó en voz baja: Mi señor y amigo, ¿quién vive rodeado de tanto lujo cuando en la calle hay mucha miseria? Kalimán, con voz aterciopelada, le respondió: Solín, mi pequeño amigo, hablas como un revolucionario que odia la nobleza. Recuerda que donde hay una injusticia que reparar, o la emoción de una aventura o una bella mujer, ahí estará Kalimán. Y no juzgues antes de escuchar a un amigo. 

De pronto, de una oscura esquina, surgió Oveslamor, con el rostro bordado por arrugas, pero con los ojos brillosos de poder. Se apresuró a estrechar las recias y musculosas manos de Kalimán. Qué bueno que atendiste mi llamado. Fue directo al grano. Estoy en problemas. Hay una rebelión en curso en mi reino. El apoyo de mi pueblo está mermando. A pesar que siempre les he dado todo, confort, cestas de panes y flores, y mi amor infinito, votaron para que no los siga gobernando.

Mis súbditos están siendo manipulados por el tenebroso Doctor No,  cuyas malas artes e intenciones se originan en una diosa esquiva llamada Democracia. Kalimán,  estoy en peligro y necesito tu ayuda. Zombis neoliberales, que dicen defender la libertad, me rodean y abuchean donde voy. Además, la exportación de diamantes, del que vivía mi reino, está en decadencia, las arcas públicas están quebradas y les debo a todas las comarcas de mi alrededor. 

Kalimán   escuchaba taciturno y su bello rostro reflejaba preocupación sincera.  Oveslamor ofrecía cielo y tierra al hombre increíble. Nombraría una plaza con su nombre, lo haría partícipe de las empresas del reino de Boutan, le ofreció ingentes recursos y joyas raras a cambio de   su ayuda para contener y eliminar a los zombis janiwas prodemocracia. 

Kalimán extrajo su cigarrera de oro puro y, de ella, un cigarrillo turco. Solín se apresuró a encenderlo. El humo subió serpenteante por el amplio salón. Los azules ojos soltaron una mirada condescendiente; los poderosos músculos entraron en posición de descanso y con voz firme Kalimán se dirigió a Oveslamor: Serenidad y paciencia, mucha paciencia, mi dilecto amigo y hermano, como dicen por estas tierras.

Kalimán, que había robado el fuego de la vida de la tierra de los muertos, escalado el monte Kilimanjaro de espaldas y los ojos vendados, y luchado contra gigantes sapos en el fondo del sagrado lago Kakatiti, ahora se enfrentaba a su peor desafío: luchar contra del Doctor No. En esta ocasión debía apagar el fuego de la libertad. 

¿Podrá Kalimán derrotar a los zombis de piedra vendepatrias?, ¿será posible salvar a Oveslamor de las garras del Doctor No?, ¿tendrá Kalimán que terminar su MBA en la Bombay Business School para ser parte de YPFB?, ¿podrá Kalimán, con inmensos ojos color mar y poderosa mente salvar  el proceso de cambio del reino de Boutan? No deje de sintonizar su radioemisora para un apasionante nuevo capítulo de: Kaaaaliiiimááánn. El hombre increíble.

 


Gonzalo Chávez A. es economista.

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