Gonzalo Chávez A.

“Yo que sentí el horror de los espejos”

domingo, 15 de septiembre de 2019 · 00:12

Desde la cúspide del poder se afirma que no hay proyecto alternativo a lo que propone el gobierno.  Se sostiene que las principales candidaturas opositoras no son capaces de ofrecerle al pueblo boliviano un proyecto alternativo de economía, de Estado y de sociedad. Soberbios sostienen: si no tiene un proyecto alternativo, para qué se presentan a las elecciones.

La piromanocracia que nos gobierna no solamente ama el fuego, como promotor del desarrollo, sino también los espejos como proyecto político. En otras latitudes se denominó esta actitud de narcisismo-leninismo ideológico. 

Jorge Luis Borges sostiene: “Yo que sentí el horror de los espejos, no sólo ante el cristal impenetrable donde acaba y empieza, inhabitable, un imposible espacio de reflejos, sino ante el agua especular que imita el otro azul en su profundo cielo, que a veces raya el ilusorio vuelo del ave inversa o que un temblor agita”.  Los dueños del poder, contrariamente al inmortal argentino,  no le temen a los espejos, en realidad los cultivan con engreimiento extremo. 

El narcisismo-leninismo, especialmente cuando se habla del modelo económico, confunde la ilusión del reflejo que crea la propaganda, es decir de la imagen, (el ave inversa), con la realidad de los hechos. Por ejemplo, toda vez que presentan las cifras macroeconómicas –frente a los espejos de sus consignas y ante los estandartes del llunquerío que agitan los ciegos de futuro– vuelven a enamorarse de sí mismos, una y otra vez. Es el pavo real macroeconómico que extiende sus doradas alas. Miren ese producto interno bruto, ese PIB fabuloso, único, inédito. Grita la pibocracia ¡Ay!, ¡amadito! Le lanzan besos en flor al espejo del extractivismo en llamas. ¿Y ahora que se queman los bosques y la naturaleza para vivir el corto plazo matando el futuro, se serena la imagen? ¿Y ahora que se desacelera la economía (4%  en el 2018 cuando ya llegamos a 6,8% en el 2014), se desportilla el reflejo? ¿Se dan cuenta del desastre? ¿Reconocen que el espejismo arde? ¡No! ¡Pamplinas neoliberales! ¡Tonterías de guardabosques proimperialistas! Vociferan desde la cima de la hoguera. Apuestan ciegamente a una agropecuaria extensiva no sostenible. Impulsan la artificial demanda interna que maquilla al ídolo de barro del modelo primario exportador.

¿Si los músculos de ingresos fiscales se chorrean, si se registran cinco años de déficits públicos (este año este indicador podría superar el 8 % del PIB)? ¿Y si ya nos cascamos 12.000 millones de dólares en gastos e inversiones dudosas, manteniendo la pose? ¡No pasa nada! Seguiremos endeudándonos y perdiendo reservas internacionales del Banco Central. ¡Tranquilos! 

¿Y si el déficit comercial, que ya supera 5% del PIB, y se arrastra por cuatro años? Serenidad y paciencia. Tenemos a Kaliman de nuestro lado, afirman. Además, mataremos con sólida indiferencia antiimperialista la grieta entre exportaciones e importaciones. ¡Tengan fe! La tempestad es de afuera, dicen los sacerdotes del populismo gastador frente al cristal dopado por el consumismo. El paraíso económico está blindado por un espejo de metal que mima al jefe. ¿Y el incendio de proporciones bíblicas? Son los celos de una Pachamama que no se curva frente al caudillo. No hay problema, las tierras quemadas y los animales muertos se volverán pastizales y tierras para granos para vivir un par de años y después, seguiremos creando desiertos para vender carne a los chinos. “El ilusorio vuelo del ave inversa” debe continuar rumbo al fuego, aunque esto signifique que se le quemen las alas para siempre. 

Frente a las enormes grietas en el cuerpo productivo local causadas por la apreciación del tipo de cambio real, más bótox de importaciones, más maquillaje de consumo, más silicona en las curvas. Total, la tuneada zapatina que nos echamos estos años de bonanza sólo nos costó 60.000 millones de dólares. Ah, eso sí, hermano y compañero, frente al espejo de la vanidad, no es elegante hablar de dinero. El elenco del reflejo está listo para armar el teatro de las sombras de la propaganda y la sigilosa prestidigitación estadística. La obra en curso: riqueza sin desarrollo a fuego feroz. 

Y ahora para encerrar el espectáculo. Todos quieren seguir nuestro modelo luminoso. Los enanos mentales nos copian. Somos la santísima Trinidad de la revolución: persona, espejo y reflejo. La rueda de la historia se detuvo frente a nuestro poderoso ego. Vamos rumbo al socialismo extractivista y consumista bailando en círculos en la gran fogata de la Chiquitania y el gran incendio de la democracia.

Pero un bello y no lejano día, el narcisismo ideológico quiere acariciar su reflejo y con espanto se da cuenta de que ya no puede hacerlo, toda vez que coloca la mano en su imagen, ésta se diluye y baila descontrolada. Vanos son los intentos de los militantes de los espejos de calmar las aguas, para que éstas vuelvan a su posición de espera y complacencia. Del fondo de las aguas claras en retirada, surgen peces espadas que se habían criado en el fondo de la economía informal,  gruesos helechos aprisionan el aparato productivo, inmensos remolinos de deudas se tragan el futuro, una gigante y hambrienta cobra de agua ya no satisface su gula con gastos superfluos e inversiones inútiles y saca su cara de eterna ciega.  Una colección incomprensible de batracios y rococós sube rápidamente a la superficie después de haber metido la cuchara al dulce del erario nacional.   

Los narcisos se tornan violentos. No aceptan que el espejo se les revele y no toleran que exista, cada vez más gente, viviendo al otro lado del reflejo dispuesta a decir no las veces que sean necesarias al discurso único y autoritario; a no confundir gordura de consumo con músculo productivo. Gente inteligente que no acepta quemar la casa para pasar un par de inviernos. Los ciudadanos que no aceptan más la dieta de los espejos.

 
Gonzalo Chávez es economista.

Confidencial

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