Gonzalo Chávez A.

El encanto de la deuda externa y los elefantes blancos

domingo, 22 de septiembre de 2019 · 00:12

En época electoral, la cartelera cinematográfica del oficialismo es intensa y divertida. De los creadores de la película:  El déficit público es bueno y sano, ahora se lanza el filme:  El discreto encanto de la deuda externa, de los mismos guionistas de la escuela del keynesianismo de guitarreada. 

En el primer caso, los defensores del déficit público “bueno” sostienen  que la inversión y gastos excesivos del Estado, que en cinco años (2014-2018)  superaron  los 12.000 millones de dólares, se justifican porque evitan la recesión de la economía y que como además son recursos ejecutados en proyectos  productivos y de infraestructura, tendrán retornos, sociales y económicos garantizados, en el mediano plazo. En otras palabras, se confía que del mismo cuero salen todas las correas; es decir, que el efecto multiplicador interno de los gastos corrientes y de capital generan mayores impuestos, y que las inversiones hechas en infraestructura y empresas públicas rindan más ingresos de exportación y también más impuestos. 

Este tipo de modelo de crecimiento impulsado por la inversión pública, conocido también  como “fundamentalismo del capital”,  le mete nomás al ritmo de “con tu quiero y mi puedo, vamos juntos compañeros”. Sostiene que no hay problema en mantener el agujero fiscal  quemando reservas internacionales, exprimiendo con más rigor a los contribuyentes tradicionales y tolerando mayores déficits públicos y financiándose con deuda externa e interna.

Por lo tanto, si el déficit público es bueno por definición, su forma de financiamiento también lo es. El aumento de la deuda no es problema.  Pero veamos ahora la evolución de la deuda desde una perspectiva integral. Los compromisos del Estado boliviano pueden dividirse en tres tipo de deudas: externa, interna y de deuda de las empresas públicas con el Banco Central de Bolivia.  

El año 2005, la deuda externa representaba el 64% del Producto Interno Bruto PIB, es decir, toda la riqueza generada en un año por el país.

En el año 2006, se produjo el perdonazo de la deuda externa en Bolivia.  Organismos internacionales y varios países amigos nos liberaron de pagar el capital y los intereses de los adeudos, a cambio de usar estos recursos para políticas sociales. Producto del perdonazo, en 2007, la deuda externa bajó a 17% del PIB. El gobierno del presidente Morales inicia su gestión con una economía, prácticamente, sin obligaciones financieras. 

Después del boom de precios de las materias primas, que duró hasta  2014, los ingresos externos cayeron en más de 4.000 millones de dólares y se produce un déficit comercial (las importaciones son mayores que las exportaciones) y un déficit público  (los gastos del Gobierno son superiores a sus ingresos por impuestos). Para cerrar el agujero fiscal,  el Gobierno   comenzó a endeudarse nuevamente. 

Así, la deuda externa subió de 17% a 25% del PIB. Para este ejercicio consideramos un PIB de 40.000 millones de dólares. En términos nominales, en la actualidad, la deuda es de 10.548 millones de dólares. En valor, la más alta de los últimos 50 años. De esta nueva deuda, 7.046 millones de dólares son con agencias multilaterales (BID y CAF). En los créditos bilaterales, China tiene el mayor peso con  916 millones de verdes.    

La deuda interna, es decir el dinero que el Estado boliviano le debe al sector privado (AFP) y sector financiero (bancos), representa  5.376 millones de dólares, 13% del  PIB. La deuda de las empresas estratégicas con el Banco Central es de 6.335 millones de dólares o el 16% del PIB.  ENDE encabeza los deudores con 2.452 millones de dólares, le sigue YPFB 1.723 millones, y todas las empresas estatales, incluyendo Mi Teleférico a través del Gobierno central. Teniendo esta visión integral, el coeficiente de endeudamiento del Gobierno llega al 54% del PIB. 

Hace un par de años el Gobierno emitió lo que se llama deuda soberana. Colocó bonos en el mercado internacional que los vendió muy rápidamente. En la época se dijo que esa era una prueba de que los prestamistas internacionales creían en el modelo económico boliviano. Después nos enteramos que esa deuda fue adquirida por nosotros a través de las AFP.

Por lo tanto, para ver la capacidad de endeudamiento de un país no sólo se ve el peso de la deuda externa. También se debe incluir la deuda interna, el flujo de ingresos de exportaciones, el nivel de reservas internacionales, otras capacidades de repago y la composición de la deuda en plazos y tipo de acreedores.  

La teoría de la deuda buena y su financiamiento sano y encantador, a través de deuda, parte del supuesto fuerte de que las inversiones públicas hechas son de enorme calidad, alto retorno y acumulan activos de alta productividad para la economía. 

En la práctica es muy difícil encontrar ejemplos que muestran rentabilidad de la inversión y el gasto público. ¿El teleférico?,  ¿Casa del Pueblo?,  ¿el museo personal?, ¿centenas de canchas de fútbol?, ¿el demencial gasto en propaganda?, ¿los aeropuertos sin vuelos?, ¿las carreteras que no conectan polos productivos?, ¿la sobreoferta de energía de electricidad subsidiada con gas?, ¿la empresa de urea que sólo funciona en la capacidad del 30%?, ¿o la empresa de azúcar que no tiene insumos? No hay una respuesta unánime para todos estos gastos y proyectos ¿O será que el Gobierno boliviano ha encontrado la vacunado contra elefantes blancos?

 

Gonzalo Chávez es economista.

 

Confidencial

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