Gonzalo Chávez A.

¿UDP reloaded 2020 - 2025?

domingo, 15 de noviembre de 2020 · 00:12

El candidato a la Presidencia Carlos Mesa, y el ahora Primer Mandatario Luis Arce han mencionado que la crisis económica en curso recuerda a la hecatombe de mediados de los años 80, cuando gobernaba la Unidad Democrática y Popular (UDP), a la cabeza de  Hernán Siles Suazo. En esa época, una profunda crisis política destrozó tanto el gobierno de izquierda como el propio Estado y la hiperinflación puso al borde de la muerte a la economía.  En la actualidad, Bolivia vive una recesión y también una crisis social y política. 

¿Son comparables ambos periodos? ¿Cuáles son sus principales similitudes y diferencias? Veamos los datos, tanto de la bonanza como en la crisis de los modelos de capitalismo de Estado.

La crisis económica de la UDP se originó a finales de los años 70, después del auge del modelo estatismo. Durante el periodo banzerista (1971 - 1977), la economía creció, en promedio, al 5,5%, gracias al aumento significativo de los precios de los minerales y el ingreso de préstamos baratos que venían del reciclaje de los petrodólares. 

La bonanza económica, entre 2006 y 2015, se explica también por el aumento significativo de los precios del gas, los minerales y la soya. Al mismo tiempo, la reducción de la deuda externa ayudó al crecimiento; ésta bajo de 64% del Producto Interno Bruto (PIB) a 14% después del perdonazo externo. En ese periodo, el PIB creció en promedio 5% al año.

Una primera similitud entre estos periodos es que previa a la crisis, ambos modelos económicos disfrutaron contextos externos fabulosos, adoptaron modelos económicos con fuerte inversión pública en infraestructura y registraron elevadas tasas de crecimiento del Producto. Inclusive tuvieron símbolos de progreso parecidos. En los años 80, la autopista a El Alto, en la actualidad es el Teleférico.

Los gatilladores de la crisis.

A finales de los años 70, Bolivia salía de la dictadura militar y enfrentaba una crisis de balanza de pagos: fuerte caída de los precios de las exportaciones, en especial de los minerales y colapso de la deuda externa. Súbitamente se secaron las fuentes de financiamiento internacional. En lo social, una sociedad reprimida por la dictadura buscaba mejores condiciones salariales, se iniciaba un fuerte conflicto distributivo. En lo político se reconstruía un sistema de partidos y movimientos populares que había sido perseguidos y desmantelados por el gobierno autoritario. 

Considerando el fin de la bonanza externa en 2015, la economía boliviana perdió un 30% de sus ingresos de exportaciones en este año. Al igual que en los 70, la economía sufrió un shock externo negativo, pero, sin embargo, el gobierno de Morales utiliza más de 8.500 millones de internacionales para sustentar el crecimiento y acudió al financiamiento externo para atenuar la caída. En el campo social continuó una fuerte distribución del ingreso en la economía, vía transferencias, a pesar del fin de la bonanza externa. El sistema político era estable gracias a alianzas con movimientos corporativos. Así mismo, el Ejecutivo controlaba el Poder Legislativo, generando gobernabilidad. Entre tanto, surgen resquebrajamientos políticos en la sociedad debido al desconocimiento del referéndum por parte de Morales. La ciudadanía había dicho que No a la reelección.

En este ámbito de comparación, si bien la crisis se origina en ambos periodos en el sector externo de la economía, el sistema político y económico en los años 2015 y 2019 estaba mucho mejor preparado para afrontar los desajustes de la balanza comercial que a mediados de los años 80. 

En efecto, el deterioro de las variables macroeconómicas en el primer quinquenio de los años 80 fue muy rápido. Frente a la caída del financiamiento externo, el deterioro de la balanza de pagos y el incremento del conflicto distributivo, el gobierno de Siles se ve obligado a financiar sus gastos e inversiones con emisión inorgánica de dinero (señoreaje). El resultado fue una recesión de -4.5% en el periodo 1980 y 1985. En 1981, la inflación llegó a 23,5% para después explotar, en 1985, en 8.170%. Bolivia registraba una hiperinflación. Entre 1980 y 1984, las Reservas Internacionales del Banco Central fueron negativas. El peor año 1982, -327 millones de dólares. La deuda externa durante 1980 y 1985, en promedio, representaba el 75% del PIB. En el auge de la crisis, el déficit público superó el 25% del producto, en promedio fue 16,1% en el período en análisis. La moneda nacional se devaluó brutalmente, un dólar llegó a costar millones de pesos bolivianos. Asimismo, la situación social y política era muy grave. Intensos conflictos distributivos, fuertes enfrentamientos entre el Poder Legislativo y Ejecutivo, y un gobierno muy débil con una política económica errática que lo llevó implementar seis planes de estabilización sin éxito. 

Consideramos el punto de inflexión de la crisis actual, el año 2014, el deterioro de los indicadores macroeconómicos fue mucho más pausado y diferente que en los años 80. El PIB se desaceleró lentamente. En 2013 se alcanzó la mayor tasa de crecimiento: 6,8%. Pero, en 2014, se llegó a 5,4% y a 4,8% en 2015. Y entre 2016 y 2018, el PIB sólo aumentó en 4,2% al año. En el 2019 continuó la caída, 2,2% y en el 2020, con la pandemia y la cuarentena, llegó la recesión, -11%. La inflación estuvo bajo control, registrando tasas muy bajas durante este periodo (en promedio 0,81%), inclusive en el año que termina. En 2015, las Reservas Internacionales eran superiores a los 15.000 millones de dólares, pero después cayeron a 5.500 en  2020. Éstas fueron utilizadas para sustentar la demanda interna frente a la crisis externa y para financiar la lucha contra el Covid-19. Asimismo, la deuda externa fue baja durante este periodo y alcanzó el 30% del PIB, en 2020. El déficit público entre el 2014 y 2019 fue en promedio 6,7% del PIB y saltó al 12% en el año de la pandemia. El comportamiento del tipo de cambio fue diametralmente opuesto al periodo de la UDP. El precio en bolivianos del dólar está fijo desde el año 2011. Contrariamente a los 80, hasta 2019 hubo estabilidad política y social. 

Como se deduce claramente de los datos y los contextos sociopolíticos, las crisis de los 80 y de la actualidad son diferentes. La intensidad y la velocidad del agotamiento del modelo primario exportador es disímil, aunque su origen es igual: un shock externo negativo. Los orígenes de la recesión también son distintos. En los 80 hubo sobre un shock de demanda. Ahora, los problemas se profundizaron con un shock de oferta. En un caso tuvimos hiperinflación. En la actualidad estamos ante una posible deflación. Durante la UDP el tipo de cambio era muy volátil, ahora es estable. En suma, hay muchas desemejanzas entre ambos periodos, lo que no significa que ambas crisis no sean profundas y complejas. Entretanto, alguien podría argumentar que en 2020, en realidad, estamos al inicio de la crisis, por lo que la comparación no es válida. Se podría argumentar que lo peor está por venir y que sí podríamos desembocar en la situación como la UDP, en especial en lo que se refiere al tipo de cambio y la inflación. Este escenario es posible solamente si se cometen graves errores de política económica, se cierran las fuentes de financiamiento externo y el conflicto social se profundiza. Pero espero que como sociedad y élite política se haya aprendido de la historia y sepamos que frente desajustes macroeconómicos tan graves, por lo menos, por sobrevivencia, se debe pactar y ser muy cuidadoso en el manejo de la política económica y la expectativas de la gente. Para comenzar, no se debería hacer política con este tipo de comparaciones.

Gonzalo Chávez A. es economista.

AVISO IMPORTANTE: Cualquier comunicación que tenga Página Siete con sus lectores será iniciada de un correo oficial de @paginasiete.bo; otro tipo de mensajes con distintos correos pueden ser fraudulentos.
En caso de recibir estos mensajes dudosos, se sugiere no hacer click en ningún enlace sin verificar su origen. 
Para más información puede contactarnos https://www.paginasiete.bo/contacto/

77
7

Otras Noticias