Gonzalo Chávez A.

La nueva economía del sol, frío y viento

domingo, 16 de febrero de 2020 · 00:12

En términos económicos, Bolivia está presa de sus ventajas competitivas tradicionales. Hace casi 200 años debe venderle al mundo minerales, gas natural y productos agropecuarios porque tiene abundancia de éstos y los produce a menor costo, sin tener en cuenta el impacto ambiental. Ciertamente, este es y será nuestro perfil exportador por un buen tiempo, pero no puede ser un destino ineludible. 

El desafío central del desarrollo está en aumentar la productividad y la diversificación de la economía, pero sobre todo buscar nuevas fuentes de competitividad internacional. En un mundo que camina hacia una economía digital, el reto está en encontrar nuevos diferenciadores para el aparato productivo y de servicios. 

En esta oportunidad nos concentramos en el occidente boliviano. Los valles y el oriente también tienen nuevas vocaciones relacionadas con energía alternativa, la biotecnología,  la informática, la agricultura de alto rendimiento, entre otras. 

Existen algunas condiciones climáticas y recursos en el altiplano boliviano que se pueden convertir en las nuevas ventajas competitivas para la economía. Hablamos del frío, sol y viento. Estas tres condiciones y elementos pueden ser la base para resolver simultáneamente el tema de la transformación digital de la economía y la transición energética, ambas condiciones fundamentales para cambiar el patrón de desarrollo, tornándolo más próspero, inclusivo y sostenible. 

Es conocido que el sol en las alturas quema que da contento. Los andinos nos quemamos las kaukas y adquirimos un bronceado api (técnicamente diríamos el estilacho de falso poliglobulico) gracias a los poderosos rayos del rey Inti, pero al mismo tiempo esta radiación solar es una fuente de energía casi inagotable. 

Como originario de Villazón - el diamante pulido por los mejores vientos del sur y la capital desde donde se distribuyen al mundo todo tipo ventiscas, galernas, torbellinos céfiros, ventarrones e inclusive los chiflones de zaguán –me consta que los aires agitados y bailarines son otra de las fuentes de energía eternas del planeta-. 

Algo menos conocido son las ventajas de las temperaturas bajas. Los que somos de tierras altas, el frío nos pela y frunce el alma, pero también esto es una fuente natural de refrigeración que abarata los costos significativamente de varias industrias, como el almacenamiento y gestión de información. Los grandes centros de datos (las famosas nubes del internet) son mucho más eficientes y baratos si están  a 4.000 metros de altura y en temperaturas bajas. 

Asimismo, estas regiones del mundo tienen la ventaja adicional de tener escasos movimientos sísmicos. 

Por lo tanto, Bolivia está dotada de sol, frío y viento y como consecuencia tiene la oportunidad de cambiar su patrón de desarrollo sembrando nubes del internet (centros de datos) en las tierras altas. Transitando de una economía basada en recursos naturales hacia una economía digital y de servicios de alta tecnología. Además, el hecho de que el país esté al centro de Sudamérica le otorga una ventaja de localización.

En concreto, sembrar nubes en el altiplano significa atraer a empresas como Amazon, Google, Facebook  y otros gigantes de la tecnología para que construyan centros de datos en Bolivia que almacenen, gestionen y distribuyan información desde las alturas andinas y que, además, usen energía solar y eólica para funcionar, y también utilicen baterías de litio para almacenar la energía en las noches estrelladas y en los días de sombras perennes y sin viento. 

En suma, la idea es crear conglomerados tecnológicos en el occidente que impulsen la transformación energética y digital.  ¿Alucinaciones precarnavaleras o delirios académicos? ¡No compadres! en La Quiaca (Jujuy) Amazon instalará el primer servidor para América Latina a 4.000 metros de altura y al lado de este centro de datos ya está instalado 200 MB de energía solar en el parque de Caucharí. 

El futuro ha llegado. Resta tener el coraje de cambiar el patrón de desarrollo a partir de las nuevas ventajas competitivas: sol, frío y viento. Además, creando empleos de altísima calidad para la gente más necesitada. Entre tanto,  promover grandes parques ecológicos y tecnológicos requiere crear nuevos ecosistemas de desarrollo donde tengamos autopistas gigantescas de fibra óptica, escuelas, institutos técnicos y universidades de primer nivel para formar capital humano, políticas públicas de largo plazo, seguridad jurídica y política y una institucionalidad social que crea las condiciones para una apropiación tecnológica de la comunidad. 

Gonzalo Chávez A. es economista.

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