Gonzalo Chávez A.

Profecías autocumplidas o la teoría del viene el lobo

domingo, 9 de febrero de 2020 · 00:12

Con mucha frecuencia empresas, personas y amigos me preguntan de manera recurrente qué   pasará con el tipo de cambio. Cuando se les responde que no se vislumbra una devaluación, me miran con cara de por qué no me dices la verdad.

En la opinión pública se instaló la idea equivocada de que la estabilidad económica y financiera sólo depende de esta variable. Y cuando se explica que lo que realmente importa es la competitividad de la economía, y que la modificación del tipo de cambio es tan sólo un instrumento de varios que existen para alcanzar este objetivo, el autor de la afirmación es crucificado: ¡Éste no sabe de economía! 

Así mismo, para juzgar la calidad de los programas económicos de los futuros candidatos, un criterio es ver qué dice la propuesta sobre el precio del dólar en bolivianos. Si afirman que no lo tocarán, la conclusión es, a quemarropa, este es un pésimo programa.

Ciertos analistas internacionales y locales también han entrado en el debate monotemático.  Todd Martinez de Bloomberg, siguiendo un informe de la calificadora Fitch, sostiene que Bolivia no tiene suficientes Reservas Internacionales en el BCB para sostener el tipo de cambio. Todos tienen una predicción simplista y pesimista sobre el futuro de este indicador. 

Incluso el responsable de que esta variable sea tan vulnerable por casi 14 años tiene tupé de decir que el problema del tipo de cambio es el más grave de la economía boliviana, después de haber despilfarrado 8.500 millones de dólares, algo como 4,7 millones por día desde   2015.  

A estas actitudes se conocen como profecíasauto cumplidas. ¡Viene el lobo!, ¡viene mi suegra que en realidad es el lobo!, ¡viene el lobo y está hambriento y feroz!  Y realmente, llega el día en que llega el lobo y nos come a todos.

 Una profecía autocumplida o autorrealizada es una predicción que una vez hecha es en sí misma la causa de que se haga realidad. 

Ahora bien, ¿hay razones para insistir en la profecía autocumplida?  Creo que no. Todos necesitamos un mate de tilo, sindéresis y serenidad. El nivel de Reservas Internacionales óptimo que debe tener una economía depende de muchas variables, pero existen algunos indicadores utilizados en las prácticas internacionales sobre estos temas. 

Primero, se debe verificar si esta cantidad de Reservas Internacionales alcanza por lo menos para tres meses de importaciones. Bolivia sí tiene recursos para cubrir un semestre de compras de afuera. Segundo, las Reservas Internacionales deben alcanzar para pagar los intereses de la deuda externa de corto plazo por un año. Este ocurre en nuestro caso. 

Más aún, para proyectar la evolución del tipo de cambio no solamente se debe analizar el stock de las Reservas Internacionales, sino también los flujos que alimentan las reservas (evolución de exportaciones, gasto público, inversión extranjera directa) y las políticas macroeconómicas. Es decir, el tipo de cambio debe ser visto de manera dinámica analizando el sector externo de la economía, la política fiscal y la política monetaria. 

  Cabe recordar que la fragilidad del tipo de cambio estuvo asociada al despilfarro del gasto público, la inversión pública populista y el no haber realizado ninguna reconversión y diversificación de nuestras exportaciones. En la actualidad, se está corrigiendo parcialmente el déficit público, se racionaliza la inversión innecesaria, se fomentan las exportaciones y se está siendo cuidadosos con las importaciones. Por lo tanto, se está retirando las presiones sobre las Reservas Internacionales y se manda una señal de credibilidad a la política cambiaria. Vea el programa financiero 2020 del Gobierno. 

  En un momento político tan delicado, como el actual, se debe ser muy cuidadoso en el análisis del tipo de cambio para no mandar señales negativas a las expectativas de los agentes económicos. Es poco probable que el Gobierno de transición y el próximo consideren devaluar en el corto plazo y mediano. 

En suma, el tipo de cambio es una variable asociada a la reputación de la política económica y tiene elevados componentes psicológicos. Es un indicador muy sensible a los vaivenes políticos y debe ser tratado con extremo cuidado, tanto por el Estado como la sociedad. 

Se debe evitar las profecías autocumplidas y no utilizar el tipo de cambio como arma política durante la campaña electoral. La estabilidad es un patrimonio nacional.

 

Gonzalo Chávez A. es economista.

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