Gonzalo Chávez A.

Gepevo, Chuquiago y Pepito Taparaku

domingo, 1 de marzo de 2020 · 00:13

Gepevo, el viejo revolucionario que había sobrevivido a varios eclipses y huido a las tierras de las brasas  y el buen asado deseaba que su última creación, “ el Chuquiago boy”, un economista de poca madera política y carisma abochornado, pudiera convertirse en un líder de verdad para sustituirlo. En su inmensa bondad, el hada andina de la flor de papa le concedió el deseo, no sin antes advertir a Chuquiago que para ser servidor público real y verdadero debería demostrar que era generoso en la solidaridad, obediente con el padre  y sincero con el pueblo. 

Pepito Taparaku -sabio iniciado en las lecturas de las arrugas, pliegues, estrías, patas de gallo y todo tipo de fruncidos- lo acompañaría y guiaría en esta tarea bajo el mandato sagrado del ama sua, ama llulla, ama quella. Él sería su consciencia ancestral, su “qué te pasa cóndor” en momentos difíciles. 

Los días siguientes, Chuquiago se entregó  a las malas artes de la vida, a la politiquería, pero sobre todo a propagar mentiras, malditas mentirijillas y estadísticas (Disraeli),  sufriendo el castigo, anunciado por el hada  de ver crecer su cola de madera cada vez que diga que dejó bien a la economía boliviana y otros embustes. Gepevo antes de reencaminarlo por la buena vía, lo consiente con elogios de grueso calibre, así lo encadena a sus caprichos. 

No desea un heredero, quiere un clon. Pepito Taparaku se siente alicaído por las maniobras envolventes del jefe de la carpintería. Angustiado, se dedica al canto con más entusiasmo que talento. 

En poco tiempo la cola de Chuquiago tiene varios metros. Primero es cargada por llunk’us eunucos, después por una carretilla que sobró del programa Gepevo Cumple y, últimamente, por un camión. Ahora, el rabillo es gigante debido a que Chuquiago boy afirmó en una entrevista, sin rubor ni anestesia,  que: “En tres meses destruyeron la economía boliviana”. El hada montó en cólera y desmenuzó cada una de las “inverdades” económicas emitidas por el candidato a político. 

Mentirijilla number one. “Han disminuido los depósitos” en los bancos. Respuestilla: A enero del 2020, los depósitos en los bancos son 180 mil millones de bolivianos valor igual a septiembre de 2019, cuando reinaba Chuquiago boy. ¿Dónde está la reducción wawita de pectoral izquierdo? Aquí y a seguir utilizo datos actualizados del Banco Central de Bolivia.  

Falsedad número 2. “Se ha dolarizado otra vez la economía”. En el sistema financiero nacional, la cartera en bolivianos llega a 98,7% y los ahorros al 85%, en enero 2020. Nada muy diferente del pasado. ¡Oops! la colita creció un metro más. Pepito Taparaku no hace su trabajo. Debía estar susurrando  al casto oído de Chuquiago: ¡Ama llulla! hermano y compañero.

Cuentito número 3. En tres meses ... “se ha caído la actividad económica”. La historia real del Producto Interno Bruto (PIB), que mide la generación de riqueza anual en el país es mucho más compleja y diferente: la actividad económica viene cayendo desde 2014. La economía está desacelerada, crece cada vez menos desde que se produjo el fin del superciclo de los precios de las materias primas en el mundo. Es decir, estamos “cuesta abajo en la rodada”, sin prisa pero sin pausa. 

En 2013 se alcanzó el zénit cuando el PIB llegó a 6,8%. En la época, los precios del gas natural, los minerales y la soya estaban en los cielos. Posteriormente, se deterioró el sector externo y comenzamos a bajar: 5,46% en  2014; 4,86% en 2015; 4,26% en 2016; 4,20% en 2017, 4,22% en 2018. En estos últimos años se sospecha que se torturaron los datos para que griten, a los cuatros vientos y un chiflón, las maravillas del proceso de cambio. 

Para despejar las suspicacias de cocina estadística, vulgo manipulación, sería bueno realizar una auditoría en el Instituto Nacional de Estadísticas.  Y, finalmente, en   2019, cuando se hicieron más transparentes las informaciones, el producto sólo creció al 2,79%. Así que la afirmación de que los problemas de la economía boliviana comenzaron en octubre/noviembre del año pasado son el origen del crecimiento de por lo menos 50 metros en el coqueto rabito.

Así mismo, prueba que las dificultades con las sumas, restas y proporciones son un problema colectivo  en el taller de Gepevo, pero es consistente con el anti- imperialismo precoz. Muchos no vieron Plaza Sésamo de chicos, hubieran aprendido la diferencia entre subir y bajar. 

Pepito Taparaku piensa que aún es tiempo de salvar a Chuquiago y convertirlo en un político diferente del padre, pero debe esmerarse para que el apóstol suplente deje de ser un gris apéndice de madera del líder huido que se sumerge en la brumas del cruel olvido.

Gonzalo Chávez A. es economista.

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