Gonzalo Chávez A.

Economía. ¿Tormenta perfecta?

domingo, 15 de marzo de 2020 · 00:13

En 2006 los astros se alinearon para la economía boliviana. El gobierno de Morales se sacó dos loterías: el gordo de los precios de los recursos naturales y la rifa del perdonazo de la deuda externa. En la época se incrementaron significativamente los precios del gas natural, los minerales y la soya, y se redujo la deuda externa de 64% del PIB en 2005 a 17% del producto. Así mismo,  se inicia un periodo de estabilidad social y política inédito. 

En  2020, 14 años después, el ciclo se invierte y se crean las condiciones para una tormenta perfecta: los precios del petróleo, indirectamente del gas, se van al suelo, los valores de los minerales están a la baja y el precio de la soya no termina de recuperarse. Además, se vislumbra un periodo de tensiones sociales e ingobernabilidad socio-política. 

Que ha cambiado a lo largo de estos años en términos externos pues prácticamente nada. El patrón de desarrollo primario exportador sigue el mismo, lo que hace que el comportamiento de la economía boliviana sea totalmente dependiente de algún shock de precios internacional, positivo o negativo. La cola mueve al perro. El mercado interno es una ficción que sólo funciona con pérdida de ahorro interno y endeudamiento.  La economía boliviana nunca estuvo blindada. Ésta fue una demagogia del populismo económico.  

En la semana que termina una vez más el precio del petróleo se reduce dramáticamente, se sitúa en torno de 35 dólares el barril. Se pronostica que el crudo puede volver a costar tan sólo 20 verdes. Tiemblan las finanzas internacionales.

En Bolivia, los ingresos por venta de gas natural volverán a caer y el erario nacional se desangrará. Cabe recordar que los precios del gas que exportamos a los vecinos están completamente conectados o indexados al valor del crudo, a través de una fórmula de precios que se reajusta cada   tres meses.

Para aquellos que sostienen que la crisis económica comenzó en octubre de 2019, es bueno recordarles que la primera reducción de ingresos se dio entre 2014 y 2015, cuando el precio del gas natural que exportamos a Argentina y Brasil cayó de un promedio de  9,25 dólares el millar de BTU (MMBTU) a 5,5. 

A partir de junio de  2020, si persiste el derrumbe del valor del petróleo, el precio del gas natural podría estar entre dos y tres dólares el MMBTU. El shock externo negativo será más drástico para nuestra economía. 

Un otro elemento de la tormenta perfecta es la reducción de los precios de los minerales. En marzo de  2020,  el valor del zinc disminuyó a 0,87 la onza troy;  en el mismo mes del año pasado el precio era de 1,2. Para el mismo periodo, el estaño bajó de 9,8 a 7,5 la libra fina. La plata y el oro subirán ligeramente de precios, pero no compensan las caídas señaladas. 

En lo que se refiere a los precios de la soya, las noticias tampoco son muy alentadoras. Debido al incremento constante de la producción de los principales productores (Estados Unidos, Brasil y Argentina) y la disminución de la demanda de China por alimentos (principal comprador del mundo), resultado de la crisis del coronavirus, se prevé menores precios de los granos en el mercado internacional. Más nubarrones negros sobre el sector externo boliviano.

Como no diversificamos nuestro aparato productivo ni aumentamos la pauta exportadora en el periodo de las vacas gordas, ahora tan sólo resta rezar al santo de los recursos naturales para que los precios de estos bienes reboten volviendo a los valores del año pasado.   

Si a la caída de los precios de  más del 80% de nuestras exportaciones añadimos la dramática herencia macroeconómica dejada por el gobierno de Evo Morales, el escenario es complejo y difícil.  Registramos cinco años consecutivos de déficit comercial. Hasta 2019 son seis años de déficit público elevado. Tipo de cambio real apreciado que fomenta las importaciones legales e ilegales. 

El gobierno del masismo para atenuar estos problemas y ocultarlos dilapidó 8.500 millones de dólares de las reservas internacionales del Banco Central, endeudó al país, y tal vez el pecado más grande fue no haber hecho ningún cambio productivo ni diversificado las exportaciones cuando tuvo la oportunidad de hacerlo, durante el periodo de las vacas gordas. En pocas palabras despilfarró la bonanza económica. 

Crisis del sector externo, deterioro de los indicadores macroeconómicos e ingobernabilidad social y política configuran un escenario de tormenta perfecta.  Para enfrentarla se requiere de un gran pacto social y político que debe surgir de las elecciones de mayo de 2020 y un programa económico disruptivo.

Sólo unidos enfrentaremos este difícil desafío. El próximo domingo presentaremos algunas ideas para superar la crisis que se avecina.

Gonzalo Chávez A. es economista.

84
4

Otras Noticias