Gonzalo Chávez A.

Guerra: unidad, resiliencia y creatividad

domingo, 22 de marzo de 2020 · 00:12

Se avecina una crisis económica de envergadura. Negros nubarrones cargados de rayos de inestabilidad se aproximan por el frente externo. El coronavirus detiene en seco la economía nacional y mundial. La previsión: fuerte desaceleración de la economía boliviana e inclusive recesión.

En la política interna nos encaminamos a un gobierno débil que estará acosado por grupos corporativos con síndrome de abstinencia de rentas estatales.  La crisis del coronavirus, además de reflejar el abandono criminal del sistema de salud histórico, pero en particular de los últimos 14 años, cuando hubo dinero para hacer algo, nos ha desnudado como sociedad.

Estamos polarizados, divididos, desgarrados en el alma. Seguramente abundan las razones históricas, culturales y políticas que explican esta situación. Ciertamente, la navaja de la discriminación, el ácido de la desigualdad, el veneno del populismo  y el fracaso de la educación son también responsables de la muerte de la res-pública (de lo público y colectivo como amalgama) en Bolivia. 

Pero ahora el país entró en guerra. No contra un país, sino contra enemigo nuevo, invisible, impredecible: el coronavirus. Frente a esta amenaza, desde el punto de vista político: unidad, resiliencia y creatividad. 

Operativamente, para combatir la pandemia se debe  parar la máquina productiva y social. El nombre elegante de bajar la palanca de la economía es: distanciamiento social.  Esta es la forma de que la curva de contagio no tenga la forma del Everest y más bien se achate la montaña para verse más como el Mururata. El costo de esta estrategia puede ser una recesión económica. La tragedia es globalizada y tendrá el mismo resultado en todo el mundo. Gente, máquinas, campos y comercio parados.

La fuerte desaceleración e inclusive recesión económica implica caer en un precipicio de los Yungas que puede tener la forma de una curva que se parece a la letra V. La forma de salir del fondo del pozo, de manera genérica, es inyectando dinero en la economía para que empresas y personas vuelvan a producir, emplear y comprar. Políticas fiscales y monetarias expansivas. En otras palabras, volviendo a los políticas keynesianas de sustentación de la demanda agregada para salir del hueco. 

Una primera reacción de corto plazo es inyectar dinero a la economía, perdonar impuestos, renegociar deudas y entregar bonos. También ayudar a empresas, trabajadores y familias asegurando la liquidez, programas de empleo temporal, moratorias de impuestos, hipotecas y pago de servicios. Este tipo de programas se conoce como el keynesianismo tradicional. Es lo que hacer ahora en la emergencia, pero no es sostenible en el largo plazo. 

El desafío es implementar políticas públicas de reactivación productiva más inteligentes, que conecten las acciones urgentes de corto plazo con las necesidades de transformación estructural del aparato productivo y el sistema de servicio social. 

Una crisis también puede ser una oportunidad. Reactivar la economía en cuanto se pavimenta el cambio del patrón de desarrollo y el modelo social. A seguir algunas sugerencias. 

Comencemos con las políticas fiscales. Por supuesto, la prioridad es la salud. Sin escatimar esfuerzos se debe dotar de todos los recursos económicos, materiales y humanos necesarios para doblegar el virus y minimizar las víctimas. Pero la lucha contra la pandemia podría aprovechar para construir un sistema de salud basado en atención primaria (reformar y construir infraestructura), equipar los hospitales con alta tecnología y dotar de nuevos ítems para sector salud.

En un presupuesto plurianual (cinco años) se podría subir la inversión en salud al 12%, primero, y después al 15% del PIB, en el marco de un pacto fiscal.

Reactivación económica con base en la inversión de capital humano, mejora de infraestructura educativa y preservación de empleos de calidad. Inversión en internet de alta velocidad en las escuelas públicas de Bolivia. Programas masivos de becas para estudiantes de carreras tecnológicas.

 Renovación de pupitres y equipamiento escolar con base en proveedores nacionales. Y un programa de protección de empleos formales y de calidad: 1) suspensiones de empleo de manera temporal o, 2) reducciones de la jornada del trabajo. En ambos casos, el Estado se hace cargo de los costos de esta salida coyuntural.

Impulso a la transición energética. Masivos programas de inversión en energía solar y eólica para generar electricidad, a precios subsidiados, para regiones y barrios pobres y empresas pequeñas y medianas   empresas.

  
Gonzalo Chávez A. es economista.

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