Gonzalo Chávez A.

El futuro ya comenzó

domingo, 19 de abril de 2020 · 00:12

Para entender la pertinencia y el impacto de las nuevas medidas económicas adoptadas por el gobierno y pensar en futuras acciones es fundamental dar unos pasos atrás para entender la naturaleza y profundidad de la crisis económica que estamos viviendo. El Banco Mundial vaticina una caída de 3,4% del producto. La peor recesión de la economía boliviana desde mediados de los años 80. 

Estamos en una crisis que se inicia con una contracción de la oferta. La cuarentena paró el aparato productivo del país. Súbitamente se desconectaron máquinas, se cerraron restaurantes, colegios, hoteles, se suspendieron vuelos y partidos de fútbol. Miles de actividades se detuvieron excepto, las esenciales para la sobrevivencia de la población, como la producción de alimentos e insumos de salud y medicinas. La economía boliviana entró en un coma inducido. Solo órganos vitales funcionan.

En un segundo momento y como resultado de la encerrona se produce una retracción de la demanda. Gente confinada en sus casas consume menos bienes y servicios y aumenta su ahorro por precaución. Empresas paradas no compran suministros y no pagan deudas o salarios.

 Inclusive, las compras del sector público se detienen. Para completar la delicada situación, se produce una tormenta externa. Cae estrepitosamente el precio del petróleo/gas natural. Los ingresos de exportación disminuyen significativamente y se hunden las recaudaciones del Estado.

En un escenario internacional muy adverso, la interacción entre oferta y demanda provocará una contratación del producto, una recesión. Entre tanto, estamos frente un fenómeno económico único y desconocido, al igual que el coronavirus. 

Según Iván Werning del MIT una retracción en la oferta creó su propio exceso de demanda. Esto no ocurrió en la historia del capitalismo reciente. Otras crisis recesivas, como la de 1929, fueron resultado de la contracción sólo del consumo y desajustes financieros graves. 

Frente a una crisis de demanda, la receta tradicional keynesiana es reactivar la economía con políticas fiscales y monetarias expansivas. En el primer caso, se entrega transferencias e incrementa el gasto y la inversión pública. En el segundo, se reduce la tasa de interés y aumenta el crédito. En el caso boliviano, vamos por buen camino con la entrega de bonos, el alivio en el pago de deudas y servicios, y los créditos para el sector de las pequeñas y medianas empresas. 

Pero como mencionado, este no es un fenómeno sólo de falta de demanda sino también de una rigidez en la reacción de la oferta. Y es aquí donde entramos en un terreno desconocido y muy complejo. Obviamente durante la cuarentena inyectar liquidez ayuda solo a ciertos sectores, por ejemplo alimentos y medicinas pero no así a los restaurantes o venta de ropa que están cerrados. Con la mayoría de la economía parada, técnicamente, el efecto expansivo del multiplicador de gasto es menor.

La salida de confinamiento será lenta y por partes. Algunas actividades volverán producir antes que otras. Los negocios que impliquen compras donde se junte mucha gente se reactivarán en más tiempo y/o funcionarán a media máquina. La experiencia internacional muestra que colegios, cines, transporte, restaurantes y otros podrían funcionar al 50% por mucho tiempo. 

Por ejemplo, después de la cuarentena, ¿cuánta gente podrá viajar dentro de un minibús? ¿En una sala de aula que tiene una capacidad para 30 estudiantes, cuántos podrán volver? Es decir, en el mediano plazo, parte de la oferta continuará restringida en muchos sectores, en especial servicios. El efecto multiplicador del consumo continuará limitado. Retornando a la metáfora del coma inducido. Una vez que se despierta al paciente no todas las funciones vuelven inmediatamente. Se necesita, por ejemplo, hacer fisioterapia para reactivar brazos y piernas después de pasar 40 días en cama. 

Por lo tanto, también se debe comenzar a pensar en cómo trabajar por el lado de la oferta. Es decir, de qué manera ayudaremos a que nuestro aparato productivo y comercial vuelva a sus plenas funciones. Más aún, el desafío/oportunidad es reinventar el patrón de desarrollo.  Para esto se necesita un gran acuerdo político y social y un plan económico de recuperación. A seguir algunas ideas centradas en la oferta. El futuro ya comenzó. 

 Nuevos créditos blandos y reprogramación de antiguos priorizando los sectores más golpeados por la cuarentena y la crisis.  Inversión pública masiva en salud y educación. Internet de alta velocidad gratuito para los estudiantes e impulso a la educación virtual. Inversión en energías renovables que nos hagan menos dependientes de los ingresos del gas. Inversión en programas de apoyo al emprendimiento tecnológico y desarrollo productivo. Bonos inteligentes conectados a la educación, la productividad y el medioambiente.

Gonzalo Chávez A. es economista.

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