Gonzalo Chávez A.

Pasar de curso por decreto

domingo, 7 de junio de 2020 · 00:13

En la semana que termina se publicó la noticia de que las federaciones de estudiantes de secundaria de El Alto y La Paz expresaron su rechazo a la educación virtual y exigieron que en la presente gestión educativa nadie se ha reprobado. Todos deben pasar con la nota mínima de 51. 

Frente a la información, una primera tentación fue engrosar las filas de los que en las redes sociales comenzaron a repartir cocachos y jaladas de patillas virtuales a los jóvenes. Pero respire profundo y recordé que yo fue víctima de estas prácticas bárbaras del pasado, cuando se pensaba que la letra entraba con sangre. Pasado el susto, cabe la reflexión.

La propuesta de este grupo de jóvenes, espero que minoritario, en realidad es un espejo de cómo ciertas élites entienden la educación en el país, en especial ciertos políticos.

Por una parte, está el rentismo construido en 195 años de historia política. Todos queremos favores del Estado. Para conseguirlos nos organizamos en corporaciones, sindicatos, federaciones y ejercemos presión. La mayoría de los grupos sociales piden rentas, privilegios financieros, menores impuestos, incrementos de salarios, ciertas obras y, en la misma línea, pasar de año por decreto

Así mismo, a pesar de la envoltura, muchas veces revolucionaria, en general las corporaciones son conservadores, no aceptan el cambio, prefieren el privilegio. Rechazar la educación virtual va en esa dirección. Aunque habría que matizar y espero, de todo corazón, que lo que realmente quisieron decir es que no aceptan la educación digital porque no tienen acceso al internet o computadoras. Por supuesto, si fuera el caso tienen toda la razón.

La declaración de los estudiantes también refleja la desvalorización simbólica de la educación que hace muchos años se hace desde el poder. En el gobierno de Evo se profundizó la devaluación del conocimiento.  Para acceder al Estado no se necesita estar capacitado. El voluntarismo, tener los buenos deseos y buscar justicia son suficientes. Queda en un segundo plano la preparación y la educación. 

El tema es antiguo, se remonta a Aristóteles. ¿Quiénes deben gobernarnos? ¿Los más aptos o los más representativos o sensibles? En esta columna no pretendemos resolver esta antigua polémica.  Simplemente señalar que cuando predomina en el acceso al poder las lealtades políticas antes que conocimientos y saberes, las señales que se manda a los radares de los jóvenes es clara: milita y no estudies.  

Pero este fenómeno de desvalorización de la educación no es exclusivo de la política. También está presente en la economía. En un país donde prevalecen los sectores de baja productividad se reduce el premio a la educación. En simple: estudiar no es un buen negocio.  

Generalmente se observa desarrollo económico y bienestar cuando un país traslada a la población en edad de trabajar de un sector de baja productividad, por ejemplo la agricultura, a otro de mayor productividad, el sector manufacturero. En esa transición se valoriza el conocimiento y  la educación que, a su vez, se traduce en hacer mejor y más rápido bienes y servicios. 

El aumento de la productividad se premia con mejores salarios.  A eso se llama el premio a la educación. En 1994, en Bolivia, tener un año adicional de educación significaba ganar más dinero. Sin embargo, en los últimos 20 años, estar mejor preparado no aumentó el ingreso, porque el grueso de la población en edad de trabajar fue forzada a ir a un sector de menor productividad que el agropecuario, a la economía informal.

En ésta se puede mejorar económicamente sin educación, pero como lo ha demostrado en la crisis actual, esta salida de la pobreza por ingresos  es absolutamente frágil y coyuntural. 

Así que no habría que extrañarse que algunos de nuestros jóvenes rechacen la educación virtual y quieran pasar por decreto. Son nuestro espejo. Simplemente están reflejando el ecosistema económico, social y político que se creó en los últimos años. 

El desafío que Bolivia, enfrenta es brutal: Revalorizar la educación y desintoxicar a los jóvenes de la ideología del rentismo y conformismo. Estudiar es la inversión más valiosa de una sociedad puede hacer. El capital humano es la base de las nuevas economías digitales en construcción.  

A pesar de todo, no pierdo las esperanzas, sé que hay miles de niños y jóvenes que no tienen otro camino que no sea la educación. También conozco decenas de profesores con enorme voluntad de superación. Corresponde a las élites cambiar el ecosistema. 

Gonzalo Chávez A. es economista.

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