Gonzalo Chávez A.

Plegarias poderosas, sector externo y las joyas de la abuela

domingo, 20 de junio de 2021 · 05:12

Cuentan las malas lenguas que en el equipo económico del Gobierno boliviano existe un grupo de oración. Todas las noches, después del expediente, se juntan, tiernamente se toman de la manos y rezan; lanzan conjuros, hacen milluchadas, entierran sullus, realizan siete fumarás poderosas, invocan a San Lenin y gritan mantras para que suban los precios del petróleo y/o los minerales en el mercado internacional. Los destinatarios de todos estos eclécticos pedidos son los santos de las materias primas y ramas anexas. 

Felizmente, para beneplácito general, al parecer las deidades están escuchando los ruegos. Los precios del petróleo están alrededor el 70 dólares el barril, lo que equivale a algo entre seis y siete verdes el millón de BTUs de gas natural. Así mismo, los valores de los minerales están aumentando (Plata = 26.4 dólares la onza troy, Estaño = 14.4 dólares la libra fina, Oro = 1.800 la onza troy) y, lo que es mejor, hasta la soya está de subida y ahora se cotiza en 1.300 dólares el bushel). 

En realidad, los santos de las materias primas están respondiendo a los mimos fiscales en los países desarrollados. Jugosos gastos e inversiones públicas están recuperando el dinamismo económico en los países desarrollados. Estas una vieja historia. Para una pequeña, poco diversificada en términos productivos y tomadora de precios en los mercados internacionales, como la nuestra, las buenas y malas noticias vienen del sector externo. Así fue entre el año 2005 y 2014, cuando nuestras exportaciones subieron de algo como 3.000 millones de dólares, en el 2006, a un poco más de 12.000 millones de dólares, se produjo una bonanza económica notable.  Sin embargo, entre los años 2015 y 2020, nuevamente vino un periodo de vacas flacas. Perdimos el 30% de nuestras ventas al exterior, como resultado del cambio de humor de los santos de las materias primas que bajaron los precios.

Por supuesto, que la bonanza externa fue atribuida a las virtudes del modelo económico del gobierno del MAS, pero el colapso fue responsabilidad de oscuras fuerzas externas. 

Por lo tanto, nuestra economía es sumamente sensible a la volatilidad de la economía mundial. En los últimos meses se ven atisbos de mejora en el sector externo boliviano. Mejores precios del gas, minerales y soya, pero también recuperación de las remesas internacionales de los bolivianos que hace muchos años descubrieron que la única salida a la crisis estructural de Bolivia era un aeropuerto. Ahora que mejoran sus condiciones económicas en España y/o Estados Unidos vuelven a mandar dinero a los parientes pobres. 

Pero en otras partes de la balanza de pagos - que es el instrumento de registro sistemático de las transacciones económicas de Bolivia con el mundo - las cosas no están bien en este 2021. Por ejemplo, la inversión extranjera directa (IED) es una de las más bajas de los últimos ocho años. Cayó en más de 1.000 millones de dólares.  Asimismo, los préstamos internacionales no llegan, ya sea que vengan de la cooperación internacional o de mercados privados. Cabe recordar que el presupuesto general de la nación del 2021 prevé que, por préstamos, entren 5.750 millones de dólares, 2.750 millones de dólares de instituciones internacionales y 3.000 millones de dólares por la venta de bonos soberanos. Estos recursos son vitales para sostener el crecimiento económico pero aún no entran a la economía.

En suma, en la balanza comercial, otro componente de la balanza de pagos, las exportaciones aumentan pero también las importaciones, en especial las ilegales. Una aproximación a este valor es el ítem de errores y omisiones que se detalla en la balanza de pagos de Bolivia. Según fuentes oficiales, en el primer cuatrimestre de 2021 este valor habría sido de 411 millones de dólares, esto quiere decir que buena parte de la recuperación económica se basa en el sector comercial informal. De hecho, el sector empresarial forma ha estado reclamando sobre el contrabando. 

Desafortunadamente, el modelo extractivista-comercial consiste en que el Estado mete dinero a la economía a través de bonos y otros gastos y como el tipo de cambio real está apreciado (los precios de bienes de otros países están baratos), el grueso de estos recursos van a importaciones legales e ilegales. Por supuesto, esto mueve la economía, vinculada sobre todo al comercio y los servicios, pero al mismo tiempo resta divisas internacionales y perjudica a la industria nacional. 

Es el sector externo (la balanza de pagos) de la economía boliviana que aumenta o reduce las reservas internacionales (RI) del Banco Central de Bolivia (BCB). Esta variable es central para mantener el tipo de cambio nominal fijo. En 2014 las RI alcanzaron el pico máximo de 15.122 millones. Buena parte de estos recursos se originaron en los superávits de la balanza comercial (2006 y 2014).  A partir de 2015, esta tendencia positiva se revierte y las sacrosantas RI comienzan a disminuir. En efecto, entre este año y  en 2019, cuando gobernaba el Presidente Morales, las RI disminuyeron en 8.655 millones de dólares. Bajaron de 15.122, en  2014, a 6.467 millones en 2019. Esto equivale a una reducción promedio anual de 1.731 millones. Por mes 144 millones y por día, 4,5 millones de verdes. Entre 2020 y el primer semestre  de 2021 (mayo) las RI cayeron a 4.764 millones, de las cuales están en oro $US 2.504. En este contexto de escasez de divisas, preocupa  que el Poder Ejecutivo envíe un proyecto de ley a la Asamblea para que ésta autorice al BCB la compra de oro en Bolivia. Cabe recordar que ya existe la Ley 175 del 11 de octubre de 2011 con el mismo propósito. La diferencia sería que este nuevo proyecto de ley también autoriza la venta de oro. ¿Será que estamos raspando la olla y estamos preparando la venta de las joyas de la abuela? Ojalá que los santos de la mesura y la sindéresis nos protejan. Propongo otro grupo de oración.

Gonzalo Chávez A. es economista.

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