Gonzalo Mendieta  Romero

Una manito, así sea de Estados Unidos (o Europa)

sábado, 5 de junio de 2021 · 05:12

Las relaciones con el primer mundo toman otro cariz en la izquierda regional en el poder y, tal vez de rebote, aquí. Comenzó Argentina, cuyo gobierno es luz, faro y guía de las acciones nacionales, como tantas veces en nuestra historia, no siempre para bien. No voy a ser descortés poniendo ejemplos odiosos, pudiendo recordar otros.

En abril, Alberto Fernández se reunió con el director para el Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Juan González. La deuda argentina al FMI le provoca más pesadillas al mandatario porteño que el dogal de su vicepresidenta, que ya es decir. Aunque al kirchnerismo no lo haga feliz, Alberto sabe que Estados Unidos cuenta en el FMI. Por eso, después, por cabildeo gaucho, 70 congresistas demócratas clamaron en Washington D.C. para que la Casa Blanca exija al FMI la suspensión de pagos de la deuda argentina que vence este año.

Para remachar, el menos poderoso (que, para beneplácito del feminismo, es varón) de los dos Fernández argentinos visitó a Pedro Sánchez, Angela Merkel y al Papa Francisco, entre otros. La guita del FMI fue también motivo de esa ronda porteña por Europa.

Y perdonen la digresión, pero a Alberto no se le ocurrió reclamar a la Unión Europea supuestas actividades “golpistas” en Bolivia el 2019. Pese a que Buenos Aires secunda en general las tesis del MAS de lo ocurrido en Bolivia ese año, Fernández deja esas extravagancias para los confines de estas provincias altas y amazónicas. Alberto sí tiene que ocuparse de verdad de su política nacional e internacional. No va a comprometer las relaciones de su país por causas febles y encima ajenas.

En el otro extremo del Sur, Maduro intenta que Biden levante las sanciones de Trump. Como gesto, Venezuela concedió la detención domiciliaria a ejecutivos estadounidenses de la petrolera Citgo, encarcelados en Caracas desde 2017.

Biden, por su lado, aunque excluye a Venezuela de la donación de vacunas, no lanza a Caracas los bombazos verbales de su predecesor. Más bien ha dejado saber que contemplaría suavizar las sanciones a Venezuela, según señala The Economist, revista que igualmente cita en off a un diplomático. Éste apunta que en Europa “la idea estos días es que el régimen (venezolano) mejore, no que sea cambiado”. Los conciertos para Guaidó dan paso a modestas tesis del mal menor y las mejoras incrementales.

En Bolivia también hay giros. Toda semejanza con Buenos Aires y Caracas es mera casualidad, dirá Evo. Porque, en lugar de festejar la detención de Murillo, Evo atinó a un recato poco característico y luego ofreció sus conjeturas de qué viene detrás de Murillo, calculando jugadas norteamericanas a tres bandas. Al grado que Evo acabó compartiendo la tesis de sus enemigos de que Washington acusará un día cercano a personalidades del MAS.

Ayudaría que Evo consuma té de tilo o mate de lechuga, no de coca. Su tensión arterial perjudica a su hermano Luis y aún más a su hermanastro David, autor del Convenio Marco con Estados Unidos cuando era canciller, hasta que JRQ le pinchó el globo.

En medio del affaire Murillo, la Ministra de la Presidencia declaró que se han restablecido relaciones de confianza con Estados Unidos. Y el canciller hizo conocer que Estados Unidos mantuvo informado al gobierno antes de la detención de Murillo. Mayta valoró esa conducta norteamericana.

En reciprocidad, la encargada de negocios Charisse Phillips despachó, en una entrevista en La Razón, un canastón para Bolivia: intercambio comercial, alegando que Estados Unidos es el mercado más grande de Bolivia; apoyo a un proyecto del presidente Arce para biodiesel; el interés de empresas gringas en el litio; la exportación agrícola y la posibilidad de expandir ese mercado; lazos entre las industrias ganaderas de Estados Unidos y Bolivia. Y puso la guinda de más vacunas que, Biden acaba de refrendar, llegarán al país. Rogelio Mayta también valoró esa promesa en un tuit.

No hay que ser Kissinger o Zhou Enlai para confirmar que algo se mueve, quizá porque la necesidad tiene cara de hereje, aunque inquiete a Evo y a JRQ, pero para eso sirva el té de tilo.


Gonzalo Mendieta  Romero es abogado.
 

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