Alias Agatha

Hace 50 años…

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viernes, 20 de octubre de 2017 · 00:00
"…se lanzaba la revista Rolling Stone; el verano de la ira se combinaba con el del amor; Muhammad Alí se negaba a enlistarse para la guerra en Vietnam; se proyectaba por primera vez El graduado (con la inolvidable Señora Robinson); Jimmy Hendrix saltaba a la fama, al igual que The Doors; los Beatles lanzaban su obra maestra, el Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band; en Argentina, se conformaba el grupo Almendra y en Bolivia, se presenciaba la llegada y muerte del mítico guerrillero Ernesto Che Guevara. 
 
Sí, todos esos acontecimientos ocurrieron en un mismo periodo de tiempo, uno de los años más emblemáticos e importantes de la segunda mitad del siglo XX: 1967. 
 
Hoy, en el marco de las múltiples conmemoraciones de los "50 años de…”, creo pertinente analizar ¿cuáles han sido las principales consecuencias de estos hitos culturales y políticos en el devenir social?  
 
Ciertamente, parece imposible presentar efectos comunes de tantos y tan diversos eventos. Sin embargo, este atrevimiento no sólo se basa en el año en el cual todos ellos se produjeron, sino en la identificación de tres consecuencias que comparten sin excepción: la consolidación de las culturas juveniles; la apuesta por relacionar cultura-política-juventud y, finalmente, la construcción de un imaginario colectivo para una "nueva generación”. 
 
Evidentemente, se habla de "la juventud” y  "el joven” desde las primeras décadas del siglo XX (Ortega y Gasset (1928) o Tihamer Tòth (1938). Sin embargo, recién a partir de las décadas de los 50 y 60, se empieza a SER joven y a ejercer como tal. Surgía una nueva conciencia generacional.
 
El "baby-boom”, producto de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), y el sabor amargo que deja este histórico acontecimiento, fueron dos elementos fundamentales para el desarrollo de esta incipiente identidad. Para la construcción de la misma, la música jugó un rol fundamental. 
 
Inicialmente, fue Elvis o las "mod bands”. Pero estas sólo expresaban la condición de la diferencia con los adultos más que un lenguaje juvenil particular. Con la llegada del rock, particularmente con artistas como los citados inicialmente, los jóvenes no sólo plantean la diferencia con sus padres, sino con un sistema social en general (esto último también representado en la película El Graduado). Consolidan su sentido de pertenencia con una comunidad particular, que en el rock y su "performatividad” hallan su principal canal de expresión, aunque no fuera el único. 
 
Para finales de los 60, este posicionamiento juvenil cultural empieza a relacionarse con causas políticas particulares, a diferencia del emblemático "Rebelde sin causa” de la década anterior. La guerra en Vietnam y la lucha por los Derechos Civiles de los afro descendientes, en Estados Unidos -ilustradas con la postura  del boxeador Alí y el "verano del odio”, citados inicialmente- marcaron la politización de las culturas juveniles, particularmente en el  país del norte. 
 
Sin embargo, este proceso se replicaría en otras regiones del mundo, donde el vínculo generacional con la política implicaría una nueva forma de ser joven. Por supuesto, el "mayo francés” del 68 marcó un hito al respecto. Pero antes, en Bolivia, se presenció un suceso quizás de mayor envergadura para la juventud del país y de la región: la llegada y muerte del Ché.
 
Este acontecimiento incitó una serie de reflexiones y múltiples enamoramientos hacia la figura argentina-cubana, que había protagonizado la también emblemática Revolución Cubana (1959). A partir de este hecho, y dadas las condiciones del contexto local –el ciclo de gobiernos de facto había iniciado-, los jóvenes empezaron a formarse en frentes de acción política particular. 
 
Así, a partir de 1967, se consolidaba el ser joven y esta condición se relacionaba con una práctica política generacional. Ambos procesos producirían además una tercera consecuencia: la construcción de un imaginario colectivo particular, el ser joven… y nada más.
 
Particularmente, considero que ese fue el efecto más importante de aquello que pasó hace 50 años (y algo más). Nació la construcción imaginada de una nueva generación, vigente hasta hoy. Por supuesto, cambiada, ampliada, diversificada y, en muchos casos, despolitizada. Pero una generación que representará siempre la innovación… o al menos así lo creo yo. 
 
Guadalupe Peres-Cajías es docente universitaria y especialista en investigación en comunicación. 

 

 


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