Las “narrativas de la mutilación”

viernes, 19 de octubre de 2018 · 00:09

En 1825, Bolivia nació como un país que comprendía dos millones de kilómetros cuadrados. Hoy, su extensión es poco más de un millón, consecuencia de los conflictos bélicos con sus vecinos.

Entre aquéllos, el que se tuvo con Chile, en el marco de la Guerra del Pacífico (1879), es el más recordado y sentido por la población boliviana, como se evidenció en las múltiples expresiones de la ciudadanía, que lamentó la reciente decisión de la Corte Internacional de Justicia en la Haya, y de políticos que insisten en que pueda ser reconsiderada, en un vano intento por evitar el resultado.

Más allá de la importancia geopolítica que significó la pérdida de la cualidad marítima para Bolivia y en vista de la vigencia de su debate, considero pertinente analizar ¿por qué nos afecta tanto “el mar” ¿por qué pensamos más en esa pérdida que en preservar los territorios que tenemos en la actualidad

Estas preguntas pueden ser respondidas a través de un concepto que denominé“las narrativas de la mutilación”, un conjunto de grandes relatos, que basados en la pérdida del acceso al mar Pacífico han incidido considerablemente en la identidad nacional boliviana.

Cabe aclarar que esta nominación ha sido conceptualizada parafraseando a H. Bhabha (2010), a partir de sus reflexiones sobre la nación y la narración, y a R. Loayza (2011), que menciona la “mutilación” en su caracterización sobre las bases de la identidad boliviana. Asimismo, que estos relatos no son coyunturales, como tampoco lo son sus consecuencias.

A finales del siglo XIX, el país estaba en un periodo de inestabilidad y las élites bolivianas temían por las crecientes demandas de reivindicación indígena. Por ello, como explica M. Maric (2017),“la Guerra del Pacífico fue vista como un conjunto de pérdidas, con el que buscaron constituir el factor de unidad nacional”.Sin embargo, como afirmaría Gotkowitz (1999), “la dimensión de frustración que tales acontecimientos han producido, dificulta la formación de una imagen positiva del ‘yo nacional’”.

Así, la identidad boliviana que se germinaba, para lidiar con las diferencias internas, estaba basada en una imagen derrotada y “de pérdida”, que atravesaría la conciencia colectiva por siglos, generando su apropiación plena. Poco habría importado el carácter “negativo” de esta identidad nacional. El objetivo era hacer sentir y vivir una causa común: recuperar el mar mientras se llora su arrebato.

Por lo mismo, gobiernos con ideologías distintas y en diversos periodos han hecho uso de estas narrativas y varios han insistido en intensificar su circulación y apropiación. Por ejemplo, mientras Mamerto Urriolagoitia recibía los restos de Eduardo Abaroa en un fastuoso y protocolar acto, el 22 de marzo de 1952, a pocas semanas de que llegaran los nacionalistas con su triunfante revolución, estos últimos reafirmaron el 23 de marzo como el Día del Mar, en 1963, ante la crisis que atravesaba su gobierno.

Posteriormente, en 1973, la dictadura de Hugo Banzer contribuyó con sostener estas narrativas, que además serían fortalecidas con un tono militar, como habría de esperarse de aquel gobierno. Se desarrolló la “Semana del Mar”, donde se posicionó la imagen de Abaroa como un elemento de cohesión en la ciudadanía para despistarla de las injusticias que se producían.

Transversalmente al uso político que se ha dado a “las narrativas de la mutilación”, la escuela y los medios de comunicación han contribuido a sostenerlas y a permitir su apropiación. Ejemplo de aquello es la canción de Pedro Telmo… Yo quiero un mar,un mar azul para Bolivia. Tonada instruida a los más pequeños en las escuelas como anticipo a los siguientes himnos, que se repetirán con fervor e insistencia en cursos posteriores, como Recuperemos Nuestro Mar o la Marcha Naval.

Todos estos comparten el sentido de un radiolocutor, quien insiste luego de cada transmisión del Himno Nacional con “volveremos a los puertos del Pacífico”. Un sentir que también se refleja en ellibro Evito y el mar,presentado por el Gobierno boliviano actual.

Así, a través de “la pérdida” hemos construido nuestro sentir nacional. Con el reciente fallo de La Haya, ¿podremos pensar en otras alternativas

Guadalupe Peres-Cajías es docente universitaria y especialista en investigación en comunicación.

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