Alias Agatha

¿Dónde están?

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viernes, 04 de mayo de 2018 · 00:05

“Los amigos del barrio pueden desaparecer/ Los cantores de radio pueden desaparecer/ Los que están en los diarios pueden desaparecer/ La persona que amas puede desaparecer/ Los que están en el aire pueden desaparecer en el aire/ Los que están en la calle pueden desaparecer en la calle/ Los amigos del barrio pueden desaparecer/ Pero los dinosaurios van a desaparecer”. 


Con estas profundas y acertadas palabras, el argentino Charly García denunció en su canción Los dinosaurios uno de los crímenes más dolorosos que se practicaron en las dictaduras de la región, entre 1971 y 1989: la desaparición forzada. 


En Bolivia, uno de los principales responsables de implementar esta terrible práctica fue el recientemente fallecido Gral. Luis García Meza. A pesar de que hasta el último instante él negara su responsabilidad con éste y otros crímenes, las pruebas que ofrece la historia de su mandato de facto demuestran su culpabilidad. No por nada llegó a ser condenado por 30 años, sin derecho a indulto, aunque varios años los “cumplió” internado en el Hospital Militar. Un privilegio excesivo para este siniestro personaje. 


Su muerte inevitablemente evoca en los bolivianos el dolor por el periodo que gobernó, caracterizado por la persecución, la tortura, el exilio, la muerte y la fatal desaparición de aquellos que pretendían defender la democracia y que no coincidían con las consignas de aquel régimen. 


Sumado a este sentimiento, que se atraviesa en la garganta y que incita a brotar lágrimas, son también inevitables, la preocupación y el enojo, al pensar que García Meza dejó más dudas que respuestas en una carta póstuma, cargada de cinismo y carente de un mínimo de humanidad. 


Por eso, las preguntas persisten y deben insistirse: ¿dónde están los cuerpos de los tantos desaparecidos, como Marcelo, Carlos o Juan de Dios? ¿Cuál fue la articulación de esta dictadura con el Plan Cóndor? ¿Cuáles fueron los pormenores de este fatal periodo? 


Esta serie de dudas deben ser respondidas por la instancia que ha conformado el Gobierno, la Comisión de la Verdad, con la colaboración imperativa y activa de las Fuerzas Armadas, y la participación de una ciudadanía debidamente informada y consciente de este proceso de reconstrucción histórica. 


En agosto pasado, el Estado boliviano aprobó la conformación de la denominada “Comisión de la Verdad”, presidida inicialmente por Nila Heredia y ahora, en alternancia, por Edgar Ramírez. Esta comisión ha sido la última en constituirse en la región y en su breve periodo de existencia no pudo obtener información relevante de García Meza ni de su “mano derecha”, Luis Arce Gómez. 


La comisión afirmó que García Meza había sido “reacio” a colaborar con las investigaciones. No obstante, habrá que ver cuáles son los procedimientos idóneos para desentrañar los datos que permitan esclarecer las desapariciones y los tantos otros detalles ocultos de este periodo dictatorial. 


Para ello, considero fundamental insistir en los acuerdos con uno de los actores claves en la reconstrucción histórica del periodo dictatorial: las Fuerzas Armadas. Esta instancia debe asumir un compromiso activo para abrir los archivos que sean necesarios y ofrecer las entrevistas pertinentes  para el relevamiento de datos. 


Asimismo, la Comisión de la Verdad en coordinación con las Fuerzas Armadas deberán informar a la ciudadanía -con énfasis en instancias como la Asociación de Familiares de Detenidos, Desaparecidos y Mártires por la Liberación Nacional de Bolivia (ASOFAMD)- sobre todos los detalles vinculados a sus investigaciones. 


La conciencia ciudadana sobre la dictadura es una responsabilidad colectiva, pero serán aquellas instancias del Estado que permitan construirla. Pues, como indicó la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en 1985, “Toda sociedad tiene el irrenunciable derecho de conocer la verdad de lo ocurrido, así como las razones y circunstancias en las que aberrantes delitos llegaron a cometerse, a fin de evitar que esos hechos vuelvan a ocurrir en el futuro”. Que no vuelvan. Nunca más.
 
Guadalupe Peres-Cajías  es docente universitaria y especialista en investigación en comunicación. 

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