Alias Agatha

Vigilados y castigados

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viernes, 01 de junio de 2018 · 00:05

“La generalidad carcelaria, al jugar en todo el espesor del cuerpo social y al mezclar sin cesar el arte de rectificar al derecho de castigar, rebaja el nivel; a partir del cual, se vuelve natural y aceptable el ser castigado (…) es el aparato de castigo más conforme con la nueva economía del poder, y el instrumento para la formación del saber que esta economía misma necesita”.

Así, en Vigilar y castigar, M. Foucault (1975; 2003) explica las condiciones y resultados del disciplinamiento en la era moderna. Analiza y cuestiona el abuso de poder, amparado bajo “la norma”, con el fin de someter y condenar a los sujetos, en pro de sostener el control, el orden y el establishment. Tareas ejercidas por un sistema, representado en las cárceles por la Policía. 

Esta reflexión llama mi atención pues permite explicar los abusos cometidos por la Policía boliviana, en los últimos días, legitimados por autoridades del gobierno central, reflejando la aplicabilidad de la teoría “foucaultiana”. 

¿Cómo el Gobierno central promueve un disciplinamiento colectivo, a través del abuso de la norma en pro de su poder establecido? 

Los casos más emblemáticos, de las agresiones policiales, permiten reflejar los tres niveles de ese proceso, explicado por el mencionado filósofo: El caso de la funcionaria edil Yamile Cáceres muestra el “suplicio” (producto de la venganza del soberano); el reproche a la cruceña María Anelín Suárez refleja la función del “castigo” (privar al individuo de un derecho); y el caso más lamentado, por su fatalidad, el de Jonathan Quispe manifiesta la instauración de la “disciplina” (no sólo por la agresión a la cual se vio expuesto, sino por los discursos que se produjeron para legitimar la misma). 

“¿A usted le han enseñado los grados señorita?” preguntó con voz altanera el subteniente policial a Yamile Cáceres, luego de que ella le solicitara acomodar su vehículo, en función a la política municipal de orden vehicular, en La Paz. 

En nombre de “su grado superior”, el policía no sólo se negó a responder la demanda de la funcionaria, sino que la agredió y posteriormente la demandó por “impedir o estorbar el ejercicio de funciones”. 

Mientras tantas demandas duermen en la justicia boliviana, esta tuvo respuesta inmediata gracias al fiscal Tomás Choque y, ciertamente, al actor que se jactó de su jerarquía, cumpliendo así con el “suplicio” del disciplinamiento: “es la venganza del soberano” a través de la “función jurídico-política, pues restituye la soberanía lesionada”. 

En el segundo caso, “la Policía mujer me dice que por favor, si usted no se cubre, me van a castigar, (…) yo le respondí yo me voy a poner la chompa por vos, no por él (policía varón)  porque él nos viene amenazando” relató María Anelín Suárez, luego de que mostrara una camiseta con el lema “Bolivia dijo No” en la inauguración de los juegos sudamericanos, en la ciudad de Cochabamba.

Amenaza y sometimiento a la voz de la disidencia, que pretendía manifestarse a través de una prenda. Otra muestra del disciplinamiento. Se usa “el castigo como técnica de coerción de los individuos, que somete al cuerpo (…) al cual se le concibe como instrumento– (al) privar al individuo de un derecho (por ejemplo, de la libertad)”. 

Decisión legitimada por dos autoridades del establishment: el gobernador de Cochabamba, Iván Canelas, y el ministro de Gobierno, Carlos Romero. Se promueve al “castigo” como parte de la política del poder instituido. Algo que se revela con más nitidez en el triste caso de Jonathan Quispe, el estudiante que falleció durante una movilización estudiantil, reprimida por la Policía, en la ciudad de El Alto.  

No discutiré ahora la autoría, si fue una bala o una canica. Esto debería revelarse con una investigación seria y densa, no en pocas horas, como justificativo a la violencia contra los estudiantes. Las declaraciones del citado Ministro, sobre este caso, revela la noción de disciplina que pretende ser establecida, pues “el poder produce una realidad, ámbitos de objeto, rituales de verdad”, en función de su anhelo de control y dominio.  

¿Qué haremos al respecto? Acciones o al menos reflexiones. Todo aquello que sirva para evitar nuestra posible bienvenida a un panóptico de sometimiento.

Guadalupe Peres-Cajías es docente e investigadora en comunicación social. 

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