Alias Agatha

Milena, más allá de sus cartas

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viernes, 08 de marzo de 2019 · 00:10

“Hoy, por primera vez desde que regresé a Praga, según creo, he soñado contigo. Fue hacia la mañana. Un sueño breve y profundo, después de una mala noche. No recuerdo muchos detalles (…) Lo que hemos visto hasta ahora es ‘sólo’ Milena. ‘Sólo’ y de ese ‘sólo’ vivo yo. (…) Y bien, aquí estoy, está tan nublado como antes y mañana no recibiré carta y el sueño es la última noticia que he recibido de ti”. 

Así, con una apasionada y a la vez nostálgica pluma, Franz Kafka escribía una de sus tantas cartas a Milena Jesenská. Su inspiración, su amiga y su amante, principalmente epistolar, por dos años. Tiempo que bastó para desatar uno de los amores más recordados de la literatura moderna. 

Sin embargo, hoy, a propósito del Día Internacional de la Mujer, propongo recordar a Milena más allá de la correspondencia intercambiada con Kafka. Pues su historia es una inspiración para las luchas por la liberación y los derechos de la mujer, que se recuerdan en esta fecha. 

Principalmente, por su pugna contra los estrechos márgenes que se imponían a las mujeres; su activismo político para denunciar la injusticia y apoyar a los perseguidos; y su valiente capacidad para promover una liberación femenina ontológica. 

Milena nació en 1896, en el seno de una familia burguesa, en Praga (en la entonces Checoslovaquia). Desde adolescente se rebeló contra el sistema social, particularmente relacionado al “deber ser” de las mujeres. Así, escapó del deseo de su padre por aplacar su rebeldía y también cuestionó (ya en su adultez), que “para una mujer, tener demasiadas iniciativas es un castigo. Los hombres, incluso los débiles, sólo lo toleran con agrado durante un corto período de tiempo. Luego, se buscan a otra mujer, una frágil muñequita de boquita redonda que se siente en el sofá con las manos en el regazo y los contemple con admiración”. 

Sus competencias reflexivas fueron cultivadas gracias a su formación humanista. A partir de las mismas  fue reconocida como una feminista activa, que formaba parte de la “inteligentzia”.

Asistía a los cafés y bares de Praga a participar con elocuencia, ganándose el respeto de la asistencia, que era principalmente masculina. Creía en ampliar la participación femenina en el espacio público. Por lo mismo, se convirtió en una reconocida periodista, cuyo “trabajo de cronista  forma parte de lo mejor del periodismo checoslovaco de preguerra”, indica Guillermo Saccomano (2017).

En esta labor, supo reflejar debates sobre la condición social de las mujeres. Pero también amplió su reflexión a la denuncia de la injusticia, más allá del género. “Nos interesaría saber qué ha sido de los muchos comunistas y sencillos trabajadores checos que hace años fueron a Rusia. […] ¿Nos enteraríamos al final de que la mayoría de ellos se hallan encarcelados?”, cuestionó en una publicación de los años 30, del siglo pasado, a propósito del estalinismo soviético. 

Con el mismo ímpetu de denuncia social, apoyó a los perseguidos judíos. Portó un brazalete amarillo con la estrella de David en simpatía con los mismos, con la esperanza de generar imitación entre sus compatriotas checos. Pero en 1939, por la misma razón, la Gestapo la apresó. 

Pasó sus últimos años de vida en el campo de concentración de Ravensbrück (Alemania). Ahí conoció a su amiga y principal biógrafa, Margarete Buber-Neumann, una perseguida por los soviéticos y el nazismo, cuya historia llamó la atención de Milena.

Pero finalmente esta última acabó cautivando a Margerete. “Su fortaleza de espíritu triunfaba aún sobre su debilitado cuerpo. Tenía ante mí a una persona con el orgullo todavía sin quebrantar, ¡un ser humano libre en medio de todos los humillados!”, indicó en la biografía de su gran amiga. 

Y esta fue la principal virtud de Milena a ser replicada: la liberación de la mujer y del ser humano, frente a las condiciones de imposición e injusticia, no sólo radica en la acción, sino en el espíritu digno que no baja la cabeza frente a su opresor. 

¿Cuántas estaremos dispuestas a hacer lo propio?

 

Guadalupe Peres-Cajías es docente e investigadora en comunicación social. 
 

 

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