Guadalupe Peres-Cajías

El imaginario estudio de Adorno a Evo

viernes, 28 de junio de 2019 · 00:11

“Buscamos desarrollar y promover una comprensión de los factores sociopsicológicos que hacen posible que el tipo de hombre autoritario amenace reemplazar al tipo individualista y democrático que ha prevalecido en el último siglo y medio de nuestra civilización, así como una comprensión de los factores mediante los que pueden contener esta amenaza”.

  Así presentaba M. Horckheimer Personalidad autoritaria (1950), el estudio liderado por su compatriota alemán Theodor Adorno en la Universidad de Berkeley (Estados Unidos). Ambos exiliados por el nazismo liderado por Adolf Hitler (1933-1945). 

  Por lo mismo, esta investigación se inspiró en ese episodio, con el fin de prever el surgimiento de nuevas figuras autoritarias. Para ello contempló el estudio de individuos con potencial autoritario, “cuya estructura es tal que los hacen particularmente susceptibles a la propaganda antidemocrática”. 

  En ese sentido, y dado el debate sobre el futuro de la democracia en Bolivia, considero pertinente reflexionar ¿qué habría interpretado Adorno si Evo Morales fuera parte de su estudio?  

  Para responder esta interrogante es preciso considerar cuatro factores que potencializarían a la personalidad autoritaria, según Adorno: la identificación con el poder, el ánimo destructivo, la permanencia de los estereotipos y la frialdad emocional. 

  Sobre el primer punto, Adorno podría evidenciarlo en el comportamiento del presidente Morales, particularmente desde su última elección. La decisión por evadir los resultados de una consulta democrática en 2016 podría ser el ejemplo más ilustrativo. Rasgo que se replicaría en otras acciones, como la reciente oferta que hizo al alcalde de Morochata: “Si me garantizan el 100% (de votos) lo que ustedes pidan el próximo año”.

  Esta sugerencia no sólo representa faltas a la Ley 026 del Régimen Electoral, sino que apela a la intención de sostenerse en el poder con una peligrosa frase, “lo que ustedes pidan”. El riesgo en la misma no sólo está en el prebendalismo que representa, sino también en la ambigüedad de aquello que se pida, donde actos irracionales y violentos puedan tener cabida. 

  Esto último podría conducir a la identificación del segundo rasgo, el “ánimo destructivo”. Para ejemplificar este punto, podría citarse la estratégica división de sectores sociales, que se ha impulsado, en función a los intereses del oficialismo. 

  Pasó con la Cidob, en el conflicto del Tipnis. Ahora se ve con los cocaleros en La Paz. Otrora unidos en función a intereses comunes, hoy enfrentados entre Adepcoca y Conalpro, por la aprobación de la Ley 906, que beneficia a los cocaleros del Chapare (Cochabamba), bastión político y social del presidente Morales.  

Curiosamente, con el interés por deslegitimar a los críticos de esta ley, se pronunció uno de los discursos que podría representar “la permanencia de estereotipos” en relación a Evo, aquél que pronunció Álvaro García Linera en un acto en Coroico (zona cocalera en La Paz), en julio pasado. 

  “El desprecio a Evo es el desprecio a ustedes, es el desprecio a las polleras, es el desprecio al color de piel (…) No es para amargarse sino para saber cómo es la pelea, q’aras contra indios, q’aras y gringos contra trabajadores, campesinos y pueblo, esa es la pelea” indicó en ese entonces el Vicepresidente. Frase que contribuiría al prejuicio y a la consecuente construcción de los estereotipos.  

  Esto se vería relacionado con el cuarto factor, la “frialdad emocional”, que Adorno podría registrar en la actitud del presidente Morales, al ver su silencio frente a las recientes amenazas a la oposición de Ever Rojas, ejecutivo de la Federación de Campesinos del Norte de Potosí. Un silencio que no pudo interrumpirse ni si quiera con las exclamaciones de “¡wañuchun q’aras (mueran los blancos)!”. 

  Ciertamente, las interpretaciones que haría Adorno son hipotéticas; no obstante, cabe pensar en las mismas para evitar que estructuras potencialmente autoritarias dejen de ser sólo potenciales. Para ello, habrá que retomar la sugerencia del autor: el poder de la reflexión crítica y la consecuente acción social para que el autoritarismo no se convierta en una realidad en Bolivia.

 
 
Guadalupe Peres-Cajías es docente e investigadora en comunicación social.
 

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