Guadalupe Peres-Cajías

Más allá de las encuestas

viernes, 26 de julio de 2019 · 00:09

37%, 26%, 9% y un conteo de sumas inferiores a estas ha protagonizado el debate mediático y viral, en Bolivia, durante los últimos días. Son los resultados de la encuesta de Ciesmori sobre la intención de voto, en cara a las próximas elecciones generales. 

  Llaman la atención por desprender una lectura considerablemente optimista, tanto desde el oficialismo como desde la oposición. “Ganaríamos en primera vuelta” dicen los representantes del primer sector; “esto muestra que el oficialismo apenas tiene 1/3” dicen los del segundo. Y así continúa una serie de interpretaciones sobre esta consulta, como si fueran los resultados finales. 

  Ciertamente, las encuestas son un importante método para visibilizar tendencias; sin embargo, son sólo una referencia. Más aún, si se considera la sorpresiva diferencia entre aquellas y los resultados finales de elecciones recientes. Gran Bretaña, Estados Unidos, Colombia y Ecuador son algunos ejemplos. 

  Probablemente, porque como advirtió Daniel Coronell, “las personas no lo sostienen públicamente, pero, en la soledad del cubículo electoral deciden en función de sus inconfesables convicciones” (Revista Semana, 2017). 

  En ese sentido, sugiero que las campañas políticas -particularmente las que respetan el artículo 168 de la Constitución- vean más allá de las encuestas y consideren las motivaciones que pueden sostener o cambiar la intención de voto, producto de un contexto social particular. Más aún, si se considera el 15% de indecisos en la consulta de Ciesmori.

  Para explicar este argumento, tomaré dos de los elementos, que Coronell sugiere considerar para una comprensión pre-electoral: los acelerados cambios demográficos y las transformaciones tecnológicas.  

  “Bolivia ya no es la misma” afirman muchos. Cierto. El contexto nacional ha sufrido acelerados e intensos cambios en la última década. Uno de ellos es el crecimiento de la población urbana (PNUD, 2017), que a diferencia de otros países no es definitiva, sino móvil. Los que viven en la ciudad también viven por periodos en el área rural. Ergo, sus demandas estarán relacionadas con el ir y venir entre ambos escenarios. Las condiciones que el Gobierno le pueda ofrecer en la ciudad serán tan importantes como tener una carretera a “su comunidad”. 

  En este grupo de habitantes, cabe mencionar las transformaciones socioculturales, producto del proceso de urbanización e influenciadas por la globalización. Los comerciantes de ascendencia aymara son un sector representativo. Con la bonanza económica y la dinámica de su rubro, sus motivaciones y aspiraciones se han reconfigurado. 

  Otro cambio importante, relacionado con el ámbito demográfico, son los jóvenes. Más aún, la generación de flamantes votantes, que sólo tuvieron una referencia de presidente (hasta ahora). Estos no son los mismos jóvenes que protagonizaron “Octubre”, en 2003, o los grupos regionalistas de la extinta “Media Luna”. 

  Para las nuevas juventudes, la aspiración identitaria dejó de estar tan focalizada en lo local. El creciente fanatismo por tendencias globales, como el K-Pop o la cultura “friki”, representan otro tipo de prácticas e ideales.  

  A éstos habrá que sumar la adhesión a tendencias políticas mundiales de su generación. El medio ambiente, la equidad de género, la diversidad sexual, son temas que están en su agenda política y social. Y esta última se puede visibilizar en sus redes sociales, protagonizadas por Facebook y WhatsApp. 

  Estas se relacionan con la transformación tecnológica, que menciona Coronell. Otrora, los medios masivos de comunicación tenían un rol predominante en la proyección electoral. No obstante, con la irrupción de las redes sociales digitales, se multiplicaron los escenarios de información y opinión. 

 Bolivia ya no es una excepción. Con la masificación de la telefonía móvil se amplió y diversificó el acceso al internet. (Agetic, 2017). En consecuencia, la incidencia de las redes sociales en la vida local, cotidiana y política, incrementó también. 

  Cabe aclarar que el carácter móvil, anónimo, disperso e impersonal de las mismas impide prever un impacto directo y total en las motivaciones políticas, como tantas veces se ha querido interpretar. Sin embargo, es innegable su importancia en el desarrollo e ilustración de climas de opinión. 

Sí. Existen más ámbitos para prever el futuro electoral boliviano. Pero, en cualquier caso, será preciso hacer una lectura aguda y estratégica, que no se limite a una consulta estadística previa.

 
Guadalupe Peres-Cajías es docente e investigadora en comunicación social.
 

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