Guadalupe Peres-Cajías

Tiene miedo

viernes, 20 de septiembre de 2019 · 00:09

“Quieren debatir con el Evo, aquí nosotros debatimos como pueblo nuestros programas, todos los sectores sociales, hasta empresarios, un programa de desarrollo, un programa para cambiar Bolivia (…) el programa se debate cada día. No es que el programa y planes se debaten para las elecciones”.

Así, en julio pasado, Evo Morales, el candidato no constitucional para las próximas elecciones generales en Bolivia, negó la posibilidad de un debate con sus oponentes. Lo hizo también en 2014, con el debate organizado por la Asociación de Periodistas de La Paz. Un encuentro que marcó agenda, como lo hicieran similares discusiones, entre 1989 y 2002. 

En ese periodo, cuando aún se tenía un árbitro electoral imparcial (después de la “Banda de los cuatro”), múltiples sectores de la sociedad -empresarios, abogados, Organizaciones Económicas Campesinas (OECAs) y periodistas- organizaban debates para que todos los candidatos discutieran diversas temáticas de interés público. De esta manera, la ciudadanía podía estar más y mejor informada para ejercer su derecho al voto. 

Hoy, esa opción se ve lejana. El Presidente insiste en deslegitimar un espacio de discusión con otros candidatos; se escuda en una supuesta relación dialógica con “todos” los sectores sociales. En tiempos pre-electorales, con un reciente intento de debate entre candidatos para la vicepresidencia, y una fragilizada democracia en Bolivia, cabe preguntar… ¿por qué la resistencia de Evo al debate? 

Como bien citan autores de la teoría de la comunicación (  J. Habermas (1963, 1989); L. Beltrán (1991)), el diálogo es una de las principales características de una democracia. Más aún, si esta se perfila como plural y participativa, tal como lo estipula la Ley 026 de Régimen Electoral en Bolivia. En este tipo de contextos políticos, Critten y Levine (2017) sostienen que “la discusión debería ser inclusiva, libre y equitativa”.

En este conjunto de definiciones teóricas  se podría explicar la resistencia al debate del candidato oficialista. La discusión implica un respeto a la democracia, la pluralidad, la inclusión y la libertad. Términos que parecen distanciarse de la práctica regular del representante del Movimiento Al Socialismo (MAS). 

Sobre el espíritu democrático, éste se vio vulnerado desde 2014, cuando se tuvo la primera “torcida” constitucional para habilitar al candidato Morales y su vicepresidente García Linera en las  elecciones de ese año. Luego, intentaron negar los resultados del referéndum del año 2016. Lograron ser habilitados nuevamente, de manera no constitucional, para las próximas elecciones. Así, acabaron por mostrar su falta de respeto a la democracia y a la carta magna que ellos mismos aprobaron, aunque traten de insistir en lo contrario.

Una similar contradicción presenta el Presidente cuando menciona que debate con la totalidad de sectores sociales; sin embargo, los hechos muestran lo contrario. El respeto a la pluralidad implica el respeto a la diferencia. ¿Cómo visibilizar esta capacidad en un mandatario que desconoce las demandas de los indígenas de tierras bajas -sobre la emergencia climática en el oriente- porque ellos no comparten su pensamiento extractivista? 

Sobre este último punto, está la resistencia a la inclusión, una virtud para que aquella diferencia pueda ser incorporada en la discusión. ¿Cómo olvidar que hace ocho años, un 25 de septiembre, se reprimía a un grupo de indígenas, en Chaparina, que buscaba dialogar con el presidente para defender el Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS)?  

Ese carácter represivo también explica la resistencia del presidente Morales al debate… porque este debería ser libre. Por eso asusta, pues no se puede controlar a un interlocutor en el marco de un diálogo, ni los efectos que este pueda producir. 

En consecuencia, lo que explica la permanente negación de Evo al debate no sólo es la falta de un espíritu democrático pleno, es la soberbia y lo que esta representa: el miedo. Más aún en este contexto pre electoral. La cuestionada y desesperada encuesta, publicada este lunes, así lo revela. 

Sabe que puede perder. Tiene miedo. Nosotros no.

 
Guadalupe Peres-Cajías es docente e investigadora en comunicación social.

Confidencial

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