Guadalupe Peres–Cajías

Humanos, demasiado humanos

viernes, 21 de agosto de 2020 · 00:12

“Depende de ti que todos los rasgos de tu vida: tus ensayos, tus errores, tus faltas, tus ilusiones, tus sufrimientos, tu amor y tu esperanza entren sin excepción en tu designio, y este designio es el de llegar a ser tú mismo una cadena necesaria de anillos de la civilización”. 

Así, en su obra  Humano, demasiado humano  (1886), Friedrich Nietzsche incita a la reflexión del accionar de los sujetos y de las condiciones del mismo, más allá de la moral impuesta. Para el filósofo alemán, el “bien” y el “mal” son construcciones sociales. Ergo, son capaces de modificarse, renovarse y superarse. 

A partir de ello, considero pertinente analizar si los responsables de obstaculizar el tránsito de oxígeno, ambulancias y alimentos para los habitantes de las ciudades bolivianas, en perjuicio también de los que viven en áreas rurales, han considerado sus actos como “buenos”. 

O si habrán podido percibir como un “mal” las consecuencias de su obrar con la pérdida de vidas, el riesgo de neonatos, el escandaloso incremento de la canasta familiar, que afecta más a pobres que a ricos… y sencillamente no les haya importado. Quizás, hayan aplicado la lógica usada por sus superiores: “el fin justifica los medios”. 

Pero es preciso formular la pregunta: ¿qué ha motivado a jóvenes encapuchados a marchar en filas, agredir a sus semejantes, bloquear el tránsito de insumos médicos, y gritar sin titubear “Ahora sí, guerra civil”?. 

La citada obra de Nietzsche abrió camino para entender las condiciones humanas que motivan al accionar de los sujetos. Una de las autoras que le tomó la posta fue Hannah Arendt. 

Esta filósofa judía fue considerablemente criticada por sus pares, al sugerir que oficiales nazis -durante la segunda guerra mundial- habían actuado no solo por imposición, sino por convicción. Arendt propuso entender que aquellos, a diferencia de la gran mayoría de personas en el mundo, no advertían sus actos como condenables, sino como necesarios para el devenir de su contexto. 

Así, insistió en comprender lo que había denominado como “la condición humana” (1958). Un concepto que dista de ver como “natural” al comportamiento humano, sino como el resultado de una construcción histórica y social. 

Esto implica que para entender y transformar el accionar social  es preciso despojarse de las atribuciones “naturales” que se hace a ciertos sujetos en su actuar. O porque es aymara, o porque es citadino, o porque es k’ara, o porque son “bestias humanas”, como alguna voz indicó. 

En realidad, como sugiere Arendt, habrá que dar espacio a la posibilidad de reconocer a esos actos como conscientes y reflexionados por los sujetos que los practican. 

En el caso boliviano, es cierto que hay una estructura que ha puesto en marcha los actos de los bloqueadores. Esta tiene la cabeza en Buenos Aires y es ejecutada localmente por quienes se han denominado “dirigentes sociales”. Sin embargo, cabe la posibilidad de que los sujetos que los siguen vean en esa estructura y su mandato algo que los otros, quienes condenamos sus actos, no estamos viendo. 

Finalmente, somos todos humanos, demasiado humanos. Pero como indicó Nietzsche, habrá algunos que puedan trascender esta condición, a partir de una reflexión mayor,  para preservar la apuesta principal de este autor: la vida. 

Ojalá podamos hacerlo. 

Guadalupe Peres–Cajías es docente e investigadora en comunicación.
 

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