Guadalupe Peres–Cajías

¡Que vivan las Flaviadas!

viernes, 9 de abril de 2021 · 05:11

Había iniciado el confinamiento forzado. La pandemia del Covid-19 así lo disponía. Los días pasaban en el marco de una nueva normalidad, nunca antes vista. El novedoso escenario despertaba una ansiedad colectiva particular; un temor constante frente al perverso virus y una impaciencia difícil de calmar, por el encierro y las implicancias del mismo. 

Entonces, surgió un alivio semanal para apaciguar el estrés generado, viajar con la mente a otros tiempos, a otros escenarios, y poder trascender la fatiga del complejo contexto: la transmisión de las Flaviadas por la plataforma virtual Mixcloud (https://www.mixcloud.com/LasFlaviadas/). 

Como es tradición para este espacio de difusión musical, el primer programa se inauguró un sábado, el 4 de abril de 2020. Las notas iniciales de la composición Para Elisa,  de Ludwig van Beethoven introducían la presentación de Eduardo Machicado.

“Cada sábado las puertas de la casa de la música se abren en el barrio de Sopocachi, en La Paz-Bolivia. Un salón, una chimenea y 8 mil discos convertidos en una tradición. Esta es la temporada de las Flaviadas del Covid-19”. Desde entonces, semana a semana, el equipo de las Flaviadas ha producido 51 programas en la plataforma virtual para deleite de los radioescuchas en todo el mundo. 

Hoy, considero necesario enfatizar la importancia de esta gestión cultural por tres motivos fundamentales: la democratización del acceso al arte y la cultura; el fortalecimiento del tejido social a través de la música; la capacidad de esta expresión artística para fomentar el desarrollo humano. 

Probablemente, antes de que se formule el concepto sobre la “democratización del acceso al arte y la cultura”, don Flavio Machicado Viscarra ya la practicaba. 

Inicialmente, el fundador de las Flaviadas había decidido compartir su colección de música clásica, a través de un gramófono. Posteriormente, abrió las puertas de su hogar para el mismo fin. Así, se convertiría en “la casa de la música”. Desde entonces, su familia ha continuado con este sublime legado. 

El valor para ampliar el acceso al arte y la cultura se debe a una gastada disputa entre lo que se denominó “la alta cultura” y “la baja cultura”. En este marco, se entendía que las expresiones artísticas que formaban parte de la primera -como la música que difunde las Flaviadas- eran exclusivas de las élites sociales y económicas. Mientras tanto, las expresiones más “populares” eran parte del segundo concepto. 

Sin embargo, en la evolución cultural de la sociedad moderna, se pudo evidenciar que esta pugna era innecesaria, pues las expresiones artísticas tienen la incomparable capacidad de trascender grupos sociales. Lo fundamental es garantizar el acceso a las mismas, como otrora, lo hizo don Flavio y, ahora, la Fundación que lleva su nombre. 

Precisamente, gracias a la capacidad del arte para transversalizar la sociedad, es un potencial articulador del tejido social. En el caso particular de la música, su valor social ha sido reconocido y analizado por destacados sociólogos y filósofos, tales como George Simmel, Max Weber o Theodorn Adorno. 

No por nada, Hormigos Ruiz (2012) indica que “la música constituye un hecho social innegable, presenta mil engranajes de carácter social, se inserta profundamente en la colectividad humana (…) y crea, a su vez, nuevas relaciones entre los hombres”.

Esta última característica de la música es posible por la capacidad que tiene para conectar con la sensibilidad de los sujetos sociales, por el ritmo y la melodía que sugiere. Una conexión que trasciende la racionalidad mental para despertar un ámbito humano más afectivo, más espiritual. Por eso, permite relacionarnos y, eventualmente, articularnos. 

Esta virtud de la música se enfatiza en la presentación de las Flaviadas, al advertir que estas “son el refugio del espíritu”. Una frase cabal para el sentir de los oyentes de cada una de las transmisiones de las mismas. Por ello, los discos compartidos no sólo tienen un impacto social y cultural, sino también humano. Es posible sentirse una mejor persona, luego de una hora y media de escuchar un conmovedor ensamble de notas.  

Por todo lo mencionado, insisto una vez más ¡Que vivan las Flaviadas!

 
Guadalupe Peres–Cajías es docente e investigadora en comunicación. 
 

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