Nada es lo que parece

Mar adentro, Carlos, mar adentro

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viernes, 21 de septiembre de 2018 · 00:11

Nadar mar adentro es una cuestión de fe. En este momento de nuestra vida política es, seguramente, la acción y la concreción más importante para la gran mayoría de bolivianos. Porque así volveremos a creer en nosotros mismos.

Se trata de creer que la democracia es todavía posible. Se trata de confiar en que somos un país libertario. Se trata de cerrar los ojos y en un acto de fe inaudito dar un salto al abismo. Para nadar hacia nuestro mejor horizonte. No para restaurar esas resignaciones que sólo supieron acomodarnos al pan de cada día.

1. La fe electoral.

¿Quién podría confiar, a estas bajuras de la impostura, en la transparencia de las elecciones? ¿Acaso no sabemos que son una trampa, peor, que son una estafa, peor aún, que son el cinismo del poder del tirano llevado a celebrar la extremaunción de la democracia? Claro que no confiamos, claro que sabemos que son capaces de lo peor y más al fondo. Al mismo tiempo, sin embargo, sentimos que las elecciones son nuestra victoria más íntima y nuestra conquista más querida. Entonces nos aprestamos para, por encima y a pesar de todo lo que sabemos, votar. Votar para elegir al que hoy día es el mejor de nosotros.

Nos lo grita nuestra entraña democrática. Nos lo dice el vecino, el campesino, el trabajador que trabaja. Nos lo confirman todas las encuestas; incluso las de la vereda del frente que, más allá de todas sus mentiras y todos sus abusos son, finalmente, números, cantidades, proyecciones. Ellos ya saben que si nos unimos, en enero de 2020 tendrán que comenzar a trabajar para comer. Y nosotros continuaremos trabajando para reconstruir la democracia.

2. La fe política

El tirano nos ha dicho, día tras día, que él era el camino, la verdad y la vida. Que todo tiempo pasado fue peor. Que su disfraz indígena y socialista encarnaba la tierra sin mal. Que la política era el territorio de la infamia y que ellos, porque eran lo que eran, debían cumplir la sacrificada responsabilidad de protegernos de la suciedad de la política. Demasiados cayeron bajo la seducción del disfraz; varios renunciaron a construir colectivamente el bien común; muchos se refugiaron en el consumo de los vidrios de colores.

Pero hoy, porque está en la memoria más larga de nuestras teas que no se apagan, porque está en la sangre de nuestras rebeliones más kataristas, hemos abierto los ojos. Y abrazamos a nuestros padres democráticos y a nuestras madres libertarias y les pedimos perdón por haber olvidado momentáneamente que ellos nos heredaron esta democracia y que era nuestra responsabilidad seguir caminando su camino.

Mientras vayamos derrotando al tirano en las calles y en las urnas tenemos que expulsarlo de nuestras entrañas amedrentadas. Tenemos que entender que la democracia no se reduce a la elección sino que se extiende a la vida política cotidiana. Que todos tenemos que hacer política cada día, en nuestras casas, con nuestra familia, en la escuela, en el mercado, en el trabajo; que el bien común es responsabilidad de todos y que no lo podemos dejar en manos de un déspota.

Elegimos a un tirano porque renunciamos a la política. No lo debemos volver a hacer. Todos debemos ser políticos y respirar política mañana, tarde y noche. Para que la política nos acompañe en nuestros días y en nuestros sueños.

3. La fe moral

Bolivia dijo No. Desde ese momento estamos mirando la política no sólo como representación sino como participación, sobre todo como participación. Porque ya no queremos delegar nuestro derecho a las decisiones, sino queremos participar en la toma de decisiones. Estamos mirando al país no sólo como unidad sino como pluralidad, sobre todo como pluralidad. Porque ya no queremos seguir sometidos a una ‘verdad’, sino queremos escoger y combinar muchas ‘verdades’.

Estamos mirándonos a nosotros mismos no sólo como electores que eligen sino como ciudadanos que deciden, sobre todo como ciudadanos. Porque ya no queremos delegar nuestra voluntad, queremos ejercer nuestros derechos e inventar cada día nuestras libertades.

La vocación libertaria de nuestro pueblo y la tradición política de nuestra historia nos exigen devolvernos el derecho a reinventar la vida nacional. Pero eso hoy estamos volviendo a trabajar en esa silenciosa hazaña que es trabajar por mantener vivo nuestro asombro.

Carlos, ven, vamos. ¿Te acuerdas del hijo de la Isa en 1978? Tú, como él, solo, has hecho lo mismo en 2003. Pero ahora estamos juntos. Todos juntos, Carlos. Mar adentro, Carlos, mar adentro.


Guillermo Mariaca Iturries ensayista.

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