Nada es lo que parece

El más macho, una vez MAS

Por 
viernes, 25 de enero de 2019 · 00:11

“Desde la creación del mundo, Dios era hombre. No quiero pensar por qué todos los líderes son del sexo masculino; compañeros, no piensen mal de la mujer ya que no todas, pero casi todas, las mujeres son inferiores a los hombres”. Esta no es la primera afirmación machista del Presidente; seguramente es la milésima y no será la última. Seguramente, también, no impedirá que tantas mujeres voten por él hasta casi el fin de los tiempos. No en vano el patriarcado está tan profundamente naturalizado que demasiadas mujeres resultan sus más fervientes defensoras, y demasiados hombres sus más tenaces beneficiarios. Y aunque el régimen patriarcal sea el origen del asunto, en esta opinión no es el único.

Hay que recordar que, aún siendo el patriarcado el cimiento emocional del Presidente, se ha convertido también en su estructura política y su certeza social. Por tanto, nuestro Presidente es muy macho: porque ha nacido y vive patriarcalmente; porque la mujer es un objeto de conquista desechable; porque entiende y practica la política como una guerra de aniquilación del enemigo; porque el Presidente debiera ser sujeto de adoración. Su machismo emocional ha contaminado su conducta política y su práctica social. Y la de todos los que lo rodean.

En el muy próximo futuro –en su impotente jubilación–  delirará con seguir siendo el más macho. Porque ese será el momento en el que un delirio como “Cuando voy a los pueblos, quedan todas las mujeres embarazadas y en sus barrigas dice Evo cumple”, se revelará como lo que es: una contradicción entre la fertilidad física y la esterilidad política. O el momento de la confesión de su obsesión: “Sólo una cosa estaba mal, ¿saben por qué no he bailado? (Porque) las hermanas cholitas estaban con calza, está mal eso. Hermano diputado, hermano alcalde, la próxima si quieres hacerme bailar (las cholitas) sin calza, por si acaso”, se revelará como la fijación con la potencia sexual que es también una abierta declaración de impotencia.

Por eso, desesperado ante la contaminación que degrada la política gubernamental, su profeta bachiller advierte: “No lo abandonen, si no tiene apoyo regresarán los gringos, regresarán los vendepatrias, regresarán los asesinos y a las wawas les van a quitar todo y no va a haber destino. Va a haber llanto y el Sol se va a esconder, la Luna se va a escapar y todo va a ser tristeza para nosotros, no se olviden”. Si Evo es el más macho –“virtud” a la que aspiran todos los déspotas que en el mundo hubo y hay–, ese machismo debiera alcanzar el paroxismo para intentar eternizarse cuando todo anuncia su desaparición.

El más macho entre los machos no debe ser humano, sino divino. Porque si no fuera dios, siempre aparecería alguna competencia de quién la tiene más grande –Trump o Bolsonaro, por ejemplo, quisieran ese título de salvadores para sí mismos–. Para asegurarse el “privilegio” del más macho, Evo debe ser divinizado. Ahora lo sabemos por obra y desgracia de cierto alcalde chapareño: “El presidente Evo es mandado por Dios y, como Dios (lo) mandó a esta Tierra para gobernar, … yo entiendo (que) se va a quedar con nosotros definitivamente”.

Pero como no hay mal que dure 100 años ni pueblo que lo soporte, y el más macho lo huele y sus adoradores lo intuyen, manipulan la inmortalidad para no perderse como grano de arena en el desierto de su propio despotismo. Ya tiene un museo, un himno y ahora quiere oraciones: “Pedí a la Ministra de Comunicación que haga un librito de todas las poesías que hemos escuchado, algunas son composición de los mismos estudiantes, felicito esa iniciativa”. 

Y quiere historia divina, no historia democrática: “lo que ha hecho el presidente Evo Morales, en su gobierno de 13 años, ingresa como parte de la historia, no ingresa como hitos del MAS”. El culto a la personalidad ha sido transformado en narcisismo por el propio dios con pies de barro. 

Sí. Evo es el más macho. Esa conducta patriarcal, despótica y narcisista ha contaminado todo. Porque sólo a un tirano se le podría ocurrir que el machismo es una virtud divina. Y, como no hay nada más alto, ha comenzado la caída. Ahora está terminando de cavar con sus propias manos su propia sepultura.

 

Guillermo Mariaca Iturri es ensayista.
 

 

Permítanos un minuto de su tiempo.

Para desarrollar el periodismo serio e independiente, esencial en democracia, que usted aprecia en Página Siete, contamos con un equipo de reporteros, editores, fotógrafos, administrativos y comerciales de primer nivel.

Los ingresos con que Página Siete opera son producto de nuestro trabajo; no contamos con prebendas de ninguna naturaleza.

Si usted desea apoyar el esfuerzo que realizamos, suscríbase a P7 VIP, para recibir de lunes a viernes una carta informativa por correo electrónico, que contendrá un resumen de las noticias y opiniones más interesantes de Página Siete, a un costo de sólo Bs 15 al mes.

Para suscribirse haga clic aquí o llame al número 2611749, en horas de oficina.

433
11

Otras Noticias