Nada es lo que parece

El alcalde amauta y su discípulo

lunes, 25 de febrero de 2019 · 00:06

Reconozco públicamente que me equivoqué. Me equivoqué cuando afirmé que nuestro Presidente es el más macho. Porque a confesión de parte, relevo de prueba. Él lo confiesa, precisamente él, nuestro tirano local: “Saludamos con cariño y respeto por su gran experiencia y sabiduría al hermano Percy Fernández, el alcalde amauta”.

Comienzo por el principio. Nuestro tirano local dice: “Saludamos”. Usa el plural mayestático, aquel reservado por el Papa y los reyes para sí mismos; porque, claro, él está seguro de pertenecer a esa estirpe imperial. Seguramente así es. ¿Qué ciudadano, en su sano juicio democrático, quisiera formar parte de ese imperial ‘derecho divino’? Pero como su juicio no es precisamente sano ni democrático ni ciudadano, él sí cree que posee ese ‘derecho divino’.

Continúa: “con cariño y respeto”. Como se suele saludar al maestro. Pero, ¿en qué podría consistir el magisterio de ese pésimo alcalde? Quizá precisamente en eso, el tirano desea asemejarse al peor de todos en esta competencia perversa por ser el peor gobernante de la historia nacional. Aquí no hay competencia; nuestro tirano es el peor, sin duda alguna; ni García Meza ni Melgarejo se acercan a su dimensión subterránea.

El alcalde amauta es pésimo, sí, pero no es el pésimo gobernante entre los pésimos. Por consiguiente, su magisterio tendría que ser otro, distinto; el alcalde amauta tendría que ser su maestro de machismo. Y eso el tirano local lo saluda, más aún lo reconoce, más todavía, le rinde homenaje.

Nuestro tirano continúa su personal llunkerío: “Saludamos su gran experiencia y sabiduría”. Ya no hay dónde perderse. El alcalde amauta ciertamente tiene una muy larga experiencia machista, casi dobla la experiencia machista de nuestro tirano. Pero además, sobre todo, la sabiduría del alcalde amauta no tiene parangón. El tirano habla, declara, revela sus deseos, inclusive los más perversitos (“Hermano diputado, hermano alcalde, la próxima si quieres hacerme bailar, las cholitas sin calza, por si acaso”). El alcalde amauta, en cambio, procede: toca, golpea, babea, mete mano. Para los machos entre los machos la sabiduría no podría sino consistir en actuar, no sólo en declarar.

El tirano, entonces, culmina: “saludamos al hermano Percy Fernández, el alcalde amauta”. He ahí la culminación del homenaje. No sólo el reconocimiento al magisterio del macho entre los machos, sino el homenaje mayestático: del tirano a su maestro.

Qué lección de humildad. Hasta el tirano imperial había tenido su maestro. No sólo le rinde homenaje, lo hace con cariño, al maestro con cariño. Cómo no reconocer ese gesto. Todos nosotros, comunes ciudadanos democráticos, debemos reconocerlo.

Nuestro tirano imperial había tenido un maestro, no nació siendo el más macho entre los machos, alguien le enseñó como enseñan los grandes maestros, por la vía del ejemplo: Evito, hijo, así se hurga, así se mete mano, así se abusa, así le babeas la jeta. Si lo haces, toda tu corte de llunkus te rendirá homenaje, hasta que al final de tus días todos y todas hayan aprendido de ti. Los hombres, ostentando, a abusar; las mujeres, sonriendo, a ser abusadas. La corte de llunkus; la granja de Orwell.

Gracias maese don Evo. Hasta Usted, maestro entre los maestros, tiene el suyo. Un maestro camba para un excampesino andino. Qué oportuno. Que siga la campaña. Que persista el culto al tirano con pies de barro. De las montañas a la selva, al maestro con cariño.

Guillermo Mariaca Iturri es ensayista

240
7

Otras Noticias