Guillermo Mariaca Iturri

El traficante

viernes, 13 de marzo de 2020 · 00:11

Dicen que Valentín Mejillones llevaba su poncho ceremonial el momento de su detención por narcotraficante. Desde 1998 fue coordinador de ancianos y guías espirituales de América y fundador del Consejo de Amautas; pero recién se lo conoció en el mundo oficial los años 2006 y 2010, porque él entregó el bastón de mando a Evo Morales, en Tiwanaku, cuando éste se disponía a asumir el poder luego de sus dos victorias electorales. El principal amauta aimara, que en la religiosidad andina es el “sacerdote” principal, legitimaba así la condición dual del nuevo presidente: dirigente de los movimientos sociales y líder espiritual del mundo indígena. En su extremo “sagrado”, la coca ocupaba el espacio de la memoria y la autoridad moral en el Estado indio y popular.

Una de las preguntas fundamentales de la historia andina puede ser formulada de la siguiente manera: ¿dónde ha radicado su capacidad de resistencia ante la colonización? Obviamente, no es una pregunta menor. Son tantos los pueblos que han sucumbido a las peores seducciones modernas que encontrar resistencias persistentes e, inclusive, conductas y propuestas alternativas sería definitivamente esperanzador. Apoderarse de ese capital simbólico –la hoja “sagrada”- fue, entonces, prioritario. Así, lo sagrado limpiaba lo profano. 

Y no había acontecimiento oficial, presencia internacional o reuniones de gabinete que no remitiesen a ese carácter de autoridad moral y memoria ética de la erythroxylum coca. Pero, sobre todo, no había eufemismo más potente para disfrazar el imperio del mercado ante el que habían sucumbido los movimientos sociales y el imperio del narcotráfico al que se habían entregado los intereses cocaleros. Los ritos de ofrenda a la Pachamama y a los achachilas pidiendo a estas divinidades por el bienestar de Morales en el gobierno y la presencia hegemónica del mercado de la coca en el Estado, no eran sino transacciones que disfrazaban su corrupción con el recurso a lo sagrado.

Valentín Mejillones, sacerdote aimara narcotraficante, representa la culminación de ese tránsito de lo sagrado a lo profano, de líder espiritual a narcotraficante, de la resistencia a la complicidad. 240 kilos de cocaína protegidos por su poncho ceremonial. Años después ese punto de inflexión alcanzó su clímax: fue la Ley de la Coca de 2017 que la despojó definitivamente de cualquier reserva moral amparada en la sacralidad para que el Estado caiga a ese modelo de capitalismo que intentaron pero no pudieron construir Luis García Mesa, Luis Arce Gómez y Roberto Suárez. 

La coca seducida por el mercado cayó en la red del narcocapitalismo. El dirigente cocalero de las Seis Federaciones del Trópico de Cochabamba, Leonardo Loza, lo confesó el 3 de marzo de este año: “Ningún productor de la hoja de coca en Bolivia y peor del trópico jamás en nuestras vidas vamos a permitir que nos quiten ese derecho adquirido gracias a las diferentes luchas. Primero muertos a perder nuestros campos de coca en la zona del Chapare”. 

El narcotráfico tiene un impacto cada vez mayor en la economía, la política y la sociabilidad y, por consiguiente, el enfoque punitivo y prohibicionista ha fracasado. La legalización-regulación de las drogas puede ser el camino para salir del círculo vicioso del narcocapitalismo porque la cocaína legal no costaría casi nada, costaría sólo lo que cuesta producirla. Pero mientras eso sea imposible, ayer, que habíamos caído al fondo del abismo y hoy, que pataleamos por salir de ese agujero negro, tenemos que vivir con lo que hay.

La “hoja sagrada” ya no tiene nada de sagrada. La ha profanado el mercado más neoliberal de todos: el narcocapitalismo. El que fuera presidente cocalero sermonea su última mutación desde Buenos Aires ante el mundo. Mientras aquí, día tras día, descubrimos los bordes de la inmensidad de ese agujero negro en que se ha convertido el Chapare porque el Estado no abdica de su responsabilidad y no se convierte en aliado del narcocapitalismo.

El presidente indio no era indio, era traficante. Traficante de la profana hoja de coca. Hoy, que ya no hay dedos para tapar el sol del que fuera un gobierno narcotraficante, lo sabemos.

 

Guillermo Mariaca  Iturri es ensayista.

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