Hugo del Granado Cosío

Nuevo contexto: gas con Brasil

jueves, 08 de agosto de 2019 · 00:10

 Las decisiones que el Gobierno brasileño va tomando respecto a Petrobras afectan a Bolivia de manera directa. Por el “Acuerdo de Cesación”, firmado con el Consejo Administrativo de Defensa Económica (CADE), Petrobras  ya no tendrá el control del gasoducto de exportación (GTB, en el que Bolivia tiene el 12% y Petrobras el 51%); el mandato de reducir la compra de gas boliviano en 10 MMm3/d (una tercera parte del GSA) reducirá su participación en otros ductos, desinvertirá en las distribuidoras de gas, con el objeto de abrir el mercado del gas, eliminará su monopolio para bajar el precio del gas. De acuerdo al presidente de Petrobras, hasta el año 2022, saldrá parcialmente del sector gasífero y  totalmente de los rubros de transporte  y  distribución. 

La posición de Petrobras respecto a Bolivia es reducir el volumen a importar, para el efecto están negociando un nuevo contrato. Sostiene que el segundo trimestre de este año ya importó menos porque es más rentable importar LNG por su menor precio respecto al del gas boliviano, aunque acotó que el gas boliviano es aún imprescindible para su abastecimiento.

Las informaciones que brindan las autoridades del sector sobre la culminación  del contrato son  contradictorias e incompletas, tanto de su prolongación como de los volúmenes pendientes; en suma, de las nuevas negociaciones que  están en curso. En junio, el ministro informó que el contrato se extendería hasta  2028, pero que Bolivia debe entregar volúmenes adicionales hasta 2026 y que habrá otra ampliación hasta 2036. 

Anteriormente se informó que Bolivia no tiene volúmenes pendientes de entrega, pero en enero YPFB sostuvo que a partir del año 2020 se empezarán a entregar los volúmenes que Petrobras no haya pedido, por lo que el contrato se extendería hasta 2023. Tampoco se conoce el régimen de entregas que se habría acordado. Al parecer, ni las mismas autoridades saben del asunto.

El ministro sostiene que la ventaja que tendría Bolivia frente a la competencia brasileña, ante la retirada de Petrobras del negocio gasífero, es el gasoducto totalmente amortizado. El ministro olvida que los precios del LNG se encuentran por debajo del precio de venta del gas boliviano, lo que anula la ventaja que se tendría de contar con un ducto. 

Adicionalmente, supone que como Bolivia vende el gas a seis $us/MMBTU y Petrobras lo revende a 15 $us/MMBTU, se tendría la oportunidad de participar de ese margen con mejores ingresos para el país. El ministro se olvida también que el gobierno brasileño está en procura de minimizar ese margen para bajar el precio al consumidor final y no para dárselo a YPFB. 

Lo  que deben hacer las autoridades es extremar el ajuste de la cadena de costos para ser competitivo, esto quiere decir, entre otras cosas, eliminar el despilfarro. La mejor manera de ser competitivo es utilizar las economías de escala; es decir, producir más volumen para bajar los costos de producción. Para producir más se necesita de nuevos mercados y de mayores reservas. Lamentablemente, no es el caso de Bolivia, ya que desde el año 2006 no se han abierto nuevos mercados, no se aumentan las reservas y la producción se encuentra en declinación. 

Esto lo saben los brasileños, así la ANP, en un trabajo publicado en enero, observaba la incertidumbre sobre la capacidad de YPFB de cumplir con la entrega de las cantidades pagadas y no recuperadas por Petrobras. La ANP menciona un estudio de la Empresa de Pesquisa Energética (EPE) que dice: “Pese a los descubrimientos recientes en 2016 y de las perspectivas de nuevos descubrimientos en campañas exploratorias, todavía hay mucha incertidumbre en relación a los volúmenes a ser incorporados, a las reservas probadas de gas natural de Bolivia (...)”, como consecuencia, el ente regulador de Brasil recomendó que Petrobras restringa la compra de todo el volumen de gas procedente de Bolivia.

El mercado brasileño es grande, la cantidad de compradores es muy amplia, puede absorber mucho más de lo que compraba de Bolivia. El volumen no es un problema, la venta es un problema de precios y de la capacidad de suministro de Bolivia. Se debe recordar que en abril Bolivia  pagó una multa de 130 MM de dólares por incumplimiento.

A todo lo anterior, se debe sumar el trato subalterno  de las autoridades brasileñas hacia el Gobierno boliviano y hacia YPFB. Este trato es también el resultado no sólo de las inhabilidades actuales, es también la memoria institucional sobre las posturas arrogantes  del gobierno  después de la “nacionalización” de 2006, que alentaron a Petrobras a buscar alternativas e instaló las regasificadoras en sus costas. 

En la inauguración de una de ellas, Lula manifestó que Brasil no puede depender del humor de sus proveedores, refiriéndose a las actitudes hostiles de los negociadores bolivianos.
 

 

Hugo del Granado Cosío es experto en hidrocarburos.
 

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