Bajo la sombra del olivo

Más allá del MAS

jueves, 04 de agosto de 2016 · 00:00
 La pregunta del millón para los que nos interesa la política y no solamente el poder, es ¿cuán dañada se encuentra la hegemonía del MAS, y cuánto más podría durar dadas las actuales tendencias?

El anterior ciclo hegemónico, el del MNR, duró más de sesenta años, y terminó de fracturarse el  2005. Ojo, la hegemonía no quiere decir obligatoriamente el ejercicio directo del poder desde el gobierno. 

El MNR no estuvo en el gobierno durante esos sesenta años, pero fue definitivamente el eje de la política nacional, y es así como se expresa realmente un proyecto hegemónico. La gravitación de las ideas, de las políticas y de los liderazgos del MNR fue tan grande, que todo lo importante que ocurrió políticamente en ese largo periodo  fue producto, consecuencia o reacción al proyecto movimientista.

El militarismo, el mirismo, el condepismo, y muchos otros actores, procesos y políticas públicas se dieron a partir de la visión de país del Movimiento Nacionalista Revolucionario; también el gonismo fue, por supuesto, producto de aquel enorme proyecto. Nada de lo ocurrido en ese lapso se puede explicar sin lo que planteó y lo que quiso o pudo hacer el MNR, y es a eso a lo que me refiero cuando hablo de hegemonía.

La actual hegemonía masista se dio por el agotamiento interno del anterior ciclo, pero fundamentalmente porque supieron apropiarse de la acumulación de expresiones sociales de rebeldía y disidencia con el modelo, que en aquel momento eran calificadas como antisistémicas. A partir de aquellas radicalidades políticas diversas, el MAS articuló una nueva mirada de país que reemplazó a lo anterior en el imaginario colectivo.

Luego de diez años, el MAS muestra fuertes señales de agotamiento político, sin que esto termine de afectar su condición hegemónica, no sólo porque sigue controlando todos los factores de poder, sino porque todo el campo político formal se mueve nomás en función al MAS.

Léase que el estar en contra del MAS o de Morales, no significa automáticamente estar fuera del esquema hegemónico del MAS, y tampoco implica que un eventual cambio de color de gobierno vaya a significar salir de la actual hegemonía. Un eventual próximo gobierno "opositor”  podría ser, en ese entendido, no solamente algo parecido, sino lo mismo.

No es sin razón que la gente intuye que nadie está representando nada realmente nuevo y alternativo, y no es por nada que la gente siente tanta aprensión e incertidumbre, cuando piensa en el futuro.

¿Será que los numerosos colectivos ciudadanos de jóvenes y de clases medias urbanas son los nuevos movimientos sociales que han comenzado a expresar esas nuevas radicalidades necesarias para un cambio real, por encima de los liderazgos políticos formales?

¿Será que esas fuerzas sociales, que hoy concentran tanta energía, serán el sujeto colectivo desde donde saldrá una nueva lectura y visión de país que nos dé un nuevo horizonte del cual enamorarnos?

¿Será que la sociedad en su conjunto quiere realmente un cambio de paradigmas y un futuro distinto para sus hijos, o será solamente la preocupación de una pequeña vanguardia intelectual urbana?

En todo caso, mientras algo así no ocurra, el MAS seguirá decidiendo y definiendo, yendo y volviendo, independientemente de los plazos y periodos electorales, pues todo y todos seguirán girando en torno a su hegemonía.

Dejo las preguntas abiertas, cuyas respuestas, tanto desde el oficialismo como desde todo lo que hoy podamos denominar oposición, seguramente deberán responderse en los próximos años.    

Ilya Fortún es comunicador social.
142
8

Comentarios

Otras Noticias