Serotonina

21F: ¿Dónde estamos? ¿Dónde vamos?

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lunes, 17 de diciembre de 2018 · 00:12

Después de la inconstitucional habilitación, por parte del TSE, del ilegal binomio Morales-García (4/12/18), ¿las fuerzas sociales, expresadas en la resistencia de las plataformas ciudadanas, han sido derrotadas y, por lo tanto, el régimen se ha impuesto, al extremo que es imparable en su arremetida dictatorial? Las respuestas a esta pregunta son centrales para entender el actual momento y lo que se nos podría venir.

1. La derrota del 21F y de las plataformas ciudadanas, tan pregonada por algunos, no es tal. Los objetivos que movieron a la sociedad boliviana siguen más vigentes y fuertes que antes. Simplemente la lucha social ha entrado a una nueva etapa: la electoral. El descontento social que tiene en jaque al régimen, a través del “Bolivia Dijo No”, se expresa ahora por otras formas, con otros actores y con otros métodos. 

La sociedad boliviana, acostumbrada en estos 36 años a encontrar salidas a sus conflictos mediante el método democrático del voto, en su mayoría,  apuesta a que al régimen será derrotado por esta vía. La cuestión es si los actores formales de la política están o no la altura del desafío. La política líquida ha pasado la posta a la política formal.

2. Estamos transitando de un movimiento sin líderes visibles y sin organizaciones estructuradas, como son las plataformas ciudadanas, a un movimiento que busca liderazgo evidente y organización. De una marea sin partidos a una marea conducida por partidos. De movimientos unidos por causas particulares a un movimiento que articule el bien común nacional.

La política líquida  (Zygmunt Bauman) que dominó la resistencia y acumulación de los últimos años  se agazapa para que los mecanismos formales de la democracia asuman el reto de moldear y conducir la lucha contra el régimen autoritario. La iniciativa de la lucha, por ahora, la tienen los líderes y las organizaciones políticas. Así lo entiende el común, por ahora.

3. Si los líderes políticos de oposición no asumen   este desafío que tienen por delante, a no dudarlo, serán rebasados y humillados por los actores de la política líquida que, estando por ahora en estado de apronte, volverán como un tsunami.

 Más allá de las infiltraciones o no, los   sucesos de la plaza Abaroa en La Paz y del TED en Santa Cruz, son hechos sociales que nos están mostrando que de no encontrar una salida en los marcos democráticos, la sociedad boliviana está dispuesta a romper esquemas y quemar formalismos. Los líderes políticos visibles de la oposición, sean o no candidatos, tienen un gran desafío en sus manos.

4. La fuerza social acumulada si bien está apostando a una salida vía el voto, sabe que este método también puede ser saboteado por el régimen. Por ello pide a los líderes de oposición unidad de acción y firmeza en la resistencia al gobierno. No quiere liderazgos enclenques, débiles y sin norte de futuro. Como diría el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu: “Sé qué hacer y cuándo hacerlo. Haré lo que sea necesario” para salvar la patria (diciembre, 2018). 

Los actuales y ocasionales líderes visibles de la oposición tienen que comerse las calles, oler a pueblo, mostrar mística y estar muy bien asentados en las múltiples realidades territoriales que hacen al tejido nacional.

5. Si todos los astros se alinean en función del bien común y los líderes de oposición dan pruebas de su capacidad, la preferencia ciudadana se volcará a ellos (al que más destaque), dejando al binomio ilegal sin posibilidades de victoria. En ese hipotético caso, ¿usted cree que habrá elecciones? Estoy seguro que no. 

Ante ese panorama el régimen buscará cancelar las elecciones a través de cualquier medio como un supuesto intento de magnicidio, estado de emergencia nacional, Estado de Sitio y convocatoria a una Asamblea Constituyente. 

Un país en subida emergente y  con liderazgos visibles puede llevar la lucha social a otro nivel que raye en la insurrección popular y el destierro del tirano.

6. Si nada de lo señalado ocurre, pueden darse dos escenarios. Uno, que  ante el fracaso de los líderes y partidos en la resistencia, y acumulación social, la política líquida se desborde y la Bolivia profunda se insurreccione, poniendo en el sillón presidencial un gobierno militar transitorio. 

Dos, que ante la debilidad opositora y su dispersión absurda, cunda el derrotismo social y la gente prefiera lo viejo conocido que lo nuevo por conocer, optando por mantener   al tirano en el poder, porque entre el Evo y la Nada, es preferible Evo.

 

Iván Arias Durán es ciudadano de la República de Bolivia.

 

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