Serotonina

Nos unimos o nos hundimos

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lunes, 27 de agosto de 2018 · 00:12

¿Por qué, a pesar de muertos y hambre, sigue Maduro en Venezuela? Existen varias explicaciones, pero una de las centrales es que la Mesa de Unidad Democrática (MUD) fue una simple suma de egos donde el bien común era un lema pero no una verdadera opción. Así, porque cada líder creía tener el miembro más grande que el otro y creía tener fuerza suficiente para derrotar solito al chavismo, en vez de unirse en torno a la restitución del Estado de Derecho, apostaron a la posibilidad de sacar al madurismo con sus reglas electorales sin antes garantizar un verdadero Estado de Derecho, llevó a que los peones del socialismo cubano, con la institucionalidad estatal dominada y controlada, los aplasten en cada proceso electoral.

La vanidad y mezquindad de los líderes opositores “unidos”, sin fe, en la MUD hizo que, en la práctica, no defendieran sinceramente a sus líderes perseguidos y encarcelados como Leopoldo López y otros, pues, en su fuero interior se alegraban, porque así era “uno menos” en el objetivo de conquistar su propia gloria. Esta oposición sin bien común y sin esperanza fue el mejor caldo de cultivo para que el SSXXI se consolide, ya con Chávez o ya con Maduro.

La MUD no supo constituirse en perspectiva de futuro ni poder dual real. Por eso jamás pudo ser, a pesar de las movilizaciones, factor de quiebre en las Fuerzas Armadas ni la Policía venezolana. La MUD es, en gran parte, la causante de la tragedia venezolana.

Las fuerzas democráticas bolivianas deberíamos, aparte de la fracasada MUD, sacar lecciones de dos experiencias exitosas. Una reciente y otra, más lejana. Ambas nos enseñan lo que tenemos que hacer para derrocar a la tiranía a partir sembrar esperanza y convertirse en factores de quiebre.

La reciente experiencia de MORENA en México debería ser el paradigma a seguir. AMLO comprendió que seguir bregando con un estilo añejo lo hacía, sin querer, cómplice para que en México nada cambie y sigan los mismos de siempre. Tuvo que ampliar su mirada, morigerar su discurso, abrir sus puertas a otras corrientes, dejar de despreciar la riqueza y ser portador de oportunidades para todos los mexicanos.

Tuvo que ceder y articular los intereses particulares con el interés del bien común. Así consiguió ser factor de fuerza, esperanza y quiebre. Con esa potencia rompió a los poderes fácticos, pero también les dio certezas. Y ganó con el 53%. Falta ver si sigue el modelo chileno de la Concertación.

Por otro lado, la experiencia chilena de los años ochenta fue pionera en demostrar que la articulación en función del bien común era la única alternativa para sacar al dictador Pinochet del poder. La Concertación chilena nos enseña, a diferencia de la MUD venezolana, que no se trataba solo de ir contra, sino de mostrar a la nación que lo que se viene es mejor y que el sentido común gobernará, que la esperanza se hará realidad.

Por ello la Concertación chilena no sólo se articuló para derrotar al dictador, sino para mostrar que eran una alternativa de poder que garantizaría años de certidumbre y avance. Y así fue, la fuerza aglutinante de la Concertación se convirtió en el factor de quiebre al interior de la sociedad y de las mismas Fuerzas Armadas chilenas que ante las intenciones de no respetar el veredicto popular por parte de tirano Pinochet, le dijeron “usted, respeta el voto popular del No, o perderá todo el respaldo”.

Las experiencias de las luchas sociales demuestran, como lo hizo la chilena, que las fuerzas armadas, ya sea militar o policial, solo se quiebran si ven que hay un bando de futuro.

Por ello, para recuperar el Estado de Derecho y sembrar futuro sólo nos queda unirnos o hundirnos. No hay medias tintas en este proceso. Con la nueva Ley de Organizaciones Políticas sabemos lo que quiere el Gobierno y si sabiéndolo no anteponemos el bien común a nuestros intereses mezquinos, a llorar al río.

Para derrotar a las fuerzas oscuras, no queda otra que articular a un amplio espectro de la sociedad. Este marco de unidad en función del bien común generará esperanza y poder real de quiebre; constituirá una fuerza y referente tan poderosa que a los totalitarios del MAS les quedaría sólo dos caminos: o retroceder en sus intentos de eternizarse en el poder y volver al Estado de Derecho o, con su ceguera socialista, llevar al país a la confrontación y cuasi guerra civil.

Hoy Bolivia está hastiada de 12 años de engaño, corrupción y despilfarro. Tenemos una sociedad en celo y dispuesta a ser fecundada por el bien común. Y para ello no se necesita grandes propuestas ni la emergencia de iluminatis mesiánicos. Se trata de recuperar el espacio y la acción del sentido común. La sociedad ha jugado su rol en estos últimos años. Hoy depende que el sistema de partidos políticos y en que los ciudadanos se pongan a la altura del desafío y construyan la alternativa del bien común. Si no hacemos esto, no le echemos la culpa al tirano que nos llevará hacia lo que hoy es Venezuela o Nicaragua.

Iván Arias Durás es ciudadano de la República de Bolivia.

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