Serotonina

25 años de una revolución silenciosa e inclusiva

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lunes, 14 de enero de 2019 · 00:10

Hace 25 años se diseñó, aprobó y puso en práctica la Ley de Participación Popular (LPP) número 1551 (promulgada el 20 de abril de 1994). Esta “Ley Bendita”, como le llamaron los campesinos e indígenas de Bolivia, hizo que la política llegara a las provincias, que se crearan municipios, que se establecerían en todos los rincones del país la soberanía estatal a través de los gobiernos municipales que de 24 pasaron a 309 y hoy ya estamos en 339. Con la LPP no sólo se crearon gobiernos municipales, sino que se les transfirió a éstos el 20% de los ingresos nacionales para que ejerzan competencias que nunca habían tenido para atender la salud, educación, cultura, deportes, caminos vecinales, microrriego y desarrollo económico local. Además esta ley incorporó y fortaleció la participación ciudadana, campesina e indígena como nunca antes en la historia del país.

Agradecido a la vida y a la oportunidad por participar en ese equipo de jóvenes, hombres y mujeres, que creíamos que las revoluciones en democracia son posible seduciendo y enamorando. Carlos Hugo Molina, conductor de aquel visionario equipo, y el presidente Gonzalo Sánchez de  Lozada junto a su vicepresidente Víctor Hugo Cárdenas no sólo hablaron de la idea y de la posibilidad, sino que lideraron con decisión técnica y política el diseño y aprobación de la Ley 1551.

En el libro Aprehendiendo la Participación Popular (1996) usted encontrará todos los detalles de aquella experiencia que transformó la realidad económica, política y social de Bolivia sin que para ello hay sido necesario ensalzar el odio, el racismo, el revanchismo o la venganza. En el libro que menciono escribimos varios de los actores que tuvimos la suerte de estar en el proceso. En Cotidianidad e interacción: el proceso social de la participación popular hago una relación de los aspectos positivos y negativos que identifique en mi largo internarme en los miles de espacios y territorios de Bolivia.

Este año se cumplen 25 años de aquella epopeya, que aunque el actual Gobierno la haya  abrogado como norma, no la puede ni podrá quitar de la historia boliviana. Con este artículo inicio una serie de entregas sobre el tema de los municipios, gobernaciones y  las autonomías. Volver a lo local es lo que nos ayudará a encontrar respuestas a los desafíos presentes y futuros.

En aquel 1996, a apenas dos años de la implementación de la ley señalaba que el impacto social en la base rural es grande. Relato, en el texto, que en Arque, un municipio de Cochabamba, en cien años que tenía de existencia la población de Arque  el Estado boliviano apenas invirtió 100 mil dólares. Y de ese monto sólo el 0,5% favoreció al área rural. “Este año, decía el flamante alcalde, con la Participación Popular  en Arque  se van a invertir 500 mil dólares y el 70% de esos recursos en el área rural. Lo que no se hizo en cien años, se hizo cinco veces más en un solo año”.

La LPP exigía que a las comunidades y pueblos indígenas  el Estado  entregue personalidad jurídica como sujetos de la participación popular. Uno de los requisitos para dar la personalidad jurídica era que los pueblos indígenas presenten su libro de actas. Cuando entramos al territorio de los mosetenes, les pedimos una copia de su libro de actas. Los mosetenes manifestaron no entender qué era libro de actas. Entonces, les explicamos la importancia del libro de actas, ya que en él se escriben los acuerdos y desacuerdos de hechos y reuniones y  asambleas comunales  y  que, con el pasar de los años, ese libro se constituye en la historia de la comunidad.

Al escuchar la explicación, el dirigente comunal, contradiciendo lo dicho inicialmente, señaló que así explicado  ellos, los mosetenes, sí tenían su libro de actas. Pedimos verlo. El dirigente, junto a varios comunarios nos internó a la tupida selva. Después de media hora de sudoroso camino, se detienen ante un gigantesco, voluminoso y frondoso árbol. Con parsimonia retiran varias ramas secas y verdes que cubrían la parte central e inferior del coloso vegetal. Conforme retiraban la cubierta aparecía el tronco y, al mismo tiempo, se podían ver, incrustados en él, signos hechos con mano de hombre de diferente índole.

“¡Ese es nuestro libro de actas! -exclamó el mosetén mostrando el árbol-. Ahí está escrita nuestra historia, cada símbolo significa un hecho y un dato”. Quedamos sorprendidos, pero haciendo caso a lo que decía la ley, que respeta los usos y costumbres, aceptamos el “árbol de actas” como documento para otorgar la personalidad jurídica.

 

Iván Arias Durán es ciudadano de la República de Bolivia.

 

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