Iván Arias Durán

Ruptura telúrica y lo que debemos hacer

lunes, 18 de noviembre de 2019 · 00:12

¿Cuáles son los factores que posibilitaron esta ruptura telúrica entre Evo y la ciudadanía boliviana? La grieta se fue abriendo desde el año 2010, cuando a Evo Morales, en Bolivia, se le cayó la máscara de defensor de los pueblos indígenas al autorizar, en Chaparina, el cerco y represión a la marcha de los pueblos del  Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Secure (Tipnis) que se dirigía a La Paz  en protesta por la invasión de los cocaleros chapareños a su espacio y modo de vida. Bolivia se indignó, Bolivia se solidarizó y la decepción empezó.

 Los vértices del líder totalitario se evidenciaron. Lo del hotel Las Américas y Porvenir no habían sido para defender la democracia y un supuesto separatismo, sino para enroscarse en el poder a como diera lugar.

La fisura siguió avanzando, profunda y lentamente. Casi invisible. El entorno del régimen creyó que lo hecho en Chaparina fue un episodio, un simple error. Pero convocado por el mismo Morales, el pueblo, mediante las urnas, le dijo que no quería que se vuelva a repostular. Otra vez, Evo, en vez de cerrar la  fisura, la convirtió en grieta, al ignorar el voto ciudadano y decir que el resultado fue parte de una mentira de la oposición. 

“¡Bolivia dijo No!” fue el grito que utilizaron los bolivianos para socavar las bases éticas de Morales. Las calles se llenaron de protestas, marchas y bloqueos. El MAS no quiso entender que las corrientes ciudadanas crecían contra el autoritarismo que se estaba implantado en el país a través del control de todos los órganos de poder que había desplegado Evo Morales. No había espacio libre: desde el Defensor del Pueblo, pasando por los medios de comunicación y  terminando en el Tribunal Constitucional  estaban copados por el partido de gobierno. El autoritarismo crecía y la sumisión de los órganos del Estado asqueaba. 

Las protestas sociales a propósito del  21F  habían acorralado al gobierno. El discurso, símbolos, calles, plazas e iniciativa política estaban en los ciudadanos.  Pero, en una jugada maestra, el régimen logra desubicar y desinflar la  fuerza de las calles, adelantando el proceso electoral con la aprobación rápida de una ley que obligaba a primarias antes de las elecciones de octubre de 2020. 

Los ciudadanos en las calles quedaron desubicados y les costó entender que había llegado el momento de que la lucha ciudadana debía pasar a la lucha política, es decir, a la disputa del poder. Sin embargo, después del primer impacto, la gente comprendió que era el tiempo de los partidos y que la lucha había pasado a otro nivel, de las calles a las urnas.

A pesar de todas las trampas que montó el gobierno para asegurarse una victoria electoral el 20 de octubre del 2019, el grueso de la ciudadanía electoral apostó a derrotar al régimen en las urnas. Para ello, concentro el voto en un candidato, Carlos Mesa. Entonces Evo Morales, al ver que perdía, movió la maquinaria del fraude y revertió su derrota. Descaradamente se proclamó ganador. La indignación empezó. La grieta se hizo abismo y en él cayo Evo Morales al tomar, en cada momento de la crisis, decisiones equivocadas y guiadas por la soberbia. 

Los paros se volvieron cabildos y los cabildos huracanes de protestas sociales en defensa del voto y la democracia. Las demandas crecieron y si bien se iniciaron con pedir segunda vuelta, terminaron con pedir la renuncia de Evo Morales. Ningún analista previó que la revuelta ciudadana, sin ejercer violencia, gestada con una “pitita” y con mucha paciencia, lograría que Evo Morales se suba a un avión y renuncie a la Presidencia. 

Para ser honestos, el único que la tenía clara era Luis Fernando Camacho. Él dijo que metería la Biblia al palacio y que volvería a Santa Cruz con la renuncia de Evo Morales. Así lo prometió y así  se cumplió. Evo huyó y nos ha dejado una estela de odio, resentimiento y confrontación.

Dicen que en tiempos de crisis aflora de los seres humanos lo mejor o lo peor. Es decir, en una situación de crisis: te derrumbas y te derrotas o sacas fuerzas y creatividad de lo más profundo de ti. El país está atravesando momentos muy difíciles después de años de gobierno del MAS. Los bolivianos y bolivianas no podemos rendirnos, no podemos sentirnos derrotados o autodestruirnos.

 Estamos ante el desafío de construir un nuevo país, donde la democracia y la libertad sean el objetivo de vida. No podemos matarnos entre nosotros. Basta de violencia. Basta de odio. Que Dios nos guíe y no permitamos que nuestras bajas pasiones de odio y racismo  sean las que dominen nuestras decisiones. Tenemos millones de razones que nos unen contra simples miserias que nos separan.

 

Iván Arias Durán es ciudadano de la República de Bolivia.

 

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