Serotonina

Desastres: no soy tractorista

lunes, 11 de febrero de 2019 · 00:12

El gobernador de La Paz, Félix Patzi,  ante las críticas por su ausencia en el lugar de los deslizamientos  en la carretera a Caranavi del 2 de febrero,  respondió: “No es necesario estar presente o estar yendo a hacer show,  yo no soy maquinista, yo no soy tractorista ¿qué voy a hacer? ¿Mirar? ¿Ese rato sacarme foto?”. Las declaraciones del sociólogo Félix Patzi ponen  en evidencia los nocivos rasgos de la gestión  burocrática que lo guían. 

Max Weber (1864-1920), padre de la sociología pública, de haberlo escuchado, desde su tumba, le estaría ordenando que se dedique nomás a producir adobes, pero que no le haga tanto mal al sociólogo y a la sociología. El gobernador no entiende que una cosa es tener el poder y otra es construir la autoridad. El poder sin autoridad, no sirve. Ante los acontecimientos sucedidos por efectos perversos de la naturaleza, Patzi reveló su peor concepción y acción de la gestión pública burocrática.

Félix, debes saber, como bien resume Gustavo Trelles (1984), la peor acepción de burócrata es aquella que habla del funcionario como un tipo “flojo, perezoso, holgazán, irresponsable, improductivo, mantenido por el Estado y los impuestos de la sociedad”. Los gestores públicos sin liderazgo refuerzan la negativa idea de que la burocracia significa “lentitud, exceso de trámites, distanciamiento total entre el prestador de los servicios públicos y el usuario de los mismos, producto de una exagerada adherencia de los funcionarios, y empleados públicos a los reglamentos y rutinas, a los procedimientos y métodos consignados en los manuales de organización”. 

El gestor público burocrático, como parece que tú lo practicas, está seguro de que no trata con necesidades de las personas, sino que, más bien, está agarrando cosas, documentos, archivos y, por ello, se olvida de las personas  y de solucionar sus problemas con calidad y la calidez.

La máxima autoridad ejecutiva paceña, como cientos de otras autoridades (presidentes, alcaldes y ministros), ignora que en la  gestión pública del siglo XXI que no es lo mismo que el socialismo del siglo XXI, el gestor público debe desarrollar sus habilidades soft (blandas) y no sólo las hard (duras). Las habilidades duras se relacionan con los conocimientos académicos y curriculares obtenidos durante el proceso educativo formal; en cambio, las habilidades blandas tienen que ver con el desarrollo de las actitudes, rasgos de personalidad y valores adquiridos en la vida.

Las habilidades blandas son intangibles. No se estudian en la universidad, se aprenden en la vida. Las habilidades soft son las que permiten el logro de cosas que, a primera vista, parecen imposibles. Las habilidades blandas se refieren al desarrollo del espíritu de equipo, la motivación, honestidad, comunicación, influencia, habilidad para resolver conflictos y la negociación. No basta identificar los problemas, sino alguien que ayude a resolverlos.

Félix, el gestor público de hoy es un profesional flexible, creativo, paciente, firme, persistente, con estabilidad emocional, autoconfianza,  resistencia y resilencia a la adversidad. Félix no eres tractorista, pero te aseguro que tu presencia en el lugar de los deslizamientos te hubiese granjeado una autoridad mucho más grande que el poder que hoy ostentas. Sin sacarte selfies ni videos, la gente hubiese agrandado tu personalidad.  Tu trabajo con  la gente  hubiese agregado un valor 10.000 veces más que tu salario de cuatro años de gestión.

 El contacto te hubiese mostrado como una persona solidaria y que tiene un equipo de talentos humanos desconocidos. Tu presencia  hubiese reforzado la imagen que te preocupas por la gente y que no eres indolente. Embarrando tu “blanco traje” hubieses ayudado a constituir, in situ, una red de coordinación y colaboración horizontal. Tu capacidad de comunicación hubiese salido a flote y seguro, en medio de la desgracia, hubieses irradiado optimismo y esperanza, que, aunque  no lo creas, es lo que más valora la gente cuando está en desgracia.

Como verás, ante las desgracias y aprietos, las habilidades blandas determinan de qué madera está hecha una persona. Las habilidades blandas sacan nuestro don de gentes: el arte de “entrar” en comunión con la gente, saber darse y recibir. Pero, como comparto en mis cursos de gestión pública: uno da lo que tiene. No te puedo dar amor si yo estoy lleno de odio. No te puedo dar fe si yo estoy vacío. No te puedo ofrecer futuro si yo estoy anclado en el pasado.

 

Iván Arias Durán es ciudadano de la República de Bolivia.
 

 

Confidencial

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