Serotonina

2019: entre aromas de café y política

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lunes, 22 de abril de 2019 · 00:08

La Paz ha desarrollado en el centro y sur de la ciudad un variado circuito de cafés, en los que murmullos, risas y expresiones de sorpresa se mezclan con los aromas de cafés sencillos, cafés gourmet, tés de frutas y sabrosa pastelería. ¿El gusto por el café es lo que mueve a los paceños y paceñas? Sí y no.

Sí, porque es una vieja tradición paceña y ha renacido una competitiva oferta de calidad. No, porque, en realidad, la gente no va a tomar café, va a chismear y, con más gusto, a hablar de política. Reconozco que me sitúo junto a Oscar Eid y cientos en este último grupo.

 En esta oportunidad quiero compartir un resumen de frases que recopilé de estas charlas. En esta ciudad que respira política, los líderes políticos no han instalado la discusión  política como escenario privilegiado porque cada uno se ha metido a cuidar su propio reino feudal, olvidando el bien común, que es de lo que trata la buena política. Los ciudadanos llenamos ese vacío.

Sentencia: “Hagamos política en un café, pero no nos convirtamos en políticos de café”. En las mesas de café aprendes que “cada uno sabe una parte de la torta, pero nunca tiene toda la torta”. En las charlas el repaso a la historia es inevitable: “antes te perseguían los tiras, hoy te persiguen los fiscales; la represión simplemente ha pasado del gánster  a los abogánsteres”. En los años 60  y 70 “éramos acusados de ser comunistas y guerrilleros; hoy nos acusan de pillos y ladrones”.

Cuando caíamos en manos de la represión “éramos presos políticos, hoy  somos ladrones; antes, en la cárcel, estábamos, por un lado, los presos políticos y, por otro, los comunes; hoy nos meten en la misma bolsa de los ladrones y criminales”. Cuando salíamos al exilio, “en los países que nos cobijaban nos recibían como héroes; hoy nos reciben como fugados y con un tufillo de corruptos”.

Los diálogos sobre la coyuntura se llevan la flor: “el general Delgado se fregó porque se metió a hurgar en el grueso agujero negro del narcotráfico”. Ante el incendio de Notre Dame “es impresionante que, viviendo la meca de la modernidad y nuestro declarado desprecio por el pasado, nos conmueva hasta el llanto la quemazón de lo anticuado”.

La política nacional tiene los aromas y calores de los cafés y tés. Estos “13 años son de involución, donde una rosca vuelve a adueñarse de todo”. Lo que vamos a vivir este octubre “puede que no sea una elección, sino una aniquilación… de la oposición”.  Según los comensales del negro tinto, “estamos pensando en una elección y de lo que se trata es de cómo les quitamos el poder, y lo grave es que la oposición no huele a poder.  El que no huele a poder, pierde cualquier elección”.

“Hasta antes de las primarias, nos unía una causa: el 21F y el Bolivia dijo No. Después de las primarias cada uno apareció con su causa y su idea de poder particular. El Gobierno buscaba pulverizar la unidad y los opositores se la hicieron fácil; prefirieron hundirse antes que unirse”. En este contexto “nuestro problema no es el Evo ni el MAS; somos nosotros mismos, nuestra mezquindad y falta de comprensión de la actual coyuntura”.

En este momento, “el enemigo de Mesa es el mismo Mesa”. En política “el mensajero es el mensaje; el programa es el mensajero y Mesa porta un mensaje que no huele a poder” porque “se mueve entre el fracaso del orador y las promesas del escritor”. El Gobierno le dice a la oposición “que no tiene programa y todos se ponen a hacer programa. El Gobierno protesta por la resolución del Senado americano y la oposición boliviana se rasga las vestiduras y se hinca ante la indignación del régimen. ¿Dónde buscaran asilo cuando la derrota los persiga?”.

Varias preguntas queman los labios: ¿dónde vamos a festejar al año el 21F? ¿En Palacio? ¿O en la soledad de nuestras derrotas? La predisposición social para derrotar a Evo está en el ambiente, “el viento está, pero, ¿dónde está el molino para triturar a la dictadura?”. Hasta el año 2005, en La Paz, los gobiernos caían y subían, ¿podemos estar seguros de ello hoy?” Antes, “el imperio movía un dedo y caía un continente; hoy, ese dedo tiene manos. ¿Por qué China, Rusia, Turquía, Irán se han metido en el patio trasero del imperio?”.

 Para cerrar, citando a Harari (2018), los cafeteros sentencian que “las elecciones no tratan de lo que pensamos. Tratan de lo que sentimos” y, por ello, no son los programas los que ganan, sino las sensaciones que transmitimos a los electores “y los candidatos de oposición trasmiten resignación”.

Ivan Arias Durán es ciudadano de la República de Bolivia.

Confidencial

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