Iván Arias Durán

Rodríguez: ¿mercader de la traición?

lunes, 15 de julio de 2019 · 00:12

En mi columna del 17 de junio titulada “Carloscar: ¿por una bancada o por el gobierno?” Señalaba a Carlos Mesa y Óscar Ortiz que estaba en sus manos sentarse y poner, antes del 19 de julio, las bases mínimas de un gran acuerdo que devuelva a la gente, juntos, la esperanza y la certeza de un futuro en que el SSXXI deje de destruir la patria. Unidad no es rendición, sino el instrumento para movilizar a la ciudadanía tras una causa común. Separados sólo lograrán que la tiranía se legitime. Unidos la hundirán.

Pasado un mes de aquel pedido, como me hicieron notar cientos de lectores, el exhorto cayó en saco roto. Los dos candidatos siguieron, cual caballos cocheros, en sus estrategias ya diseñadas que parten del principio de que la unidad es una quimera y que la misma no tiene opciones. Este viernes 12 de julio, el senador y candidato a vicepresidente de Óscar Ortiz  presentó su carta de renuncia al Tribunal Supremo Electoral (TSE), en la que señala que “primero está Bolivia. No quiero una segunda Venezuela”. Por ello, dice, “hemos realizado un análisis de la coyuntura política electoral del país en la que la estrategia del Movimiento Democrático Social (MDS, jefaturizado por Rubén Costas, que cuestiona, critica y ataca al candidato de oposición Carlos Mesa” está equivocada, pues, más bien, se debía “interpelar, cuestionar y atacar al ilegal e inconstitucional binomio oficialista de Morales y García”. 

Por supuesto que esta decisión tomó en curva a Demócratas y al oficialismo, que despilfarra los recursos públicos para eternizarse en el poder, pero que habla de democracia. Aquí algunos preguntas y apuntes sobre las posibles consecuencias de la decisión de Rodríguez

1. ¿Por qué Óscar Ortiz fue tomado por sorpresa? ¿No existían vasos comunicantes sinceros y reales entre los candidatos? ¿De qué hablaban en estos siete meses de viajes y reuniones para promocionar su candidatura? ¿A qué se refiere con eso de “uso abusivo y torpe de su condición originaria?

2. ¿Por qué recién el señor Rodríguez cae en cuenta de que una oposición dividida favorecía al MAS? Cuando los Demócratas lo invitaron, el binomio apenas rosaba el 5%, ¿en qué soñaba cuando aceptó el reto? ¿Hubieron promesas no cumplidas? ¿O es que Rodríguez constató que en Potosí era un león de papel? ¿Qué otros asuntos no sabidos aún, aparte de la estrategia electoral, lo llevaron a tomar la decisión a sabiendas que el TSE no se la aceptará?

3. A mi juicio la reacción de Demócratas, luego de conocer la renuncia, pudo ser más mesurada. Es decir, siguiendo la experiencia

en el manejo de crisis, de que una adversidad se debe volver en una ventaja, hubiese sido muy inteligente convocar a la reflexión al señor Rodríguez, decirle que en 48 horas se realizaría un Encuentro Nacional de Demócratas para oírlo, no solo a él, sino a Comcipo y a todos sus aliados.

 Los resultados quizá hubiesen sido iguales, pero Demócratas hubiese agarrado el toro por la astas, hasta el colmo de terminar diciendo que su vocación democrática lo obliga a ir con un candidato que piensa diferente. Pero optaron por el camino de quebrar sables, tildando a Rodríguez de traidor y vendido.

4. La alianza de Óscar Ortiz está obligada a realizar algo trascendental para salir de este golpe, pues de no hacerlo puede terminar reducida a una fuerza sólo cruceña, sin siquiera ser primera opción departamental, perder su avance nacional y sentar en el votante la idea que no son alternativa de poder real.  No es afirmándose en la soledad de la candidatura presidencial (“Yo iré solo”) lo que les ayudará a salir de la crisis. Demócratas ha demostrado que sabe reinventarse. 

5. Muchos consideran que el mayor beneficiario de la renuncia de Rodríguez, por esas cosas de la vida en las que sin esfuerzo propio nos cae el maná, es Carlos Mesa. Las cosas no son tan mecánicas. Carlos empezó esta campaña con 41% de aprobación y, según las últimas encuestas, habría bajado a menos del 30%. Es decir, es una candidatura en descenso. Lo que demuestra que su estrategia -basada en que haga lo que haga el voto ciudadano le favorecerá, que, por ello, no necesita alianzas con políticos y que no hay que atacar a Evo Morales- está equivocada.

 Si Carlos quiere ser opción de poder está obligado a dar un golpe de timón a su estrategia. De no hacerlo, no consolidará Potosí (tierra de Rodríguez) ni Santa Cruz (tierra de Ortiz), peor en el resto de las ciudades, porque es en ellas que baja en las preferencias ciudadanas. Carlos tiene, una vez más, la mesa servida para empezar su repunte en base a lo que el país espera de él. ¿Lo hará?

Iván Arias Durán es ciudadano de la República de Bolivia.

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