Iván Arias Durán

Lo que viene: ¿habrá elecciones?

lunes, 09 de septiembre de 2019 · 00:12

Cuentan que a mediados de 2008, cuando el enfrentamiento entre el gobierno del  MAS y la entonces “media luna” había llegado a su clímax y ante la amenaza de que podía haber una conflagración entre bolivianos y de que podían ser derrocados, en Palacio Quemado, donde era la oficina presidencial, García Linera, Quintana, Chávez, Morales y tres personas más, con los brazos  entrelazados, juraron ante Dios y las deidades andinas que “de aquí sólo nos sacan muertos”.

  Con el pasar de los años, después de derrotar a sus opositores de la “media luna” hasta convertirlos hoy en sus aliados, el régimen de Evo Morales, a través de su estrategia ha hecho todo para demostrar a los bolivianos que aquel juramento no es una anécdota. En diciembre de 2009, en el VII Congreso del MAS, decía a sus acólitos: “No estamos de paso por el Palacio, no estamos visitando el Palacio, hemos llegado al Palacio para toda la vida”. Y así, en diversos actos machacó y machacó con lo mismo.

Para Evo y sus juramenteros las elecciones son una parodia y sólo sirven si van a ganar. Hasta principios de agosto de este año, en pasillos de la “Casa del Pueblo” se respiraba optimismo y seguridad en la victoria en primera vuelta, más que por méritos propios gracias a la “desfigurada campaña de la oposición”. Sin embargo, desde finales de agosto, las caras largas, gritos de acusación y búsqueda de culpables rondan los salones, pasillos y dormitorios del poder. La catástrofe de la Chiquitania, con más de un millón de hectáreas y el mal manejo de la crisis,  les ha quemado varios puntos en las encuestas. Los bonos de Evo han bajado y ya no es posible, en “condiciones normales”, la victoria en primera vuelta. La segunda vuelta nunca estuvo en sus planes, al extremo de que el TSE ni siquiera la planificó ni presupuestó. Lo saben y sabemos que la segunda vuelta es revuelta. Ante este escenario, ¿qué se viene? ¿Qué hacer para mantenerse en el poder? Me imagino que, en un golpe de urgencia, entre los estrategas azulados se desempolvan viejos escenarios y se diseñan otros. Imaginemos algunos:

Primero: Esto es pasajero y lo sabremos remontar. Es cuestión de culpar y cortar algunas cabezas oficialistas y opositoras. Hemos demostrado gran capacidad de reinvención y de resiliencia ante las crisis. De la pérdida del mar hemos salido sin grandes rasguños. ¿De dónde se sacan que los bolivianos tienen una conciencia ecológica elevada? Saldremos y ganaremos. El problema es el tiempo y el hoyo de caída parece ser más profundo.

Segundo: El acoso a la oposición para inhabilitarla y confrontarla entre sí misma la anulará. Al extremo de que para octubre llegarán sin cabeza y sin rumbo. Ayuda a esta estrategia la percepción ciudadana que entre los opositores no hay un presidenciable, sino sólo tipos que buscan tener una bancada de parlamentarios. Ante Evo y la Nada, siempre es preferible Evo.  Sin embargo, el nivel de desilusión y vaciamiento del MAS parece haber crecido inclusive entre sus filas más duras que, ante esta tragedia, estarían migrando su voto castigo a candidatos originarios del proceso de cambio  como Félix Patzi.

Tercero: Sin dejar de hacer lo segundo, controlamos todos los espacios de poder y el TSE está a nuestro servicio. Asegurar a como dé lugar los votos rurales por encima del 90%, el de las áreas periféricas urbanas cautivas encima del 70%, la votación en el exterior en un 80% y un fraude patriótico son las herramientas para ganar en primera vuelta. Debemos evitar controles ciudadanos y visitas internacionales molestosas y metiches. El problemita es que ya los ojos internacionales están puestos en Bolivia debido a Bolsonaro en Brasil, a lo que vaya a suceder en Argentina y a la demanda que presentara Colombia ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos para que la reelección  no sea un derecho humano.

Cuarto: Desde noviembre del año pasado los comités cívicos de Bolivia y muchos opositores han pedido la renuncia del TSE porque el 70% de la gente no confía en ningún vocal. Para el 10 de octubre hay amenaza de un paro nacional indefinido.  Ha llegado el momento, de escuchar al pueblo. El TSE debe ser denunciado, acusado y cambiado. Entre hacer la convocatoria a un nuevo TSE, hacer la selección, posesionarlos a nivel nacional y completar los tribunales departamentales nos toma mínimo un año. De esa manera se postergan las elecciones hasta que estén dadas las condiciones institucionales para las mismas. Ganamos tiempo. Todos los mandos del Estado se prorrogan y establecemos un año de tregua y de anulación de la oposición.

Quinto: Todo lo anterior, incluido un intento de atentado terrorista o golpe de estado fallido que nos obligue a declarar un estado de emergencia y mantener el poder en función de la preservación de los  intereses de la patria. Así, ante la nación dividida, se hace necesario convocar a una asamblea constituyente que construya la unidad en tres o cuatro años.

Ante estos posibles escenarios, ¿qué teatros de acción tiene la oposición? ¿O dejará que los mismos lleguen y recién se den por enterados? ¿O todo lo dicho es pura imaginación negra?

 

Iván Arias Durán es ciudadano boliviano.

 

Confidencial

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