Surazo

Aspirante a santo

jueves, 25 de octubre de 2018 · 00:07

Potosí fue, probablemente, la ciudad que menos se alegró por la canonización de la ahora santa Nazaria Ignacia.

Aunque nacida en Madrid, Nazaria Ignacia March es considerada boliviana por la labor misionera que realizó en el país, especialmente en Oruro donde fundó la congregación religiosa diocesana de las Hermanas Misioneras de la Cruzada Pontificia.

Ahora que está en los altares, es considerada la primera santa de Bolivia y son miles quienes dicen que es “la primera santa boliviana”.

La reacción en Potosí se debe a que, aunque no se lo exprese públicamente, la canonización, como ocurrió en su momento con la beatificación, dejó el sentimiento de que la ciudad del Cerro Rico fue discriminada en su intento de consagrar a su más importante figura religiosa, fray Vicente Bernedo.

Martín Bernedo Albistur nació en Puente la Reina, Navarra, España, en 1562 pero la mayor parte de su vida se desarrolló en Charcas y, concretamente, en la Villa Imperial.

Pertenecía a la Orden de Predicadores y llegó a Potosí en 1601. El investigador Heinz Antonio Basagoitia dice que “permaneció en el convento de Santo Domingo donde vivió alrededor de dos años en una celda improvisada cerca de la torre” pero también predicó en Chichas, Lípez, Porco, Santa Isabel, Atocha, Caiza, Tatasi, San Vicente, Oploca, Mataca, Oroncota, Tomina y Vitichi.

Se le atribuyen muchos milagros, incluyendo el de la levitación, cuando oraba, pero la fe respecto a su obra comenzó con su muerte o, en términos de los religiosos, cuando nació a la vida eterna, el 19 de agosto de 1619.

En 1662, el arzobispo de La Plata, Gaspar de Villarroel, conformó la comisión cuya tarea era reunir información sobre la vida, virtudes y milagros de Bernedo cuyo nombre religioso fue Vicente.

Los esfuerzos por beatificarlo datan de esa fecha pero hasta ahora, casi cuatro siglos después, sin ningún resultado alentador.

Pero no se trata de discriminación. El problema con fray Vicente Bernedo es que todos los intentos de beatificarlo, como paso previo a su canonización, fracasaron por circunstancias ajenas a la voluntad de los propiciadores.

Así, el expediente que se armó por la instrucción de fray Gaspar se hundió en el barco en el que viajaba con rumbo a Roma e intentos posteriores, como el inicio de otros procesos en Pamplona y Lima, se perdieron por diversas circunstancias. La expulsión de los dominicos, como consecuencia de la Guerra de la Independencia, provocó más extravíos.

Así, el proceso para la beatificación de fray Vicente comenzó, formalmente, en 1986, y actualmente se espera la certificación de un milagro para avanzar.

El próximo año se recordará el cuarto centenario de su muerte. Si se consigue que las autoridades potosinas le pongan atención a ese hecho, ese sí que será un milagro.

Juan José Toro es Premio Nacional en Historia del Periodismo.

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