Juan José Toro

Al fuego

jueves, 31 de diciembre de 2020 · 00:08

Y va por segunda vez: 2020 fue uno de los peores años de los últimos tiempos.

Para la mayoría del planeta, la culpable fue la pandemia, provocada por un virus que no paramos de maldecir, pero, en el caso de Potosí, fue todavía más negro porque quedó en evidencia que su Cerro Rico está en manos de una mafia que se enriquece con su depredación.

Y no es un tema regional. El Cerro Rico está en el Escudo Nacional de Bolivia y también aparece en nuestras monedas. Si se hunde, como podría suceder si no se hace cumplir la ley, el problema no solo es de los potosinos, sino de todos los bolivianos.

Este argumento —la bolivianidad del Cerro Rico— me fue expuesto este miércoles, en La Paz, alrededor de tazas de café y libros sobre la Guerra del Pacífico que, como todos sabemos, también es un tema nacional.

Al terminar 2020, y como otro tema de reflexión, ustedes, bolivianos que no nacieron en Potosí, pregúntense cuál sería nuestra “nueva normalidad”, si es que se hunde el Cerro Rico. ¿La vida seguiría igual?    

Es que sí… el Cerro Rico corre riesgo de hundirse. Y corre ese riesgo porque continúa su explotación irracional y, de paso, ilegal.

Un Decreto Supremo, el 27787, puso en vigencia un reglamento que, en su artículo 2, “prohíbe la realización de actividades mineras nuevas de exploración y explotación en el Cerro Rico de Potosí, en toda su configuración”.

El artículo parece claro pero, como “hecha la ley, hecha la trampa”, los empresarios mineros que se camuflan como cooperativistas encontraron la manera de pasarlo por encima, incluso legalmente.

Y fue este 2020 que descubrí cómo se vulnera la ley y cómo, pese a la prohibición, se sigue trabajando en la cúspide del Cerro Rico: con la complicidad de la gerencia regional de la Corporación Minera de Bolivia, hay gente que recibe autorizaciones para explotar en la cúspide, denominadas tornaguías. ¿Y por qué en la cúspide?.. pues porque allí están las cargas de óxidos con mayor contenido de plata, que pueden venderse a buen precio a los ingenios. Publicar eso me costó una paliza, propinada por decenas de supuestos mineros, a solo unos metros de esa cima.

Fue uno de los hechos más relevantes del año que termina; no la paliza, sino la el descubrimiento, la revelación… la inminencia de que el Cerro Rico se está hundiendo porque unos pocos empresarios lo están depredando.

Desde ese punto de vista, el de la defensa del Cerro Rico, Potosí estuvo en una sartén este año, tostándose a fuego lento. Si, además, esa depredación le cuesta su título de Patrimonio de la Humanidad en 2021, habrá caído al fuego.

Juan José Toro Montoya es Premio Nacional en Historia del Periodismo.

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