Juan José Toro

Bloqueos

viernes, 14 de agosto de 2020 · 00:00

La máxima expresión de barbarie del ser humano es la guerra. Desde el inicio de las sociedades, las agrupaciones de personas se enfrentan entre sí por diferentes motivos, desde el control de territorios hasta cuestiones complejas de política y economía.

La guerra provoca, inevitablemente, la muerte de personas, pero, aunque esa es una verdad de Perogrullo, la humanidad comprendió que había que poner límites incluso a algo tan bárbaro como la guerra.

En agosto de 1864, a convocatoria del Consejo Federal Suizo, los representantes de 16 países se reunieron en Ginebra y aprobaron un convenio “para el  mejoramiento de la suerte de los militares heridos en los ejércitos en campaña”. Lo que buscaba ese documento, básicamente, es que la vida humana sea respetada incluso en escenarios tan complejos como las guerras.

El Convenio de Ginebra fue suscrito el 22 de agosto de 1864 y fue la base para posteriores negociaciones, que casi siempre se realizaron en la misma ciudad, y hoy constituyen la base del Derecho Humanitario. Existen, por ejemplo, los convenios de Ginebra de 1949 y sus protocolos adicionales.

Sin embargo, pese a que han pasado 156 años de la suscripción de aquel primer convenio, en Bolivia todavía existe desconocimiento de su contenido.

Durante años, este país ha estado sometido a medidas de presión como paros, huelgas y, especialmente, bloqueos camineros que, en ocasiones, interrumpieron el paso no solo a vehículos de transporte sino, también, a personas heridas.

Se dio el caso de bloqueos que impidieron que un enfermo, que era trasladado en una flota, llegue a tiempo hasta el hospital donde debía tratarse y falleció en consecuencia.

Hace poco, una ambulancia que había iniciado una desesperada carrera desde Buenos Aires a Potosí, conducida por un médico que buscaba salvar la vida de su padre, fue retenido demasiado por funcionarios de Villazón y no alcanzó a llegar a tiempo.

En ambos casos, ni bloqueadores ni servidores públicos entendieron las urgencias porque, aparentemente, no sabían que, desde 1864, no se puede retener ambulancias ni vehículos que transporten medicinas o insumos médicos, como el oxígeno.

El artículo 1 del convenio dice, por ejemplo, que “las ambulancias y los hospitales militares serán reconocidos neutrales, y, como tales, protegidos y respetados por los beligerantes mientras haya en ellos enfermos o heridos”. En otras palabras, la vida humana se respeta, incluso en tiempos de guerra.

Técnicamente, en Bolivia no tenemos guerra pero debemos soportar bloqueos periódicos de gente que generalmente sigue instrucciones partidarias. Durante esta pandemia toleramos un bloqueo que no solo impidió el paso de ambulancias, sino también oxígeno. Los reportes, todavía preliminares, indican que 30 personas fallecieron por eso.

En cualquier otro país, eso sería homicidio culposo y habría que iniciar acciones legales. En Bolivia, en cambio, debemos presenciar impávidos que nos corten las rutas, que se atente contra la salud y la vida.

Total… primero están los “amarres” de los políticos.        

 

(*) Juan José Toro es Premio Nacional en Historia del Periodismo.

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